Miguel se levantó de mejor semblante, estaba tan sensible que pensaba si no seria mejor quedarse en ese hotel de mala muerte un tiempo más, el encuentro con la mujer había sido algo que había necesitado en mucho tiempo, se sentía tan poco hombre andando de un lugar a otro, huyendo y teniendo miedo. Diego estaba mejor, por lo menos en su ceguera se había dado cuenta que estaba mal, con cierta frecuencia se preguntaba si no hubiera sido mejor ir donde ese guía espiritual que le ofrecia la iluminación, pero por otra parte taparse los ojos y dejar a los amigos no le servia a nadie, lo que no sirve a los demás, ni genera ayuda común no sirve para nadie.
Conciente de su tristeza en aumento y la depresión que sentía solo esperaba que ocurriera un milagro. Diego no había sido honesto con él y algo le ocultaba sobre el personaje que lo esperaba en Francia, y su intución adivinó que era el mismo problema de siempre, los tremere lo habian jodido y el aunque disgustado seguiría siendo un tremere.
¿de que le servía a él decir que era brujah?, ¿a donde quedaron sus causas socialistas?
En Sur Africa trató de ayudar, pero ahora que lo piensa abandonar así a la gente no fue ni bueno ni amable. Era un fiasco como líder, se comprometio ayudar y solo logró robar medicamentos.
Movió los dedos de los pies sintiendo un poco de maltrato, estaba aún quemado...
Posiblemente conseguir alguna mujer que los atendiera sería buena idea, sexo y vitae para ambos sería algo que haría a Miguel sentirse cómodo.
Pensaba muchas cosas mientras se daba cuenta que no se iban a quedar ahí y que debía seguir el camino.
Diego por su parte estaba aliviado, habia llegado por fin a Europa, ¿acaso Miguel no se daba cuenta del logro tan grande que era ir a EUROPA?....¿cuando él siendo guerrillero pensó en ir lejos de su pais?, y menos a un lugar donde muchos quisieran vivir, esto no era como las cloacas de Africa, aquí se vivía de otra forma y esperaba que Miguel valorara estar en este lugar.
Miguel no tenía visión, y si querian sobrevivir debían desarrollarla, ya que habia perdido su humanidad no le molestaria aprovechar ciertos recursos de su condición.
La cuestion era explicarle a Miguel que todo iba a cambiar y que ellos debían seguir adelante: pasara lo que pasara.
-Mira vos Miguel, llegamos a este sector y la vida nos cambia porque nos cambia, no es la misma mierda donde estabamos, aquí puede que no tengamos lujos pero te aseguro que en la calle no viviremos, ni en las cloacas ni en barcos pesqueros, ehhh Ave María, esto es otra cosa parce, por ahora estamos en tierra de todos y de nadie, es decir Linea de la concepción es territorio Sabbat, al parecer es Lasombra, y el que rige son varios de estos sujetos que todos saben el nombre pero ninguno sabe localizarlos, la cosa es muy jodida hermano, España es sabbat de pies a cabeza... y al parecer no son muy buena honda con las personas que lleguen sin ser conocidos.
Trate de hablar un poco con los sin clan y te cuento que el asunto es realmente complejo, todos los principados tienen sus problemas, el sabbat se tomó Linea de concepción y estan en pelea con algunos grupos independientes. Debemos tratar dalir de España rápido, es posible que luego de eso los territorios sean más camarilla y debamos ir al Eliseo.
Miguel que estaba prestando atención solo dijo
-Yo no quiero presentarme a ningún Eliseo parce, por ahi se pillan que estamos huyendo, se supone que es un lugar donde ningún vampiro se hace daño y que es seguro, pero una vez se salga de ahí y si no tenemos dinero suficiente podemos pasarla mal..
Diego sabía que no la tenian facil, es por eso que los sin clan le huyen a la camarilla porque los tratan como perros sin derechos, además hay otro asunto que es de conocimiento, si bien no siempre es obligación, los principados en los Eliseos suelen cobrar algunos costos a los recien llegados si estos pretenden quedarse en la ciudad, no por nada los principes tenian mucho dinero porque cobraban por estar en sus dominios, los que no podian pagar se atenian a los deseos del principe de turno, si el deseaba les daba permiso de quedarse bajo riesgo de ser carne de cañon o simplemente les pedia que se marcharan en un tiempo record, lo que era usualmente era un permiso para que el azote usara sus armas.
-Hermanito, a mi tampoco me gusta la idea, pero si toca, pues toca, cambiarse de nombre y seguir, es lógico que no nos recibiran bien, aunque si no nos presentamos es posible que nos jodamos, solo es saber por donde se pisa.
Miguel mira a su hermano y dice
-¿Bueno, entonces hacia que direccion vámos?
Diego se queda pensando
-No lo sé amigo, aún no lo sé, caminemos y crucemos este sector, cada día su afan y si este es territorio sabbat seguro deberemos pensar bien nuestros pasos.
Noches de destierro
martes, 1 de diciembre de 2015
sábado, 19 de abril de 2014
Fragmento
-
¿Por qué
hiciste eso?
Preguntó Miguel mientras acostado estaba. La mujer ya se
había ido hace un tiempo. Diego no comprendió
lo que le preguntaba y tampoco sabía si el brujah estaba hablando solo
pues le daba la espalda. Tras el
silencio el hombre volteo su cuello y le
miró repitiendo la pregunta.
-
¿porqué?
Diego lo miró e hizo una señal de no entender que
preguntaba.
-
¿porqué
trajiste esa mujer?
-
Vos la necesitabas
-
¿qué
necesitaba?
Pregunto Miguel volviendo
a mirar la pared mientras Diego se sorprendía de la pregunta simple y estúpida
-
Sexo, mimos… vamos, estabas en una crisis nerviosa, vos no eres bobo para hacer semejantes
preguntas
Pero al parecer las preguntas no eran tan bobas
-
¿Cómo te
diste cuenta de eso?
-
Eh Ave María..- responde Diego ante la insistencia, y sin ganas de responder
-
Fue
bonito lo que hiciste.
-
Vos estás
hablando como señorita
-
No, es
verdad… se acomoda en la cama…
gracias
-
De nada – dice extrañado
-
Estas
mejorando parce… dice sin mirarle al rostro
Diego no comprendía por qué le decía eso pero se sentía complacido
que lo dijera. Había hecho cosas buenas por Miguel antes, entonces ¿Cuál era la
diferencia?
Pero la diferencia estaba en el simple hecho de darse cuenta.
Miguel lo sabía: Algo se estaba
conectando.
viernes, 18 de abril de 2014
Sólo un poco de paz
Pasar la frontera no resultó ser del todo complicado, solo
fue necesaria una distracción, como un incendio en uno de los camiones que llevaba reciclaje gracias a
una chispa de Diego y un salto con potencia y celeridad del brujah de
turno. Luego de pocos minutos estaban
en España, y la diferencia en el
lenguaje y era un alivio para ambos.
Miguel no se encontraba bien, en realidad llevaba meses sin
estarlo, solo que antes no era tan evidente como ahora. Diego había ignorado
los sentimientos de su mejor amigo, no por deseo propio, sino por su humanidad
afectada. Pero ahora era evidente. La
circunstancia era tal, que ya era demasiado claro que no se encontraba bien. Diego miró su aura y lo vio peligrosamente al borde
de frenesí, era como un fosforo dejado al lado del explosivo.
-
Vos
necesitas descansar
Miguel no le respondió nada, es más, no había hablado gran
cosa en todo el trayecto.
Pero el dilema del descanso era una alegoría falsa. Tras caminar, aún recordaban que estaban en
tierra ajena y en dominios de vampiros desconocidos, no tardarían en llegar a
los dominios de ancianos príncipes Ventrue, clan que por historia y reinado,
eran la mayoría de los gobernantes.
Sin clan, de ahora en adelante eso eran, y claro, la
apariencia de pordioseros ayudaba. Pero aún así deberían presentarse si
planeaban pasar por una ciudad principal, y entonces ahí se podrían dar miles
de problemas, ¿Quién les garantizaba que alguno de esos líderes no tratara de
jugar con ellos?, solo era que los vieran útiles para ser la ficha de juego
para joder a alguien más. El problema de los sin clan es que siempre eran el
objetivo más débil.
Diego ya no tenía la presencia de doctor. En realidad nadie
que lo viera en esos momentos adivinaría que tenía estudios, y Miguel, se veía como un atracador peligroso.
La culpa se apoderó de Diego pues la actitud extraña de
Miguel no le daba la seguridad que usualmente siempre sentía a su lado.
-
Vos
necesitas descansar
-
Sí,
seguro, y vos necesitas callarte.
A pesar de la respuesta hostil Diego no lo tomó de mala
forma. Miguel era un niño malcriado en cierta manera amaba los mimos y algunas complacencias
infantiles, necesitaba cariño, pero el
no podía darle ciertas cosas.
-
Vos lo
que necesitas es una hembra que te relaje.
Pero un silencio más profundo se dio y Diego comprendió que nada de lo que dijera le
ayudaría. Diego puso su mano en el cuello de Miguel y lo halo en un abrazo
fraternal mientras caminaban, solo en ese momento sintió que Miguel bajó la
tensión.
El hostal de mala muerte donde durmieron ese día era un
palacio comparado con la ratonera donde vivían en Sur África. Por fin
una cama cómoda y un tapete económico pero existente, y una TV, la cual
ignoraron al llegar. El lugar quedaba en un sector de bares y vicio, pero en
España hasta esos sectores se veían bien, en el día los borrachos y las putas dormían, al igual que los
vampiros que solo salían de noche.
Diego hizo los rituales para que no entrara la luz del sol
mientras Miguel se acostaba mirando la pared. Cerró las cortinas del antro no
sin antes mirar el sector con estilo europeo, sentía ello como un milagro,
ahora lo único que tenían que lograr era llegar a Francia.
Hizo un mapa mental de Europa en una servilleta, lo fácil
era que era el país más próximo.
Se sorprendió al no quedarse dormido tan pronto, solo noto
que Miguel tenia cierto temblor. Los vampiros no tienen frio, por lo que las
opciones por las cuales templaba se reducían a unas pocas. De manera algo
paternal, aunque consciente de que eso no le ayudaría en nada, tomo las sabanas
y se las puso encima.
Dejó caer su cuerpo en la silla de madera que estaba al lado
de la mesa donde había hecho su improvisado mapa. Cerró los ojos, y se quedó
profundamente dormido. Fue una de las pocas noches en las que no tuvo
pesadillas.
Cuando se despertó
Miguel se ponía los zapatos. Diego pensó rápido y prendió la vieja TV, ignorando el canal porno que estaba
inicialmente y pasando a uno de deportes.
-
No creo
que debamos salir hoy, vos y yo estamos
algo cansados de tanta cosa y no deberíamos estar corriendo, creo andar con
calma es lo mejor, lo que conseguiste nos alcanza para esta noche y algo más,
luego veremos- se acerca a él- ¿y si
te quedas acá viendo TV?, hace rato no vemos, iré a traer la comida, y luego
pues… no sé, ver tv y no más, no quiero que camines mucho, aún vos tienes la quemadura aquella.
No necesito mucho argumento para convencerlo, no habló mucho mientras veía la pantalla del
viejo televisor, que debía tener unos treinta años por mucho. Había mucho ruido
del exterior y del bar debajo de ellos.
Diego se quedo en el cuarto viendo el programa por un
momento. No quería alterar a Miguel así que salió del cuarto hacia el baño
compartido. Encontró ahí un gel de
cabello que alguien había olvidado y se puso encima peinándose de manera algo
juvenil . Bajo hacia el ba, abajo del
hostal, y pasó la vista revisando los
asistentes. Ninguno era vampiro. Aliviado, pensó que no quería tentar a la suerte, aún era temprano y este sector podía ser
territorio de caza de alguno.
En España aún era temprano para los bares, estos se llenaban
a partir de las 11 de la noche y justo eran las ocho y media, pero eso no
impedía que algunas mujeres estuvieran tratando de ganarse la vida. Diego las
observo sin evitar el morbo, pero haciéndose una pregunta fundamental, ¿Cuál
será del gusto de Miguel?, pensando
rápido vio una que podría cuadrar. Una
mujer latina, con el pelo teñido de rojo
y que de veía algo intoxicada pues sus ojos estaban dilatados.
Se acercó a ella como un caballero y entablo conversación. La mujer era
claramente una prostituta, pero no por ello era mal educada. Luego de hablar
superficialmente, ella le preguntó si estaba interesado en algo de diversión, y
Diego de manera diplomática le comentó que sí, pero no para él, sino para un
amigo deprimido.
-
Te pago
100 más si eres amable con él, es decir, más amable que de lo normal, como si
realmente te interesara.
-
Por esos
100 tío, hasta me hago pasar por su madre..
Acompaño a Diego de manera coqueta y provocadora hasta el
piso donde estaba la habitación. Miguel se sorprendió al verlo llegar con
semejante mujer.
-
¿No nos
acompañas?- preguntando algo así como si querían un trío
-
No –
dijo mirando a Miguel el cual no lo podía creer- luego
vuelvo..
Le dio la mano a
Miguel que no parecía entender mucho y salió del cuarto.
No le apetecía mucho
tener sexo en esos momentos, no sentía mucho interés, pero sí sabía que Miguel
lo agradecería. Alguna parte de su sexualidad se perdió con la humanidad. Pero
el dejarle tiempo a Miguel le daba a él la posibilidad de hacer algunas cosas por
él mismo.
Estaban en “la línea de la concepción” una pequeña ciudad al
lado de Gibraltar. La larga caminata que
habían tenido la noche anterior los había llevado a un sector a las afueras del
poblado. Ciertamente era un sitio pequeño, pero no tan inocente.
Si se quería atravesar España, primero era necesario conocer
un poco sobre a quienes tendrían que burlar, y para ello, Diego debería
informarse, adicionalmente en su interior buscaba algo de soledad, del hecho de
poder hacer sus cosas sin compañía. Por mucho que apreciara a Miguel deseaba en
su interior algo de independencia y soledad.
Caminó por las calles
activando sus sentidos y
explorando si veía algún hijo de Caín. Trataba de pasar desapercibido, y caminar
sin mucho interés en nada. En un momento se acercó a la playa, y contempló en
silencio el negro mar, acordándose cuando su padre y madre lo llevaron junto a
sus hermanos a Cartagena. Recuerdos de infancia, el recuerdo del sol y de la
luz era algo del pasado. Luego de vagar
por un tiempo por la playa, volvió a las calles en búsqueda de iguales, pero no
era estúpido, buscaba algo en concreto.
Mientras caminaba vio un grupo de evidentes vampiros salir
en grupo por las calles, como pandilleros anarquistas, la marca brujah era
evidente, pero Diego no se quería meter con esos sujetos, y tampoco era lo que
buscaba. Ni siquiera Miguel se alegraría al ver a uno de su casa en estos
momentos. Se alejó, y los vio caminar lejos de él. Seguro de no haber sido
detectado. Su andar era tranquilo, no quería parecer preocupado. Poco le
importaba si moría en realidad, pero tampoco tenía en su mente morir. Un grupo
más de anarquistas estaban en la otra cuadra y desvió sin mucha prisa por otra
calle. Caminó alejándose de los bares, y justo al lado de la playa, en un
cuchitril encontró lo que buscaba.
Podía ver un par de cainitas con malas pintas y pobreza
evidente. Los desplazados, los sin clan eran en sí pobres diablos en todo el
mundo, solo que había más desafortunados, y esos era los que Diego buscaba.
Había cerca a ellos un montón de ratas muertas que seguramente se habían bebido.
-
Buenas
noches, me dijeron que podía hablar con ustedes
Evidentemente nadie lo había mandado a hablar con ellos,
pero Diego sabía jugar con las palabras.
Ante el saludo, uno de ellos se levanta agresivo y le dijo.
-
Vete a
cagar por el culo, que aquí nadie habla con nosotros.
Se acerca peligrosamente pero Diego no se inmuta
-
Siempre creí
que los que no teníamos clan podíamos tener apoyo en nuestros iguales
-
Pareces
muy delicado para ser como nosotros
-
No soy de
acá
-
Pues
Joder- dice con acento español- ¿acaso
crees que no nos hemos dado cuenta?, se nota que sos un sudaca, como muchos
otros que vienen a invadir nuestras tierras, ¿qué coños querés?
-
Sí, y ¿por
qué crees que te ayudaremos?, ¿nos ves cara de hermanas de la caridad?
-
Sólo
busco información, he llegado recién, y tengo miedo del azote, los sabbat, de los príncipes
de estas tierras, ustedes saben como es,
dice Diego, solo quiero evitar
que me jodan y poder seguir mi camino.
El par de hombres se miraron y calmaron su tono.
-
Pregunta
rápido que quieres saber, y luego te largas, no tenemos dominio pero a mí me
salen garrar que te podrían atravesar el culo si te pasas de listo.
Le indicaron un lugar en la arena frente a ellos, y Diego
solo hizo algunas peguntas, y el resto de la información fue fluyendo. Describieron la situación como difícil, estaban en terrenos del sabbat donde la norma y la anarquia esta a flor de piel, no existe Eliseo , pero si predadores que si no eres sabbat te arrastran o te dejan vivir porque les conviene. El desorden es tal que no hay seguridad, y cualquiera puede morir.
A pesar de no planearlo conversaron por horas, y luego de
ello Diego partió hacia el hostal, evitando las pandillas y no mostrando un gran interés en ello. Ingresó
al lugar de donde había salido, buscando
con la mirada hijos de Cain, y al no encontrarlos subió por las escaleras.
Faltaba media hora para amanecer.
Se quedo en la puerta por un minuto esperando escuchar
sonido, y no escucho nada asociado a un acto sexual, solo una respiración
tranquila.
Tras meditarlo, abrió el cuarto lentamente. La pareja estaba dormida en apariencia. La
postura era realmente curiosa. Ella estaba vestida tapada levemente por la
cobija hasta la cintura y Miguel la abrazaba como un niño que pone la cabeza al
lado del corazón. La respiración que
escuchaba era la de la mujer que dormitaba al igual que Miguel que por su
naturaleza y la hora no “debería” estar haciéndolo.
Esa imagen impactó a Diego. Miguel parecía requerir ese
abrazo, como quien se abraza a un oso de peluche por las noches, pero él se
quedó escuchando los latidos de un ser que aún vivía.
¿Pero porque estaba dormido?. No había notado su presencia.
La respuesta la sintió con cierto olor en el lugar, y al ver en la mesa
una cubierta de medicamento sin la plantilla que contenía: el olor era
de marihuana, y las pastilla era un tranquilizante que seguramente la mujer consumía.
Beber sangre con narcóticos, causa sueño.
Diego entonces lo entendió todo, y mientras repetía el
ritual para que no entrara la luz del sol dejó a ambos personajes que estaban
drogados dormir. Ciertamente si
necesitaba que Miguel se relajara lo había conseguido.
domingo, 5 de enero de 2014
Lo que apesta no es solo lo que hiede.
En ese espacio reducido nuevamente estos dos amigos se
encuentran uno al lado del otro. Con el sol del nuevo día ambos se acomodan
dentro de ese pequeño y justo espacio. Miguel se quejaba cada vez que Diego
medio dormido rosaba su pie quemado. Es impresionante las quemaduras que un
cainita se puede hacer en unos pocos segundos de contacto al fuego.
Diego no estaba muy cómodo apoyando torpemente su cabeza en
Miguel que de manera casi literal era un cabeza dura. En su incomodidad
escucho a los residentes hablar, y aunque adormilado abrió los ojos preocupado.
Dejo que los sonidos se fueran lejos de donde estaba él.
Miguel quien tampoco había dormido nada pregunto tímidamente
que ocurría.
- Necesitamos salir de aquí pronto.
- ¿Qué pasa?
- Que vos y yo apestamos a los mil
demonios. Están diciendo que alguna rata se murió aquí arriba y que deben
investigar que hiede.
La situación que en otros momentos se pudo ver graciosa, en
esos momentos era crítica. Miguel arruga la nariz de manera exagerada como si
la mención del Paisa le resonara que no
se ha bañado en meses. Diego recordó la
tendencia “delicada” de su amigo asquiento, mientras rogaba que la limpieza no
la hicieran hoy, ninguno de los dos olía a rosas y menos luego de vivir tres
meses en un barco pesquero y seis meses más en una cloaca.
- Yo soy pobre pero no cochino… y ahora soy
un pobre cochino…
Murmuro Miguel con desanimo, aunque parecía una burla
realmente se estaba quejando. Diego cerró los ojos esperando que su falta de
humanidad le permitiera dormir, mientras
Miguel aterrorizado contaba los minutos sin tener reloj. Quería que se
hiciera de noche. Sintió que la gente trato de abrir la escotilla sin mucho
éxito (pues claro ambos estaban encima de ella), y pidió a Dios que se fueran
para que mañana pudieran escapar.
Mientras esperaba que el sol se ocultara miro las bolsas
apiladas en el sector, y para su gusto encontró unos pantalones. Ya era
humillante apestar como tener que robar ropa.
El espacio era tan pequeño que no podía acomodarse para ponerse los
pantalones.
Diego abrió los ojos cuando volvió escuchar las voces de los
residentes buscando una escalera. Dado que se sentía bien y no adormilado,
supuso que la noche ya había caído, ¿pero cómo salir?
Mientras nerviosos por los constantes movimientos de abajo comenzaron a sentir otros sonidos
provenientes del techo.
Diego señalo el techo en silencio y reconocieron que ocurría
al instante: Llovía fuertemente. Miguel que sentía que los movimientos de abajo
se le acercaban más al trasero aprovecho el ruido de un trueno para golpear el
techo de la vivienda, un hueco mediano
se abrió a su paso , y el agua entró inmediatamente. La luna creciente los
recibió. De un salto ambos salieron al techo y comenzaron a caminar entre las
losas . Eran torrentes y torrentes de agua. Caminaron torpemente y
completamente mojados hasta llegar a un sector plano. Miraron atrás y la casa
de donde salieron ya no se veía.
Miguel miro hacia el cielo, mientras el agua caía por su
rostro. Se quito la camisa y el pantalón
roto bañandose su cuerpo, pasando la
mano y quitando la tierra y el mal olor.
No había jabón pero si agua.
Diego guardando sus gafas hizo lo mismo. Apestaban, y aunque el agua
estaba helada debían quitarse la peste.
La tormenta era tal que el cielo no se veía, y las calles eran grises y opacas.
Pero eras distracción no eran suficiente para los cainitas que les perseguían,
debían escapar.
Posiblemente ponerse ropa mojada, “mojados” no fue la mejor idea del mundo. El nuevo
pantalón de Miguel era más pequeño que
su talla lo que le costó ponérselo. El mismo asunto ocurrió con Diego, quien
afortunadamente tenía unos pantalones de tela
de algodón y no fue tan difícil vestirse.
Trataban de caminar
por los techos más altos por donde no
pudieran verles por las ventanas, pero ciertamente llegaría un momento que
pasarían al lado de un edificio más grande y los verían los ocupantes de los
apartamentos. Desde la altura, establecieron que debían cruzar todo ese
territorio y llegar al límite con España.
No sabían que tanto territorio tenían los malditos que
trataron de secuestrarlos, pero no querían pasar por tontos. El reto más
importante para ambos era cruzar Europa engañando Camarillas, Sabbat e
independientes, para luego poder establecerse en un sitio donde nadie les
conociera.
Saltaron del tejado a la calle. Completamente mojados
mientas la lluvia se calmaba. La luna creciente no era grande, y la luz
nocturna era poca.
Se terminó la lluvia a los quince minutos. Caminaron por
calles y plazas cuando por fin salía la gente de sus casas luego de la lluvia.
Diego no podía contener su expresión de burla para con Miguel, veía como los
otros lo miraban y se reía.
- ¿qué se comió un payaso?
- Parce, no sea ñero
- Tons cuál es la sonrisita pendeja
que tiene- dice de mal humor
- Vos caminas raro con ese pantalón, y te ves
algo… - no pudo contener la risa mientras Miguel se puso colorado de la
furia
La palabra exacta era “maricón”, el pantalón era tan pegado
a las piernas y tan incomodo que Miguel no caminaba normalmente.
- Pues camine más adelante si tanto se burla
- Parce no es para tanto, vos exageras-
en ese momento pasan al lado de unos sujetos miran a Miguel y se ríen.
La sangre brujah se alboroto en su interior. Dio media
vuelta, miro los rostros sonrientes, alzó su puño y le dio un golpe en el
rostro a uno de los sujetos. El sonido fue seco. El fulano que cayó al piso inconsciente. Miro a los
demás de manera amenazante lo que provocó que salieran corriendo.
Se volteo y lleno de furia le dijo a Diego.
- Si no quieres que te pase lo mismo cierras
la jeta gran pendejo
Furioso caminó delante de él apretando el puño, y dejándolo
detrás.
Diego estaba sorprendido
y a la vez ofendido. Nunca Miguel se había mostrado tan grosero con él.
En silencio caminó detrás de él. Podía sentir en su aura la
furia que tenía, ¿pero no estaría exagerando? No era raro que los hombres entre
ellos se desafiaran, pero … bueno realmente no comprendía.
Miguel no solo caminaba raro también cojeaba. Su velocidad
aumentaba de a poco, hasta que desapareció de repente. Diego no supo a donde
fue, en ese momento que él también se
molesto.
- Ah granito de oro.. ahora sí me buscas me
encuentras, pendejo que no sabe hablar inglés y te vas solito.. No pues, tan
machito..- murmuraba entre dientes
No estaban en
posibilidad de ponerse a pelear en medio de una huida, pero ¿adivinen?, estaban
peleando en medio de una huida, y por un tema totalmente estúpido.
Diego camino furioso por las calles, buscándolo con la
mirada. Pero no estaba. Con cada metro
que caminaba se indisponía más. Hasta que encontró los famosos pantalones en el
suelo, atravesando la calle, pero sin rastro del que los llevaba. Estaban
hechos girones.
El sentimiento de rabia pasó a estar preocupado. Algo en su
interior le decía que algo olvidaba, pero su mente la bloqueaba. Estaba
confundido.
Caminó y a las dos calles había un hombre inconsciente y sin
pantalones, era evidente que Miguel se había alimentado de él.
Diego notó que solo debía seguir el rastro. Caminaba
pero guardándose la rabia que tenia.
Ando por un buen tramo, el tiempo hizo que se calmara, la intuición de
decía por donde ir hasta que le encontró sentado debajo de un árbol mirando un
punto fijo.
- Aquí estas. Dice en tono de reto. ¿vos qué?, ¿te vas solo supongo?
- ¿podrías dejarme solo?
- Pues si quieres te dejo a vos solo toda la
vida. Estuvo tentado en insultarlo pero se contuvo.
Diego nota un dejo de olor a vitae. ¿Miguel estaba
llorando?. No respondió a su frase. Se metió las manos al bolsillo de su “nuevo
pantalón” y le lanzó un rollo de billetes: 500 euros.
- ¿Los robaste?- se calmó de repente
- Estarás feliz
- No lo estoy- baja la voz- vos no lo estas
- ¿Quién lo está?- niega con la cabeza
con cierto desespero- tres meses en un
puto barco para que el maldito negro nos engañara, ¿tres meses para qué?
- Para llegar aquí parcero, trese..- le
pone la mano en el hombro- llegamos,
solo debemos pasar por los países, y no confiar en nadie, somos vos y yo,
¿recodas? (dice sin acentos), lo
mira a los ojos. Vos dijiste que saldríamos de esta juntos.
- Y lo haremos. Murmura. Sólo que odio todo esto, ni en nuestro país
nos quieren y ahora no somos de ninguna parte del mundo. Diego recordó como
le dolía ese tema. Somos un pedazo de
caca que todos quieren pisar.
Diego se levanto y le dijo.
- Vamos, debemos seguir- lo mira mientras
se levanta- parcerito, vos no me pelees,
luego busco como curarlo, de pelear nosotros dos no sale nada bueno, así que
tranquilizate sólo seguime. (dice sin acentos),
Y sin decir más continúan caminando. Miguel no alzo la
cabeza en todo el trayecto.
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