viernes, 23 de septiembre de 2011

!Corra!, Parce !Corra!

 Diego estaba en total silencio en la pocilga. Estaba furioso con Miguel, muy furioso, prácticamente llevaba  cinco noches en la que no le dirigía la palabra, pero aún así permitía que estuviera a su lado cuando lloraba en silencio y se desesperaba. 

 Era curioso, sentía que no estaba dentro de sus cabales,  le costaba pensar  en oportunidades cuando olas de negativismo lo invadían. Pero el asunto del e-mail del sire se estaba convirtiendo en algo serio. Era impresionante como una persona que es ignorada por alguien que le importa sufre. La no respuesta de su sire lo había llenado de  temor, y de dolor. Ni siquiera una carta  insultándolo o negándole la ayuda, nada. Igual, para Diego era claro, que su sire lo hacía apropósito. La ayuda por parte de él no llegaría. Podía tener un sire millonario, pero, aún así, al parecer no les mandaría ni un solo dólar para estar mejor.

Para Miguel, Diego se había convertido en alguien a quien cuidar y mimar, como un niño malcriado que no tiene su dulce. Qué Diego no le hablara poco le afectaba, igual, aunque no lo quisieran dependían el uno del otro. El no se había equivocado, sólo trataba de salvarle el alma, cosa que era difícil.

-          ¿Parce vamos?
Diego ignora completamente a Miguel, no sabía  que quería, pero no estaba de buen humor. Nuevamente repite la pregunta, sin respuesta.
-          Bue... tons voy solo. Dice Miguel

Diego entonces reacciona tarde.

-          ¿ Vos a donde ...? 

Musita esas palabras cuando su amigo acababa de salir del lugar. De repente sintió algo en el pecho, eso no le gustaba. Se levanta del tubo, cierra la puerta y sale a buscar a Miguel. Mira a lado y lado, y no está. “!cómo es posible que se haya perdido en menos de un minuto!”. Algo no le gustaba, así que camino buscando la salida más lógica. Caminó por un largo trecho. Sentía que estaba cerca, pero no lo veía. Recorrió  un callejón y de repente siente que lo halan hacia una pared.

-          No sea bandera, agáchese Le dice Miguel de manera algo prevenida. Bandera es un término ordinario, para señalar que una persona “se muestra mucho”. ¿no era que no iba a venir?
-          Me dio una mala sensación esto, por eso te seguí. Le replica. ¿Vos qué pretendes hacer?
-          Psss  baje la voz. Se asoma. Qué si nos oyen nos metemos en líos.

Diego alza  una ceja, y en ese instante realmente se preocupa. Su cuello se tensiona, y mira a Miguel con una expresión alarmista.

-          Tres-se, explícame qué hacemos aquí. Mira  a su amigo preocupado.
-          Pos vamos a conseguirle las medicinas.
-          ¿QUE??
-          Carajo, baje la voz. Le dice en tono de regaño. Sí se pone bandera, nos agarran.

Diego palidece. ¿Acaso estaban haciendo, lo que él cree que estaban haciendo?. Abre los ojos alarmado y cuando está a punto de decirle  “parce vámonos de aquí”, Miguel le da un golpecillo en el hombro y sale corriendo  hacia otro recoveco esperando que él lo siguiera. Diego quien nunca en su vida había robado, y a pesar de su falta de humanidad, el asunto le parecía, muy incomodo. Era como sí sus valores gritaran por dentro, “eso no se hace”.  Abrió los ojos asustado, y vio que Miguel le hacía señas para que caminara rápido. Casi petrificado,  duda,  y lo mira haciéndole señas con el dedo índice de que no iría, pero Miguel manotea, y le señala, con un poco más de autoridad que le siga. Diego mira de un lugar al otro y por fin pasa rápido a la otra esquina.

-          Vos estás loco. Lo mira. Devolvámonos Miguel.... por favor. Dice casi en suplica.
-          Calla. Dice Miguel concentrado. Mira.

En ese momento un sujeto  sale de un almacén, le pone seguro y sale caminando en dirección de ellos. Diego puede sentir como una gota de sudor sanguinolenta se le escurre por la frente. El empleado pasa a pocos centímetros de ellos y para a unos 10 cm de donde están. Diego no sabe que pensar, ¿qué ocurriría si se da cuenta?. El empleado prende un cigarrillo, y se va caminando, mientras Diego se siente aliviado.

Miguel le  da una tela que identifico inmediatamente.

-          ¿y esa media de mujer?
-          Pa la cabeza. Dice Miguel  quitándose los lentes, y poniéndose esa tela de gorrito.
-          Parce yo... le iba a decir que no se sentía muy cómodo con eso, pero él no lo dejo terminar.
-          Rápido hermano.. dice Miguel mirando la puerta, pueden haber cámaras, es mejor, créame.

Diego hace una cara  de tragedia cuando se pone la media en la cabeza, mientras piensa, qué esa faceta de Miguel no la conocía. Se pone la media, y mira a Miguel,  el rostro de ambos esta deformado por la tela. Se veían algo graciosos. 

Miguel, le da un golpecillo en la espalda a Diego para que lo siga, y Diego lo hace asustado. Llegan a la puerta del local,  y Miguel pone la mano en el candado, se concentra y lo arranca. Diego mira atrás de su hombro asustado,  Se abre la puerta de la bodega e ingresan.

-          No toques nada parce, apure.

Diego lo sigue, nuevamente preguntándose, “¿qué demonios hago ahí?”, está muy nervioso. Nuevamente Miguel lo  llama. Hay un armario lleno de medicinas.

-          ¿Cuáles?
-          ¿Cuáles qué? Replica Diego.
-          ¿Cuáles medicinas?... Dice Miguel con cara de “este man es mucha hueva”
-          Ehhhhh... pues... le costaba pensar rápido, estas, y estas... y...

Miguel comenzó a recoger todo rápidamente, lo ponía en una tula. En menos de nada tenían muchas medicinas en el saco.

Mientras Miguel seguía recogiéndolas, Diego da un paso para atrás, y suena que algo se rompe. La sorpresa es peor cuando una alarma retumba en el lugar. El tremere abre los ojos asustado.

-          Le dije que no tocara nada. Dice Miguel tocándose la cabeza. Larguémonos de aquí.

 Diego  se sentía asustado y mucho. Camina agitadamente siguiendo a Miguel quien en vez de salir por la puerta principal, se asoman por el cristal que hay en la puerta que hay al jardín y  ven  muro a unos cuantos metros, con suerte podrían saltarlo.

-          Parce debemos apurarnos, la policía no demora. Lo mira. Yo voy primero con las medicinas, salto la vaina esa y lo espero para darle la mano, soy más ágil, podemos hacerlo.

Esa frase no fue pronunciada para discutirla sino para ejecutarla. Diego no tuvo tiempo de decir que no le parecía justo. Miguel como un rayo utilizando celeridad cruza el jardín y salta,  Diego lo sigue corriendo,  pero ha sorpresa  un ladrido de un perro lo sigue.

-          Hay Jueputa lo que faltaba.

Corre sintiendo al perro detrás de él, corre con todas sus fuerzas,  parando justo en el borde del muro. Trata de  utilizar sus pocas destrezas para huir del pastor alemán, pero resbala.  “juepu...”. Mira la cara de canino por un segundo, antes de que este se abalance a morderlo, y es ahí cuando siente que lo agarran de los hombros y lo suben.

-          ¿estás bien?

Diego esta aterrorizado, mira su pantalón, esta rasgado.  No puede creerlo

-          Vámonos. Añade Miguel

El camino hacia la pocilga duro muy pocos minutos pero a Diego le parecieron eternos, nunca había tenido que correr huyendo de la policía, y cuando por fin llegaron a la pocilga no podía evitar mirar la puerta esperando que fueran arrestados.

-          Fresqueese parce, que todo salió bien.
-          ¡¿Cómo vos podés decirme que me fresquee?!,  dice quitándose la media de la cabeza, acabábamos de robar una droguería, casi me muerde un perro, y la policía nos esta buscándo!
-          No exagere. Miguel se ríe. A lo bien que no nos vieron, Diosito nos ayudo.
-          ¡Parce eso no se hace!. Dice Diego de manera moral.
-          Es cierto parce, no se hace. Añade Miguel arrepentido, pero en parte contento por esa expresión de moralidad.  Venga parce... debemos hacer algo.

El brujah mira el techo del tubo como si Dios estuviera ahí. Miguel se arrodilla  y se da la bendición y mientras  le pone la mano en el hombro de su amigo dice. “Diosito, perdone por haber robado el día de hoy, pero era la única forma que personas que no tienen medico, tengan salud, por favor, súmele este pecado a mi alma, el parcero no tiene responsabilidad en esto” Mira con una sonrisa a  Miguel, “Dale fuerza a mi parce pa superar el dolor que tiene en su alma, y ayúdame a ayudarlo, el se merece una segunda oportunidad”. Cierra los ojos y comienza a orar, “Padre Nuestro...”

La oración fue respondida por Diego, quien también le pidió a Dios que lo ayudara.

Al terminar las oraciones Miguel lo mira y le dice.

-          “¿tons cuento con buste para la próxima?

La mirada de Diego lo dice todo. La pobre madre de Miguel recibió una ofensa sin merecerlo.

1 comentario:

  1. xDDDDDDDDDDDDDDDDDDD!!!!! sabes? es la mejor descripción de un robo que he leído jamás!!!! buenísimo!!!! pobre Diego, ya me lo imagino, aterrado, y encima perseguido por un perro... bah, qué ganas de prestarle *mi* celerity xDDDDD

    Besos, syb!!!!

    Pd: vampiros rezando *^*

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