jueves, 8 de septiembre de 2011

Cartas a ninguna parte

“Ah porquería”, pensaba Diego, cuando vio frente a él un hombre con la espalda llena de moretones infectados por la aparente picadura de una mosca que había depositado sus larvas en su huésped.
Los insectos en áfrica son comunes, y establecen heridas que son de cuidado. La espalda del hombre negro estaba llena de folículos llenos de pus. Se mostraba muy adolorido. Diego de manera algo fría  comenzó con un largo proceso de limpiar heridas. Con una cuchilla  y unas pinzas (a falta de un instrumento quirúrgico mejor) comenzó a extraer las larvas que estaban causando estragos.

Hace unos años, él hubiera hecho este trabajo con gusto, pero ahora lo hacía con algo de tedio, el recuerdo de su práctica médica altruista era sólo un reflejo muerto de lo que fue su humanidad.
Estaba frente a la espalda de este hombre por pura obligación. Pero que lo hiciera por compromiso no indicaba que lo hiciera mal,  se tomaba la labor seriamente. La diferencia era que se fijaba en la biología y no en la persona detrás de ese cuerpo enfermo.

Era médico al fin y al cabo, y era una forma de ver las cosas, algo fría sin lugar a dudas, pero útil para lo que se requeria.

Acerca la cuchilla lentamente hacia el acceso de pus cortando levemente la piel, el hombre pega un quejido, pues es  muy doloroso. Diego ignora el dolor, y agradece que naturaleza vampira le haya quitado las nauseas y el reflejo del vomito pues la infección apesta. Toma las pinzas y saca el pequeño gusano bajo la piel, mientras limpia con un algodón la zona, liberándolo de los fluidos sanguinolentos. Cubre la herida con una sustancia desinfectante, y le pone una protección con gaza. 

“Va uno de cinco”. Dice en inglés de manera serena al hombre que está en la camilla. Procede entonces ha atacar al siguiente gusano. 

Afuera del salón Miguel mira a Diego trabajar a través de una ventana. Estaba a unos ocho metros de ahí sentado en una roca.

Hacer trabajar a Diego gratis, había sido parte del compromiso de reparación de su humanidad. Las personas de la población estaban agradecidas que un médico los atendiera, aunque no estaban muy conformes de que sólo  diera citas en las noches y  en las madrugadas. Pero aún así, dada la necesidad de servicio,  Diego tenía citas.

Miguel escucho al hombre quejarse, y miro el rostro impasible de su amigo. Lamentó que haya perdido eso que lo hacía especial. 

El olor pútrido de la infección llegaba a donde estaba él, lo cual le desagradaba. Era un hombre muy asquiento. 

Se le acerca un hombre, y le habla en inglés, Miguel no entiende nada. Le hace señales para que hable con Diego.

Pasa media hora, y Diego se libera del hombre sin los parásitos en la espalda. Le da indicaciones  de limpieza a la familia, e inmediatamente habla con aquel que lo esperaba.

Camina hacia Miguel desanimado, No pudo encontrar lo que necesito para la atención, le cobran mucho por los medicamentos, y al parecer trataron de estafarlo. Le explica a Miguel. Espero que  vos estés contento, acabo de atender a ese hombre que tenía toda una familia de gusanos  viviendo dentro de él. Hace un gesto frio.

Miguel lo mira. Claro que estoy contento, estas haciéndolo bien parce...muy bien. Dice de manera calmada y con una sonrisa, animándolo. Deme una lista de lo que necesita, y yo tratare de buscarlo.

Diego lo observa, ni sabía exactamente porque estaba haciendo eso, sí claro, para recobrar humanidad, pero en realidad sí era honesto, estaba haciendo eso, porque el Tres-se se lo había pedido, no porque en su corazón pensara que estaba haciendo lo adecuado. Se sentó al lado de Miguel con algo de disgusto.

De repente de su boca comienzan a salir algunas frases de desconsuelo.Conversaron brevemente de todo, y  llegaron  a la misma conclusión: necesitaban salir de ahí.  

Diego detestaba ese país africano y quería irse, a un lugar donde la pobreza no fuera sinónimo de miseria. Miguel, tampoco le gustaba, pero no veía otra solución, “por lo menos estaban haciendo algo bueno”, pensaba. 

El tremere desterrado quería marcharse de este lugar. Se deprimía más en el tubo que llamaba vivienda, y sentía que estaba empeorando con cada noche que pasaba. Las pesadillas comenzaron aparecer de manera continua. Se sentía nervioso y abandonado.

Miguel callaba, observaba y se comía sus sentimientos. Poco importaban para él sus propias necesidades, ahora tenía que preocuparse por Diego. Sabía que podía morir al cuidarle, pero... las razones del corazón eran más fuertes. Por lo menos ahora no sufrían de  hambre, el problema, en sí,  era pagar la renta.

Diego estaba preocupado, poco a poco habían conseguido algo de dinero, pero siempre estaban hasta el cuello de necesidades, y todo era muy costoso.

Caminaron hacía el lugar que llamaban hogar, y entraron al tubo subterráneo donde dormían.
Diego se acomoda en su esquina mirando hacia la pared, su rostro mostraba  preocupación. Pensaba que hacer para salir de ahí, sí sólo tuvieran más dinero.

Miguel se acomoda a su lado y se voltea dándole la espalda, después de un silencio repentino se puede sentir como el sol cubre la superficie y Diego queda dormido casi de manera inmediata.
Miguel entonces se acuesta boca arriba y se queda pensativo, mientras reza en silencio, pues a diferencia de Diego, el tarda en dormir. Decide cerrar los ojos, acostarse mirando la pared, e intentar quedarse dormido.

Por fin, el sueño lo vence, hasta que de repente algo lo despierta. Siente un golpeteo en su espalda.
Sorprendido abre los ojos, y mira por encima del hombro sin moverse, pues la sensación es extraña.
¡No puede creerlo!, se da cuenta que el causante de esa sensación es Diego quien le está tocando la espalda alta con ambas manos de manera sincronizada utilizando sus dedos.

-          ¿y este marica?.. piensa asustado y algo molesto. Parce, ¿qué hace?, pregunta sin hacer ningún movimiento agresivo, aunque pensando pegarle un codazo en el rostro.

Diego sin parar de toquetearlo con las yemas de ambas manos le dice molesto.

-          Vos no me interrumpas Miguel, qué no ves que estoy escribiendo una carta.
-          ¿una carta?,  abre los ojos sorprendido mientras siente que Diego no para frente al llamado de atención.
-          Sí, dice muy molesto, este maldito computador es muy lento, ¿vos no le habrás metido un virus al aparato entrando a ver porno?, ¿verdad?

Miguel se queda callado haciendo cara de, “¿este de qué está hablando?”  (o.O)

-          Ehh... Responde sin saber que contestar.
-          Ehh Ave María, vos no cuidas nada. Sigue moviendo los dedos, en el aparente techado del computador. Miguel se queda quieto.
-          ¿y a quien le escribe?
-          A Etrius. Más extrañado Miguel responde.
-          ¿a quién?. No sabía quién era ese.
-          Al jefe de todos, vos sabes, él nos ayudará.

Miguel hace un gesto lastimero. Pobre Diego, esta tan preocupado, qué se sueña escribiendo cartas al líder de su clan  y peor, él es el computador. Era triste, a pesar de que su clan le había dado la espalda, y era el causante de todos sus males, Diego aún soñaba con volver a pertenecer a ellos.
De repente siente un golpe fuerte en su espalda.

-          Auch, ¿qué pasó?. Se queja.
-          Este aparato se trabó.
-          Parce cuidado con el computador que costó plata, y entre otras, suba un poco más el techado,  este, más a la derecha, ahí...eso... dice al sentir que el lugar donde le incomodaba recibía un masaje.
-          Porquería de aparato, más lento no puede ser. Murmura con rabia Diego.
-          Oiga... respete.

Al caer la noche nuevamente Diego despierta ignorando todo lo que había ocurrido mientras dormía, no recordaba nada. Miguel no quiso molestarlo, a pesar de que le parecía gracioso el detalle. La noche transcurrió con regularidad con el aspecto positivo de que consiguieron el dinero para pagar el arriendo.  Nuevamente cansados cierran los ojos al caer la noche y al sentir el sol en la superficie, y nuevamente Miguel despierta con la singular sensación en la espalda.

-          ¿otra carta?, pregunta sorprendido
-          Sí,  ehh Ave María, van a saber quién soy yo, se metieron con el tremere equivocado, vida malparida...haré que me devuelvan mi casa, trabaje mucho para comprarla, dice mientras sigue techeando la espalda alta, vos no te preocupes, cuando recupere la casa, vos te vienes a vivir con migo, tengo un cuarto que solía arrendar a un costeño...
-          Eh.. bueno. Responde confundido, mientras mira por encima del hombro, la cara de Diego es de total concentración.
-          Ahh porquería de internet, murmura molesto, esto me pasa por contratar la ETB pa esta vaina, recuérdame contratar a la EPM...

Miguel se sonreía burlón, sí tuviera una cámara grabaría todo lo que el paisa le decía, pero como no lo tenía sólo se podía burlar en silencio de él, aunque en realidad lo que ocurría era triste, Diego debía estar muy estresado para soñar con eso.

A la noche siguiente ambos se despiertan, y Diego se muestra pensativo y preocupado mientras se acomoda los lentes. Mira a su amigo serio y le dice.

-          Tres-se, debo conseguir internet, debo escribirle un mail a mi sire a ver si nos ayuda.

Una carcajada retumba los “aparta-tubos subterráneos”. Diego no comprende nada.

1 comentario:

  1. xDDD pobre Diego, mira que soñar y soñar con escribir un mail que nunca se envía... hay que opnerle wi fi a miguel.
    A ver qué pasa cuando lo envíe despierto o.o

    Besoooos!!!!! tqm

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