lunes, 19 de septiembre de 2011

Derrota

El reflejo azul se veía en sus lentes, mientras con total concentración escribía, un mail en español con un estilo muy personal, cómo el que se escribe a una persona que es importante y también cercana.

“Apreciado Alex :

Supongo que  vos estas molesto conmigo para no responder mi primer correo. Sé que soy  ahora tu vergüenza y la de todos los del clan. Cómo te manifesté en mi primer misiva, estoy en una situación muy delicada, no tengo dinero, y estoy viviendo de  manera muy precaria. Vos sabes que siempre hice lo que  vos me aconsejaste, y ahora, en este momento, necesito de ti, cómo mi sire y mi guía. Nunca pensé caer tan bajo...

(Al escribir a Diego se le escurre una lágrima de sangre por el rostro)

Vos sabes qué lo que hice fue por un engaño, vos me conoces. Ayúdame por favor.

Atentamente y esperando tu respuesta,

Diego”

Mientras él daba “enviar” a su segundo e-mail no podía dejar de sentirse despreciable. El silencio de alguien que se estima, es a veces peor que mil cachetadas. 

Hace una semana mandó un primer correo, pidiendo ayuda  sin ninguna respuesta, pero este segundo, era más una súplica, estaba desesperado.

La no respuesta de su sire lo tenía sumamente deprimido. El había sido su guía, su padre, y su apoyo durante toda su no vida vampirica. La relación era muy cercana, a tal punto que en un tiempo vivió con él en Bogotá, aprendió de él, y en parte, aunque no era fácil aceptarlo, dependió de él en muchos aspectos. Y Ahora que  en realidad lo necesitaba él no le respondía los correos.

Sintió por primera vez como, las consecuencias de sus actos, se derrumbaban encima de él. Había engañado a su clan, era una deshonra y merecía la muerte, no era digno de pertenecer a la pirámide, ya no era un tremere, era... cualquier cosa.  Ya no era digno de la estima y cariño de su sire.

No soy nada. Se repetía mentalmente. No soy humano, no lo volveré hacer, perdí mi vida, perdí mis cosas, y perdí mi alma, no tengo salida y tampoco me importa.

Salió  de ese local de internet pagando lo mínimo. No demoró mucho haciendo el e-mail. Camino de manera aletargada por las calles llenas de gente, sintiéndose un pedazo de excremento andante a punto de estallar. ¿qué más da?, ya nada valía la pena, y todo era un fraude. Tratar de ayudar a otros era un fraude, él mismo era una mentira con piernas,  caminaba pensando sí el infierno era peor que esto que vivía, sí moría, entraría a un estado ya conocido. No se merecía la felicidad, no se merecía el perdón, no se merecía un e-mail de apoyo de su sire.

Caminaba como zombie por las calles, saliendo por terrenos menos transitados, por esa vía polvorienta y sin pavimentar que iba al tugurio donde vivía.

De repente no pudo más y se derrumbo a la orilla de una carretera.

Le dolía su alma  y comenzó a llorar a mares, se tocaba el pecho sintiendo que, este, se le iba a salir de su negro corazón. 

Pedía que el cielo se abriera y un rayo lo fulminara, que un lupino lo destrozara en pedazos, que por fin alguien le diera esa paz que necesitaba. Por lo menos en el infierno a nadie  dañaria.

Se arrastró hacía el fondo de ese prado, mirando  la tierra seca debajo de su cuerpo y se apoyó contra una ladera mugrosa, donde se acurruco  como un perro mirando el cielo y las estrellas.

Era mejor esconderse de todo, era mejor ocultarse... era mejor el fin.

Se quedo quieto, son moverse, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y miraban al cielo. Se quedaría ahí, no volvería a esa pocilga, sólo esperaría que el sol lo quemase, y le ayudaría al mundo a qué un peligro, como era él, siguiera existiendo. Se tocaba el pecho  mientras cerraba los ojos y lloraba.

Mientras la oscuridad que lo embargaba  lo dominaba. Los ojos cerrados simplemente le permitían no ver la realidad, se dejo entonces llevar por la misma. Ya nada importaba. Un olor se hizo presente, le parecía conocido, pero no abrió los ojos.  Sólo se dio cuenta de quien se trataba cuando  sintió que una mano pasaba por encima de su cabeza.

-          Parce vámonos.
-          Dejame morir Miguel. Dice Diego sin abrir los ojos.
Un silencio los embarga, pero Diego sigue hablando.
-          Dejame ir, murmura, ya no lo soporto, le haré un bien a todos cuando no este, vos estarás bien, dejame.

Otro silencio los embarga. Ese “dejame” era doloroso. Diego lo pronunciaba sin acentos, como era común en el sintió donde nació.

-          Cuando el sol venga, dejaré de existir, y vos podrás dejar de tener esta carga en la que me he convertido. Murmura mirando las estrellas. Ya no soy nada, y vos estarás mejor, no soy digno ni para que mi propio sire me conteste una carta, soy invisible..
-          Está bien. Responde Miguel de manera tranquila.

Diego por primera vez mira a Miguel que cómo el mira el cielo. Ese “está bien” no se lo esperaba del todo, pero en parte lo aliviaba. ¿Quiere decir que el tres-se aceptaba su suicidio?

No tenía ganas de moverse,  así que se quedo donde estaba, paralizado viendo al cielo. Pensando con cierto alivio que por fin descansaría, y sintiendo algo de paz frente a esa solución. Su cuerpo muerto se sentía adormilado, y sólo miraba el cielo.

Diego vuelve a ver a su izquierda, y se da cuenta que Miguel tampoco se mueve.

-          Creo que es hora de que te vayas
-          No quiero
-          ¿cómo?, murmura sin entender nada.

Una línea roja de sangre se escurre lateral a sus lentes oscuros.

-          No te voy a dejar sólo. Dice con voz entrecortada. Sí te vas, nos vámos los dos.
-          Vos deja la maricada Miguel, eso  es estúpido, vos te vas y yo me quedo, ¿acaso sí yo me tiro por un puente vos también?
-          Pos veo como me obligas a irme.
-          Ehh Ave María, ¡Qué maricada es esta!, no jodás, ni que fueramos novios, nooo ¿qué es esto?,   manotea, esto no es Shakespeare, vaya maricada tan hijueputa, no jodas... vos te vas ahora mismo, y me dejas morir qué yo me quiero ir solito, no necesito compañía, no compre perro faldero pa tenerte a ti, no jodas. Agrega muy molesto. lárgate y dejame solo...entendés, S-O-L-O, no necesito compañía pa suicidarme.
-          Pos no sé quién es  Chespere, o lo que sea, pero le repito de nuevo, veo como buste me obliga a irme.

Diego mira amenazante a Miguel, él sí tiene motivos para vivir, él no.

-          ¿vos cómo te vas a suicidar sí vos todavía tienes vainas por las cuales luchar?
-          Dígame a ver cuales, pues. Dice el tres-se algo molesto. A ver lo oigo hablar.

Diego le parecía injusto que él lo acompañara, su vida y su alma no se habían estropeado tanto, además, no podía permitir, que por su culpa, su amigo también muriera. Mira a su amigo tratándolo de convencerlo.

-          ¡Pues claro que me oirás!. Lo mira de frente. Vos tienes tus ideales, eres un hombre bueno, tienes tus ganas de cambiar al marica país,  de luchar por lo que crees, agrega de manera frenética, podés viajar, no sé, acostarte con muchas viejas,  disfrutar algo..

Miguel niega con la cabeza y dice

-          Primero, ya no vivo en el marica país  por el cual luchaba,  señala con dos dedos, segundo, perdí al amor de mi vida, y las otras hembras no me interesan, tercero, agrega un dedo más, los ideales no sirven de nada aquí en las Africas y ya no tengo ganas de luchar, cuarto, sigue señalando con la mano,  ya no tengo a donde ir, quinto, muestra la mano completa,  también estoy deprimido, y sexto,  agrega un dedo de su segunda mano, también me quiero suicidar.... entons, me quedo.
-          ¡Vaya mierda, vos estás loco!... . Diego se levanta, y comienza a caminar hacia la pocilga, “Entonces te suicidarás solo pues...”
 
Comienza a caminar furioso, mientras lentamente Miguel lo sigue con una sonrisilla que Diego nunca noto.

 “Esa joda de la psicología inversa existe”, pensaba para sí mientras veía a Diego bajar por las escalerillas  que llevaban a los aparta-tubos subterráneos.

1 comentario:

  1. xDDDDDDDDDDDDDDDD! ma-es-tro!!! grande Miguel!!! nada que decir... simplemente, el mejor xDDDD incluso debe sellar ventamas *^*


    te quiero, syb!!

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