domingo, 11 de marzo de 2012

Heridas, venganza y mala suerte

Pasos apresurados y polvorosos se apartaban del lugar. Miguel estaba siendo arrastrado (literalmente) mientras Diego y Georgino lo sostenían por sus brazos, expresaba dolor en ciertos momentos. Tras salir de ahí rápidamente, pararon tras caminar un largo trecho. Diego quien se preocupaba por Miguel y también por los que pudieran estar siguiéndolo le dice a su criado temporal. 

-          Tenemos el dinero, y trato es un trato.  Lo mira. Te daré mi sangre y mañana recibirás más. Toma el dinero, y aparta el pasaje, saldremos de acá apenas se oculte el sol, te espero acá para que me ayudes con él. Señala a Miguel.

Diego procedió hacer algo que hubiera preferido hacer con una cuchilla, pero a falta de ella y con sus propios Dientes se mordió la muñeca, alimentó al criado y lo soltó. Georgino evidentemente era adicto a la sangre de cainita, y prometió estar mañana temprano, a primera hora luego de que se ocultara el sol.
Diego siente un tic en su nariz como expresión nerviosa, ve como  el sujeto se aleja, “al fin y al cabo fue de ayuda el negrito” pensó.

Tenía sus sentidos agudizados por sí los perseguían, pero al parecer no. Tendría que hacer gala de fuerza para levantar a Miguel y ayudarlo a caminar hacia la pocilga. Habló con él y puso su brazo encima de su cuello.

-          Nos vamos... trata de dar pasos pequeños

Miguel trataba de moverse, pero era muy lento y doloroso. Algo le pasaba, además del dolor físico no tenía un buen semblante, no mostraba su usual entereza, parecía que sufría. Diego recordó mientras andaban algo que hace poco les había ocurrido.

-          Hace unos meses, el que me llevaba a cuestas eras tú. Digo en tono cariñoso. ¿ Tres-se recuerdas la roca enorme que cayó en mis piernas?... pa que veas parcero, que tú me das la mano y yo te la devuelvo... eh ave María sí que eres pesado, y entre otras, dice con una sonrisa, vos peleaste como todo un héroe hoy... pasito que ya vamos llegando.
-          No lo hice tan bien como otras veces. Murmura Miguel tratando de no hablar mucho, era evidente que sufría de mucho dolor.

Caminaron  muy lentamente hacia la pocilga. Miguel tuvo una dificultad enorme en bajar las escalerillas, lo que le hizo pensar a Diego que sus lesiones eran más serias de lo que él pensaba. Ya  adentró Diego obligo a Miguel ha acostarse en el concreto tomo una bolsa con ropa sucia y se la puso de almohada.

-          Ahora vamos a verte. Dice en tono profesional.
-          Creo que me partí todo.. murmura Miguel pero sus palabras fueron interrumpidas por un golpe en la puerta de la pocilga.
-          Soy Climent. Dice un hombre en inglés. Habrán ahora mismo la puerta.

Diego siente un hilo frio recorrer su cuerpo. Ese hombre les había arrendado el chiquero y era uno de los grandes líderes (por no decir también asesino) del barrio. Diego abrió asustado y el hombre negro entró, el olor de la vitae de Miguel inundaba el lugar.

-          Por ahí hay un rumor de que ustedes se van a ir de aquí, y curiosamente sin pagar el arriendo. Dice en tono de mando. Quiero mi dinero ahora.

Diego  trato de evitar la sorpresa, en cierta forma,  no habían ahorrado para pagar la pocilga, todo el dinero se había ido en pagar los pasajes.

-          Señor Climent, claro que nosotros no pensábamos irnos sin pagar, claro que no. Diego trato de mentir. Mañana por la tarde tendrá su dinero.
-          No quiero mañana el dinero. Dice el hombre mostrando una pistola. Lo quiero ahora, o mandare a mis criados a quemar este lugar mientras duermen.

Miguel que no se podía mover, no entendía que decía el hombre negro, pero sabía detectar el mal modo.

-          ¿qué pasa parce?
-          Quiere ya el dinero de la renta.

Miguel palidece al ver que el sujeto se torna muy violento y  les apunta con el arma. Diego cierra el puño y se concentra,  estaba pensando quemarlo  con una llamarada de fuego, pero Miguel le dice  tratando de solucionar el problema.

-          Dígale que sí acepta un intercambio parce.
-          ¿un intercambio?.  Diego lo mira preocupado, no tenían nada de valor.
-          Ofrézcale la espada. Dice señalando la esquina. La japonesa. Diego lo mira alarmado y le responde rápidamente.
-          Tres-se, pero es tú espada.
-          Digale que sí la acepta, esa espada vale más que lo que él pide..

Diego habla con el hombre quien   luego de la propuesta de intercambio guarda el  arma, y mira con codicia la espada. Diego, con su usual labia propia de las personas que nacieron en su región convence al hombre  de aceptar la espada.

-          Es una katana japonesa original que tiene unos seiscientos años, lo puede ver por sus detalles, es muy valiosa, mire el mango. A usted le podrían dar suficiente dinero por ella para dos años de arriendo...o más. 

El hombre negro no era estúpido, sabía aceptar un intercambio  aunque este fuera injusto. La espada del tres-se había sido un regalo y era un arma muy fina, fácilmente podría ganar unos cincuenta mil dólares por ella, sin embargo el valor efectivo era poco comparado con el valor emocional y el uso que Miguel hacía de ella. 

A Miguel Le gustaba esa Katana, le recordaba a una mujer que conoció, le gustaba sentir como el sable  cortaba el aire. Era especial, el tenía entendido que todas las espadas tenían un espíritu guía y  esta por lo antigua, era valiosa. Se había encariñado con ella.

El violento arrendatario tomó la espada y se fue riendo. Diego pudo escuchar cuando en el pasillo los insultaba llamándolos estúpidos y vanagloriándose de haber hecho un buen negocio.

-          No debiste ofrecerle la espada, pudimos sacarle más provecho después, ya sea vendiéndola o haciendo alguna otra joda.
-          No importa. Dice Miguel cerrando los ojos, prefiero perder la espadita y no que me lo maten. Dijo algo triste.

El brujah recostó la cabeza en la improvisada almohada hecha de ropa sucia y cerró los ojos. No quería que su amigo lo notara, pero le había dolido perder ese objeto y no solo eso, estaba mal emocionalmente.

Para Diego la perdida de la espada resultaba penoso. Curiosamente bajo esas circunstancias mientras curaba a su amigo,  recobró momentáneamente la empatía que en oportunidades le fallaba, y comprendió que Miguel estaba triste, pero asumió su pena a lo más inmediato. Mientras le revisaba el cuerpo recordó como el tres-se al finalizar la noche limpiaba el sable de manera detallada. Parecía un ritual de  todos los días, y en oportunidades, y aunque era raro le hablaba a la katana como si fuera una mujer. Mientras limpiaba el objeto, él le contaba sobre las espadas. Miguel sabía mucho  tanto de armas de fuego  y de filo dado que había dedicado parte de su no vida a vender  ese tipo de objetos. Lo hizo hasta que lo secuestraron y terminó trabajando de esclavo con Diego y el resto de desdichados víctimas de la princesa de Bogotá. 

Diego le atendió sus heridas. Evidentemente Miguel tenía fracturas en sus piernas, y en sus costillas, lastimado un brazo y su cuello. La sensación de que se había roto todo no estaba muy lejos de la realidad. Le sorprendía que hubiera podido caminar hasta la pocilga, aunque eso se podía explicar por su naturaleza vampira, era más resistente, aunque no completamente, ese hombre lobo lo había lastimado bastante.

Miguel se quejaba y lloraba en silencio. No se quejaba solo por sus heridas, había algo más, un dolor que él guardaba en su corazón, y que nadie, ni siquiera Diego conocía.

Diego tomó de las vendas que guardaba y por encima de la ropa  le hizo varios torniquetes. Miguel se quejaba de manera alarmante.

-          Tres-se, mañana cuando llegue al barco se alimenta, y vera que ahí sí se cura rápido, el problema es que vos casi no tienes sangre, pero eso se soluciona bebiendo, además te he inmovilizado, mañana estarás mejor, ya verás.

Diego lo trataba amablemente, estaba muy preocupado por él, no sólo al pensar cómo haría para llevarlo mañana al barco, sino también por el asunto de la espada.  No dejaba de pensar en eso. Como un niño le dijo que durmiera, luego él se acomodó y cerró sus ojos conciliando el sueño.

Un sonido hizo que Diego abriera los ojos durante el día. Qué lo hubiera hecho era raro. Pero esta vez abrió los ojos.

-          Tres-se, ¿vos estas llorando?, ¿te duele mucho?, ¿es por la Katana cierto?

Con una voz de profundo dolor Miguel le responde muy adolorido.

-          Yo debo estar pagando todo el mal que le hice a la gente.

Lloraba de forma profunda como sí le doliera no solo el cuerpo sino el alma. Diego no comprendía, a esa hora y lleno de sueño no era capaz de pensar bien, igual sus palabras no tenían sentido “ Él era el monstruo no Miguel.

Como si el tres-se fuera un niño  le paso la mano por la frente y le dijo que no llorara, que mañana cuando se alimentara se sentiría mejor, sentía que el llanto de  Miguel tenía que ver con el pedazo de hierro que intercambiaron por un arriendo. Durmió de nuevo pensando que ese era el motivo.
Miguel siguió llorando, el dolor físico era fuerte, pero lo que más le dolía era el corazón.  Sentía que toda su vida había sido un error y que él estaba pagando el triple de todo lo que había hecho mal en su vida.

Imágenes secuenciales y confusas se repiten en su mente. Se sentía como “un maldito desgraciado” , y que  “todo lo malo que le ocurría era un castigo a sus acciones”. El abrazo que impidió que él se callera en el cuadrilátero, ese sostén  que le ayudo a ganar provenía del hombre que le había propuesto la golconda, pero esa ayuda, había tenido un raro efecto en el tres-se.

Era como sí ese abrazo le hubiera  quitado  eso interno que le protegía del dolor emocional que experimentó en su pasado. De todas las cosas que hizo y que estuvieron mal, de toda la culpa que carcomía su interior, de lo podrido que tenía por dentro.

 Miguel revivió todo aquello que había tratado de ocultar bajo esa coraza de hombre rudo. Era como sí ese hombre le hubiera despertado el dolor humano que él tenía sobre sus acciones, cómo sí lo hubiera castigado por no aceptar la propuesta  de buscar la iluminación.

Por fin llorando se quedo dormido, siendo despertado esta vez por Diego quien se encontraba  arreglando lo poco que tenían.  Ya se había ocultado el sol en apariencia.

-          Nos vamos parce, nos vamos de este país de porquería. Dice con un tono muy cariñoso. Georgino viene para ayudarte a salir, y nos vamos...

Diego sentía que  el tres-se sufría  pero no entendía el motivo. Verlo mal hacía que se cargara de rabia frente al arrendatario. La forma como los amenazó por la noche y como tuvo que entregar lo único que tenían de valor le hacía arder la sangre en rabia. 

Se mostraba tranquilo pero interiormente estaba que explotaba.

 La tarea de sacar a Miguel de la pocilga fue ardua, y cuando por fin lo sacaron lo colocaron en una carretilla que Georgino había conseguido.

El tres-se se encontraba desmoralizado, y en la carretilla se rindió mientras el criado y Diego lo llevaban por las vías polvorientas.  Una música  se escuchaba de una caseta a unos doscientos metros acompañadas de unas risas.

Diego se freno y volteo a mirar. Sintió en su interior una rabia enorme. Miro a Miguel demacrado, acostado como un muñeco en la carretilla y una ola de rabia lo invadió.

-          Georgino, adelántate con él. Lo mira muy serio. Olvide algo, yo los alcanzo.
-          Parce. Dice el tres-se muy débil. ¿pá donde va?
-          Necesito hacer una vuelta antes de irnos,  Vos  esperame (dice sin acentos), ya vengo... adelantate con Georgino...  ya voy

Miguel no podía hacer otra cosa que aceptar pues  no podía moverse. Siguió su camino arrastrado por Georgino.

Diego hizo un gesto extraño  cuando volvió a ver la caseta. Sus ojos mostraban rabia acumulada.

 “te metiste con el hombre equivocado,   ¿sólo te interesa el dinero?, Vos hoy vas a perder mucho dinero. Hijueputa negro, te enterarás que un paisa enfadado es peor que  quince toros desbocados, voy a recuperar la espada y te dejare un regalito”

Caminó por la vereda rodeando el local lleno de música.  Cuando estuvo justo atrás del edificio se acerco a la pared hecha de trozos de tabla.  Estaba en un sector aparentemente ciego. Las tablas que  hacían parte de la pared tenían un espacio pequeño pero suficiente para ver que había adentro.   Diego sabía que el negro  desgraciado guardaba todo lo que ganaba en esa parte  y la Katana,  como pensó, estaba colgada en la pared como un trofeo.

Esta especie de bodega pequeña, tenía  estantes con cajas,  había gran cantidad  tvs robadas,  otros electrodomésticos y armas,  drogas, potes con gasolina, pintura y otros químicos.

 El paisa escuchaba a  los sujetos jugando cartas y riendo. Sabía que el desgraciado de Climent estaba dentro de ese grupo. La cantidad de ruido lo favorecía.

Diego calculó que con su  movimiento mental podía zafar la  espada de la pared  pero ¿cómo haría para traerla hacia él?, su poder no le alcanzaba para tanto.

 Debía pensar... ¿Qué  podía hacer para que su acción no fuera evidente?, miro de lado a lado y encontró en el potrero una escoba estropeada. Sin hacer mucho sonido tomó el palo y  saco la parte superior dejando solamente la puntilla que sostenía la barredora. Ya tenía su gancho, ahora tenía que asegurarse que  el objeto no sonara cuando callera. Rápidamente se quito la camiseta.

Aprovechando el espacio que había entre las tablas, paso su camiseta por la ranura y la empujo con el palo de escoba justo debajo de la espada.

Lleno de rabia se concentró  y logró que el sable  se zafara de la pared, trato de concentrarse más para evitar una caída traumática.  Gracias al forro tradicional  del arma, esta no hizo mucho escándalo al caer encima de la camiseta. Con el palo de escoba, y utilizando la puntilla-gancho arrastro el arma hacia sí, y cuando tuvo la Katana en sus manos se sintió totalmente aliviado.

Pero antes de irse tenía algo pendiente

 Metió su mano por la tabla rota y apuntando a su camiseta lanzo una llamarada enorme la cual extendió hacia los tarros con gasolina. Una vez se hubo prendido el depósito, corrió en dirección al muelle,  no sin antes escuchar una explosión y unos gritos.

Corria con su pecho desnudo por las calles polvorientas mientas las personas que caminaban por el lugar notaban su actitud de huida. El fuego se observaba salir de esa caseta, mientras muchos pobladores  observaban desde lejos. Diego sentía su bestia cabalgar de placer, se había vengado, y le había quitado lo que ese negro más valoraba, sus cosas.

Esa noche ningún humano o vampiro murió, el incendio carcomió todo el local, Los hijos de Cain huyeron del fuego  de manera impecable, no tuvieron tiempo de seguir al incendiario, sin embargo Diego se había ganado otro enemigo que no dudaría en cobrarle el daño que le hizo a su negocio.

Con el pecho desnudo y llevando una Katana en las manos Diego se sentía libre mientras corría sin cansarse por las calles de esa ciudad africana, le devolvería la espada a Miguel, y él se sentiría mejor, era lo mínimo que podía hacer por su amigo, su espada volvería donde su dueño.

Pronto vio las embarcaciones en el muelle. El olor a pescado podrido y  la suciedad le indicaban que había llegado. Observaba   mucho movimiento humano a esa hora, vehículos de carga que llevaban materiales de un lugar a otro, hombres hablando y trabajando.

Vio desde  lejos a dos personas que conocía. Georgino y Miguel  acostado en la carretilla estaban al lado de varias cajas de carga y contenedores.

Una grúa mecánica   cargaba el interior del gran barco que los llevaría a Europa.

 ¡Por fin saldrían de ese espantoso continente y podrían vivir más cómodamente en otro lugar!.

Diego se sentía feliz... hasta qué...

Ocurrió en cámara lenta, uno de los vehículos cargueros  estaba dando reversa y golpeo el montículo de cajas lateral a donde estaba el tres-se  y Georgino.  Las cajas se estremecieron y la fuerza de gravedad las envió al lado de ellos dos. Georgino que tenía piernas logro evadir el golpe, pero a Miguel quien estaba sentado en la carretilla  no pudo evitar  que  esa amplia cantidad de cajas de madera le cayeran encima. 

Diego ve todo desde lejos.

NOOOOOOOOOOOOOO... Grita  enloquecido mientras va  hacia Miguel 

Lleno de angustia le quita las cajas pesadas  de encima,  cuando por fin llegan a él,  Miguel  no responde, está muy lastimado. Un poco más y se muere. Había entrado en letargo.

1 comentario:

  1. O______________O por suerte yo los conocí años después y sé que está bien!!! malvada tortura-migueles >-< pobre, como si fuera poco el dolor físico le dejas el alma maltratada... y diego haciendo más tonterías o.o

    besos!

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