viernes, 23 de septiembre de 2011

!Corra!, Parce !Corra!

 Diego estaba en total silencio en la pocilga. Estaba furioso con Miguel, muy furioso, prácticamente llevaba  cinco noches en la que no le dirigía la palabra, pero aún así permitía que estuviera a su lado cuando lloraba en silencio y se desesperaba. 

 Era curioso, sentía que no estaba dentro de sus cabales,  le costaba pensar  en oportunidades cuando olas de negativismo lo invadían. Pero el asunto del e-mail del sire se estaba convirtiendo en algo serio. Era impresionante como una persona que es ignorada por alguien que le importa sufre. La no respuesta de su sire lo había llenado de  temor, y de dolor. Ni siquiera una carta  insultándolo o negándole la ayuda, nada. Igual, para Diego era claro, que su sire lo hacía apropósito. La ayuda por parte de él no llegaría. Podía tener un sire millonario, pero, aún así, al parecer no les mandaría ni un solo dólar para estar mejor.

Para Miguel, Diego se había convertido en alguien a quien cuidar y mimar, como un niño malcriado que no tiene su dulce. Qué Diego no le hablara poco le afectaba, igual, aunque no lo quisieran dependían el uno del otro. El no se había equivocado, sólo trataba de salvarle el alma, cosa que era difícil.

-          ¿Parce vamos?
Diego ignora completamente a Miguel, no sabía  que quería, pero no estaba de buen humor. Nuevamente repite la pregunta, sin respuesta.
-          Bue... tons voy solo. Dice Miguel

Diego entonces reacciona tarde.

-          ¿ Vos a donde ...? 

Musita esas palabras cuando su amigo acababa de salir del lugar. De repente sintió algo en el pecho, eso no le gustaba. Se levanta del tubo, cierra la puerta y sale a buscar a Miguel. Mira a lado y lado, y no está. “!cómo es posible que se haya perdido en menos de un minuto!”. Algo no le gustaba, así que camino buscando la salida más lógica. Caminó por un largo trecho. Sentía que estaba cerca, pero no lo veía. Recorrió  un callejón y de repente siente que lo halan hacia una pared.

-          No sea bandera, agáchese Le dice Miguel de manera algo prevenida. Bandera es un término ordinario, para señalar que una persona “se muestra mucho”. ¿no era que no iba a venir?
-          Me dio una mala sensación esto, por eso te seguí. Le replica. ¿Vos qué pretendes hacer?
-          Psss  baje la voz. Se asoma. Qué si nos oyen nos metemos en líos.

Diego alza  una ceja, y en ese instante realmente se preocupa. Su cuello se tensiona, y mira a Miguel con una expresión alarmista.

-          Tres-se, explícame qué hacemos aquí. Mira  a su amigo preocupado.
-          Pos vamos a conseguirle las medicinas.
-          ¿QUE??
-          Carajo, baje la voz. Le dice en tono de regaño. Sí se pone bandera, nos agarran.

Diego palidece. ¿Acaso estaban haciendo, lo que él cree que estaban haciendo?. Abre los ojos alarmado y cuando está a punto de decirle  “parce vámonos de aquí”, Miguel le da un golpecillo en el hombro y sale corriendo  hacia otro recoveco esperando que él lo siguiera. Diego quien nunca en su vida había robado, y a pesar de su falta de humanidad, el asunto le parecía, muy incomodo. Era como sí sus valores gritaran por dentro, “eso no se hace”.  Abrió los ojos asustado, y vio que Miguel le hacía señas para que caminara rápido. Casi petrificado,  duda,  y lo mira haciéndole señas con el dedo índice de que no iría, pero Miguel manotea, y le señala, con un poco más de autoridad que le siga. Diego mira de un lugar al otro y por fin pasa rápido a la otra esquina.

-          Vos estás loco. Lo mira. Devolvámonos Miguel.... por favor. Dice casi en suplica.
-          Calla. Dice Miguel concentrado. Mira.

En ese momento un sujeto  sale de un almacén, le pone seguro y sale caminando en dirección de ellos. Diego puede sentir como una gota de sudor sanguinolenta se le escurre por la frente. El empleado pasa a pocos centímetros de ellos y para a unos 10 cm de donde están. Diego no sabe que pensar, ¿qué ocurriría si se da cuenta?. El empleado prende un cigarrillo, y se va caminando, mientras Diego se siente aliviado.

Miguel le  da una tela que identifico inmediatamente.

-          ¿y esa media de mujer?
-          Pa la cabeza. Dice Miguel  quitándose los lentes, y poniéndose esa tela de gorrito.
-          Parce yo... le iba a decir que no se sentía muy cómodo con eso, pero él no lo dejo terminar.
-          Rápido hermano.. dice Miguel mirando la puerta, pueden haber cámaras, es mejor, créame.

Diego hace una cara  de tragedia cuando se pone la media en la cabeza, mientras piensa, qué esa faceta de Miguel no la conocía. Se pone la media, y mira a Miguel,  el rostro de ambos esta deformado por la tela. Se veían algo graciosos. 

Miguel, le da un golpecillo en la espalda a Diego para que lo siga, y Diego lo hace asustado. Llegan a la puerta del local,  y Miguel pone la mano en el candado, se concentra y lo arranca. Diego mira atrás de su hombro asustado,  Se abre la puerta de la bodega e ingresan.

-          No toques nada parce, apure.

Diego lo sigue, nuevamente preguntándose, “¿qué demonios hago ahí?”, está muy nervioso. Nuevamente Miguel lo  llama. Hay un armario lleno de medicinas.

-          ¿Cuáles?
-          ¿Cuáles qué? Replica Diego.
-          ¿Cuáles medicinas?... Dice Miguel con cara de “este man es mucha hueva”
-          Ehhhhh... pues... le costaba pensar rápido, estas, y estas... y...

Miguel comenzó a recoger todo rápidamente, lo ponía en una tula. En menos de nada tenían muchas medicinas en el saco.

Mientras Miguel seguía recogiéndolas, Diego da un paso para atrás, y suena que algo se rompe. La sorpresa es peor cuando una alarma retumba en el lugar. El tremere abre los ojos asustado.

-          Le dije que no tocara nada. Dice Miguel tocándose la cabeza. Larguémonos de aquí.

 Diego  se sentía asustado y mucho. Camina agitadamente siguiendo a Miguel quien en vez de salir por la puerta principal, se asoman por el cristal que hay en la puerta que hay al jardín y  ven  muro a unos cuantos metros, con suerte podrían saltarlo.

-          Parce debemos apurarnos, la policía no demora. Lo mira. Yo voy primero con las medicinas, salto la vaina esa y lo espero para darle la mano, soy más ágil, podemos hacerlo.

Esa frase no fue pronunciada para discutirla sino para ejecutarla. Diego no tuvo tiempo de decir que no le parecía justo. Miguel como un rayo utilizando celeridad cruza el jardín y salta,  Diego lo sigue corriendo,  pero ha sorpresa  un ladrido de un perro lo sigue.

-          Hay Jueputa lo que faltaba.

Corre sintiendo al perro detrás de él, corre con todas sus fuerzas,  parando justo en el borde del muro. Trata de  utilizar sus pocas destrezas para huir del pastor alemán, pero resbala.  “juepu...”. Mira la cara de canino por un segundo, antes de que este se abalance a morderlo, y es ahí cuando siente que lo agarran de los hombros y lo suben.

-          ¿estás bien?

Diego esta aterrorizado, mira su pantalón, esta rasgado.  No puede creerlo

-          Vámonos. Añade Miguel

El camino hacia la pocilga duro muy pocos minutos pero a Diego le parecieron eternos, nunca había tenido que correr huyendo de la policía, y cuando por fin llegaron a la pocilga no podía evitar mirar la puerta esperando que fueran arrestados.

-          Fresqueese parce, que todo salió bien.
-          ¡¿Cómo vos podés decirme que me fresquee?!,  dice quitándose la media de la cabeza, acabábamos de robar una droguería, casi me muerde un perro, y la policía nos esta buscándo!
-          No exagere. Miguel se ríe. A lo bien que no nos vieron, Diosito nos ayudo.
-          ¡Parce eso no se hace!. Dice Diego de manera moral.
-          Es cierto parce, no se hace. Añade Miguel arrepentido, pero en parte contento por esa expresión de moralidad.  Venga parce... debemos hacer algo.

El brujah mira el techo del tubo como si Dios estuviera ahí. Miguel se arrodilla  y se da la bendición y mientras  le pone la mano en el hombro de su amigo dice. “Diosito, perdone por haber robado el día de hoy, pero era la única forma que personas que no tienen medico, tengan salud, por favor, súmele este pecado a mi alma, el parcero no tiene responsabilidad en esto” Mira con una sonrisa a  Miguel, “Dale fuerza a mi parce pa superar el dolor que tiene en su alma, y ayúdame a ayudarlo, el se merece una segunda oportunidad”. Cierra los ojos y comienza a orar, “Padre Nuestro...”

La oración fue respondida por Diego, quien también le pidió a Dios que lo ayudara.

Al terminar las oraciones Miguel lo mira y le dice.

-          “¿tons cuento con buste para la próxima?

La mirada de Diego lo dice todo. La pobre madre de Miguel recibió una ofensa sin merecerlo.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Derrota

El reflejo azul se veía en sus lentes, mientras con total concentración escribía, un mail en español con un estilo muy personal, cómo el que se escribe a una persona que es importante y también cercana.

“Apreciado Alex :

Supongo que  vos estas molesto conmigo para no responder mi primer correo. Sé que soy  ahora tu vergüenza y la de todos los del clan. Cómo te manifesté en mi primer misiva, estoy en una situación muy delicada, no tengo dinero, y estoy viviendo de  manera muy precaria. Vos sabes que siempre hice lo que  vos me aconsejaste, y ahora, en este momento, necesito de ti, cómo mi sire y mi guía. Nunca pensé caer tan bajo...

(Al escribir a Diego se le escurre una lágrima de sangre por el rostro)

Vos sabes qué lo que hice fue por un engaño, vos me conoces. Ayúdame por favor.

Atentamente y esperando tu respuesta,

Diego”

Mientras él daba “enviar” a su segundo e-mail no podía dejar de sentirse despreciable. El silencio de alguien que se estima, es a veces peor que mil cachetadas. 

Hace una semana mandó un primer correo, pidiendo ayuda  sin ninguna respuesta, pero este segundo, era más una súplica, estaba desesperado.

La no respuesta de su sire lo tenía sumamente deprimido. El había sido su guía, su padre, y su apoyo durante toda su no vida vampirica. La relación era muy cercana, a tal punto que en un tiempo vivió con él en Bogotá, aprendió de él, y en parte, aunque no era fácil aceptarlo, dependió de él en muchos aspectos. Y Ahora que  en realidad lo necesitaba él no le respondía los correos.

Sintió por primera vez como, las consecuencias de sus actos, se derrumbaban encima de él. Había engañado a su clan, era una deshonra y merecía la muerte, no era digno de pertenecer a la pirámide, ya no era un tremere, era... cualquier cosa.  Ya no era digno de la estima y cariño de su sire.

No soy nada. Se repetía mentalmente. No soy humano, no lo volveré hacer, perdí mi vida, perdí mis cosas, y perdí mi alma, no tengo salida y tampoco me importa.

Salió  de ese local de internet pagando lo mínimo. No demoró mucho haciendo el e-mail. Camino de manera aletargada por las calles llenas de gente, sintiéndose un pedazo de excremento andante a punto de estallar. ¿qué más da?, ya nada valía la pena, y todo era un fraude. Tratar de ayudar a otros era un fraude, él mismo era una mentira con piernas,  caminaba pensando sí el infierno era peor que esto que vivía, sí moría, entraría a un estado ya conocido. No se merecía la felicidad, no se merecía el perdón, no se merecía un e-mail de apoyo de su sire.

Caminaba como zombie por las calles, saliendo por terrenos menos transitados, por esa vía polvorienta y sin pavimentar que iba al tugurio donde vivía.

De repente no pudo más y se derrumbo a la orilla de una carretera.

Le dolía su alma  y comenzó a llorar a mares, se tocaba el pecho sintiendo que, este, se le iba a salir de su negro corazón. 

Pedía que el cielo se abriera y un rayo lo fulminara, que un lupino lo destrozara en pedazos, que por fin alguien le diera esa paz que necesitaba. Por lo menos en el infierno a nadie  dañaria.

Se arrastró hacía el fondo de ese prado, mirando  la tierra seca debajo de su cuerpo y se apoyó contra una ladera mugrosa, donde se acurruco  como un perro mirando el cielo y las estrellas.

Era mejor esconderse de todo, era mejor ocultarse... era mejor el fin.

Se quedo quieto, son moverse, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y miraban al cielo. Se quedaría ahí, no volvería a esa pocilga, sólo esperaría que el sol lo quemase, y le ayudaría al mundo a qué un peligro, como era él, siguiera existiendo. Se tocaba el pecho  mientras cerraba los ojos y lloraba.

Mientras la oscuridad que lo embargaba  lo dominaba. Los ojos cerrados simplemente le permitían no ver la realidad, se dejo entonces llevar por la misma. Ya nada importaba. Un olor se hizo presente, le parecía conocido, pero no abrió los ojos.  Sólo se dio cuenta de quien se trataba cuando  sintió que una mano pasaba por encima de su cabeza.

-          Parce vámonos.
-          Dejame morir Miguel. Dice Diego sin abrir los ojos.
Un silencio los embarga, pero Diego sigue hablando.
-          Dejame ir, murmura, ya no lo soporto, le haré un bien a todos cuando no este, vos estarás bien, dejame.

Otro silencio los embarga. Ese “dejame” era doloroso. Diego lo pronunciaba sin acentos, como era común en el sintió donde nació.

-          Cuando el sol venga, dejaré de existir, y vos podrás dejar de tener esta carga en la que me he convertido. Murmura mirando las estrellas. Ya no soy nada, y vos estarás mejor, no soy digno ni para que mi propio sire me conteste una carta, soy invisible..
-          Está bien. Responde Miguel de manera tranquila.

Diego por primera vez mira a Miguel que cómo el mira el cielo. Ese “está bien” no se lo esperaba del todo, pero en parte lo aliviaba. ¿Quiere decir que el tres-se aceptaba su suicidio?

No tenía ganas de moverse,  así que se quedo donde estaba, paralizado viendo al cielo. Pensando con cierto alivio que por fin descansaría, y sintiendo algo de paz frente a esa solución. Su cuerpo muerto se sentía adormilado, y sólo miraba el cielo.

Diego vuelve a ver a su izquierda, y se da cuenta que Miguel tampoco se mueve.

-          Creo que es hora de que te vayas
-          No quiero
-          ¿cómo?, murmura sin entender nada.

Una línea roja de sangre se escurre lateral a sus lentes oscuros.

-          No te voy a dejar sólo. Dice con voz entrecortada. Sí te vas, nos vámos los dos.
-          Vos deja la maricada Miguel, eso  es estúpido, vos te vas y yo me quedo, ¿acaso sí yo me tiro por un puente vos también?
-          Pos veo como me obligas a irme.
-          Ehh Ave María, ¡Qué maricada es esta!, no jodás, ni que fueramos novios, nooo ¿qué es esto?,   manotea, esto no es Shakespeare, vaya maricada tan hijueputa, no jodas... vos te vas ahora mismo, y me dejas morir qué yo me quiero ir solito, no necesito compañía, no compre perro faldero pa tenerte a ti, no jodas. Agrega muy molesto. lárgate y dejame solo...entendés, S-O-L-O, no necesito compañía pa suicidarme.
-          Pos no sé quién es  Chespere, o lo que sea, pero le repito de nuevo, veo como buste me obliga a irme.

Diego mira amenazante a Miguel, él sí tiene motivos para vivir, él no.

-          ¿vos cómo te vas a suicidar sí vos todavía tienes vainas por las cuales luchar?
-          Dígame a ver cuales, pues. Dice el tres-se algo molesto. A ver lo oigo hablar.

Diego le parecía injusto que él lo acompañara, su vida y su alma no se habían estropeado tanto, además, no podía permitir, que por su culpa, su amigo también muriera. Mira a su amigo tratándolo de convencerlo.

-          ¡Pues claro que me oirás!. Lo mira de frente. Vos tienes tus ideales, eres un hombre bueno, tienes tus ganas de cambiar al marica país,  de luchar por lo que crees, agrega de manera frenética, podés viajar, no sé, acostarte con muchas viejas,  disfrutar algo..

Miguel niega con la cabeza y dice

-          Primero, ya no vivo en el marica país  por el cual luchaba,  señala con dos dedos, segundo, perdí al amor de mi vida, y las otras hembras no me interesan, tercero, agrega un dedo más, los ideales no sirven de nada aquí en las Africas y ya no tengo ganas de luchar, cuarto, sigue señalando con la mano,  ya no tengo a donde ir, quinto, muestra la mano completa,  también estoy deprimido, y sexto,  agrega un dedo de su segunda mano, también me quiero suicidar.... entons, me quedo.
-          ¡Vaya mierda, vos estás loco!... . Diego se levanta, y comienza a caminar hacia la pocilga, “Entonces te suicidarás solo pues...”
 
Comienza a caminar furioso, mientras lentamente Miguel lo sigue con una sonrisilla que Diego nunca noto.

 “Esa joda de la psicología inversa existe”, pensaba para sí mientras veía a Diego bajar por las escalerillas  que llevaban a los aparta-tubos subterráneos.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Cartas a ninguna parte

“Ah porquería”, pensaba Diego, cuando vio frente a él un hombre con la espalda llena de moretones infectados por la aparente picadura de una mosca que había depositado sus larvas en su huésped.
Los insectos en áfrica son comunes, y establecen heridas que son de cuidado. La espalda del hombre negro estaba llena de folículos llenos de pus. Se mostraba muy adolorido. Diego de manera algo fría  comenzó con un largo proceso de limpiar heridas. Con una cuchilla  y unas pinzas (a falta de un instrumento quirúrgico mejor) comenzó a extraer las larvas que estaban causando estragos.

Hace unos años, él hubiera hecho este trabajo con gusto, pero ahora lo hacía con algo de tedio, el recuerdo de su práctica médica altruista era sólo un reflejo muerto de lo que fue su humanidad.
Estaba frente a la espalda de este hombre por pura obligación. Pero que lo hiciera por compromiso no indicaba que lo hiciera mal,  se tomaba la labor seriamente. La diferencia era que se fijaba en la biología y no en la persona detrás de ese cuerpo enfermo.

Era médico al fin y al cabo, y era una forma de ver las cosas, algo fría sin lugar a dudas, pero útil para lo que se requeria.

Acerca la cuchilla lentamente hacia el acceso de pus cortando levemente la piel, el hombre pega un quejido, pues es  muy doloroso. Diego ignora el dolor, y agradece que naturaleza vampira le haya quitado las nauseas y el reflejo del vomito pues la infección apesta. Toma las pinzas y saca el pequeño gusano bajo la piel, mientras limpia con un algodón la zona, liberándolo de los fluidos sanguinolentos. Cubre la herida con una sustancia desinfectante, y le pone una protección con gaza. 

“Va uno de cinco”. Dice en inglés de manera serena al hombre que está en la camilla. Procede entonces ha atacar al siguiente gusano. 

Afuera del salón Miguel mira a Diego trabajar a través de una ventana. Estaba a unos ocho metros de ahí sentado en una roca.

Hacer trabajar a Diego gratis, había sido parte del compromiso de reparación de su humanidad. Las personas de la población estaban agradecidas que un médico los atendiera, aunque no estaban muy conformes de que sólo  diera citas en las noches y  en las madrugadas. Pero aún así, dada la necesidad de servicio,  Diego tenía citas.

Miguel escucho al hombre quejarse, y miro el rostro impasible de su amigo. Lamentó que haya perdido eso que lo hacía especial. 

El olor pútrido de la infección llegaba a donde estaba él, lo cual le desagradaba. Era un hombre muy asquiento. 

Se le acerca un hombre, y le habla en inglés, Miguel no entiende nada. Le hace señales para que hable con Diego.

Pasa media hora, y Diego se libera del hombre sin los parásitos en la espalda. Le da indicaciones  de limpieza a la familia, e inmediatamente habla con aquel que lo esperaba.

Camina hacia Miguel desanimado, No pudo encontrar lo que necesito para la atención, le cobran mucho por los medicamentos, y al parecer trataron de estafarlo. Le explica a Miguel. Espero que  vos estés contento, acabo de atender a ese hombre que tenía toda una familia de gusanos  viviendo dentro de él. Hace un gesto frio.

Miguel lo mira. Claro que estoy contento, estas haciéndolo bien parce...muy bien. Dice de manera calmada y con una sonrisa, animándolo. Deme una lista de lo que necesita, y yo tratare de buscarlo.

Diego lo observa, ni sabía exactamente porque estaba haciendo eso, sí claro, para recobrar humanidad, pero en realidad sí era honesto, estaba haciendo eso, porque el Tres-se se lo había pedido, no porque en su corazón pensara que estaba haciendo lo adecuado. Se sentó al lado de Miguel con algo de disgusto.

De repente de su boca comienzan a salir algunas frases de desconsuelo.Conversaron brevemente de todo, y  llegaron  a la misma conclusión: necesitaban salir de ahí.  

Diego detestaba ese país africano y quería irse, a un lugar donde la pobreza no fuera sinónimo de miseria. Miguel, tampoco le gustaba, pero no veía otra solución, “por lo menos estaban haciendo algo bueno”, pensaba. 

El tremere desterrado quería marcharse de este lugar. Se deprimía más en el tubo que llamaba vivienda, y sentía que estaba empeorando con cada noche que pasaba. Las pesadillas comenzaron aparecer de manera continua. Se sentía nervioso y abandonado.

Miguel callaba, observaba y se comía sus sentimientos. Poco importaban para él sus propias necesidades, ahora tenía que preocuparse por Diego. Sabía que podía morir al cuidarle, pero... las razones del corazón eran más fuertes. Por lo menos ahora no sufrían de  hambre, el problema, en sí,  era pagar la renta.

Diego estaba preocupado, poco a poco habían conseguido algo de dinero, pero siempre estaban hasta el cuello de necesidades, y todo era muy costoso.

Caminaron hacía el lugar que llamaban hogar, y entraron al tubo subterráneo donde dormían.
Diego se acomoda en su esquina mirando hacia la pared, su rostro mostraba  preocupación. Pensaba que hacer para salir de ahí, sí sólo tuvieran más dinero.

Miguel se acomoda a su lado y se voltea dándole la espalda, después de un silencio repentino se puede sentir como el sol cubre la superficie y Diego queda dormido casi de manera inmediata.
Miguel entonces se acuesta boca arriba y se queda pensativo, mientras reza en silencio, pues a diferencia de Diego, el tarda en dormir. Decide cerrar los ojos, acostarse mirando la pared, e intentar quedarse dormido.

Por fin, el sueño lo vence, hasta que de repente algo lo despierta. Siente un golpeteo en su espalda.
Sorprendido abre los ojos, y mira por encima del hombro sin moverse, pues la sensación es extraña.
¡No puede creerlo!, se da cuenta que el causante de esa sensación es Diego quien le está tocando la espalda alta con ambas manos de manera sincronizada utilizando sus dedos.

-          ¿y este marica?.. piensa asustado y algo molesto. Parce, ¿qué hace?, pregunta sin hacer ningún movimiento agresivo, aunque pensando pegarle un codazo en el rostro.

Diego sin parar de toquetearlo con las yemas de ambas manos le dice molesto.

-          Vos no me interrumpas Miguel, qué no ves que estoy escribiendo una carta.
-          ¿una carta?,  abre los ojos sorprendido mientras siente que Diego no para frente al llamado de atención.
-          Sí, dice muy molesto, este maldito computador es muy lento, ¿vos no le habrás metido un virus al aparato entrando a ver porno?, ¿verdad?

Miguel se queda callado haciendo cara de, “¿este de qué está hablando?”  (o.O)

-          Ehh... Responde sin saber que contestar.
-          Ehh Ave María, vos no cuidas nada. Sigue moviendo los dedos, en el aparente techado del computador. Miguel se queda quieto.
-          ¿y a quien le escribe?
-          A Etrius. Más extrañado Miguel responde.
-          ¿a quién?. No sabía quién era ese.
-          Al jefe de todos, vos sabes, él nos ayudará.

Miguel hace un gesto lastimero. Pobre Diego, esta tan preocupado, qué se sueña escribiendo cartas al líder de su clan  y peor, él es el computador. Era triste, a pesar de que su clan le había dado la espalda, y era el causante de todos sus males, Diego aún soñaba con volver a pertenecer a ellos.
De repente siente un golpe fuerte en su espalda.

-          Auch, ¿qué pasó?. Se queja.
-          Este aparato se trabó.
-          Parce cuidado con el computador que costó plata, y entre otras, suba un poco más el techado,  este, más a la derecha, ahí...eso... dice al sentir que el lugar donde le incomodaba recibía un masaje.
-          Porquería de aparato, más lento no puede ser. Murmura con rabia Diego.
-          Oiga... respete.

Al caer la noche nuevamente Diego despierta ignorando todo lo que había ocurrido mientras dormía, no recordaba nada. Miguel no quiso molestarlo, a pesar de que le parecía gracioso el detalle. La noche transcurrió con regularidad con el aspecto positivo de que consiguieron el dinero para pagar el arriendo.  Nuevamente cansados cierran los ojos al caer la noche y al sentir el sol en la superficie, y nuevamente Miguel despierta con la singular sensación en la espalda.

-          ¿otra carta?, pregunta sorprendido
-          Sí,  ehh Ave María, van a saber quién soy yo, se metieron con el tremere equivocado, vida malparida...haré que me devuelvan mi casa, trabaje mucho para comprarla, dice mientras sigue techeando la espalda alta, vos no te preocupes, cuando recupere la casa, vos te vienes a vivir con migo, tengo un cuarto que solía arrendar a un costeño...
-          Eh.. bueno. Responde confundido, mientras mira por encima del hombro, la cara de Diego es de total concentración.
-          Ahh porquería de internet, murmura molesto, esto me pasa por contratar la ETB pa esta vaina, recuérdame contratar a la EPM...

Miguel se sonreía burlón, sí tuviera una cámara grabaría todo lo que el paisa le decía, pero como no lo tenía sólo se podía burlar en silencio de él, aunque en realidad lo que ocurría era triste, Diego debía estar muy estresado para soñar con eso.

A la noche siguiente ambos se despiertan, y Diego se muestra pensativo y preocupado mientras se acomoda los lentes. Mira a su amigo serio y le dice.

-          Tres-se, debo conseguir internet, debo escribirle un mail a mi sire a ver si nos ayuda.

Una carcajada retumba los “aparta-tubos subterráneos”. Diego no comprende nada.

domingo, 17 de abril de 2011

Buenas intenciones

Un olor desagradable inunda todo. Un hombre agachado en cuclillas mira el cúmulo de basura buscando algo. Se acerca a una botella rota, mira un trozo de ese vidrio picudo  y lo descarta. No era lo que buscaba. Se siente realmente paranoide en ese lugar, mira por encima de su hombro a cada rato. Tiene miedo. Camina en cuclillas , y ve algo que puede servir, básicamente lo toma de la base y de un tirón lo arranca. Un dolor leve se siente mientras lo hace, pero no le importa. Servirá.

Como un ladrón que no quiere ser visto, y de manera baja camina  agachado hasta que sale a una vía oscura abrazando aquello que necesitaba. Aprovecha la oscura planicie para correr y llegar en unos pocos minutos a la pocilga donde vivían.

Entra  por la puerta y la cierra inmediatamente.

-          ¿Qué traes? Dice Diego mirándolo con los ojos cansados.
-          Parce conseguí el hierro para la puerta, y esta vara para trabarlo, me “cranee” como hacerlo más seguro, pero tuve que robarme del depósito de chatarra el material, esto nos servirá para la puerta. 
    - Sí quiera vos sabes algo de eso, yo no soy muy diestro. Dice Diego por un segundo cuando siente un olor especial. ¿vos te cortaste? Dice mirando a Miguel a los ojos al sentir el olor dulce.

Miguel se mira la palma de la mano que gotea  su propia vitae,  sin contestar nada   se relame la herida. Ha sido una tontería eso, debió hacerlo antes de entrar.   No fue algo muy inteligente, y más ahora que tienen hambre.
Sin embargo en la mente de Diego algo sucedió en ese instante. Algo que no pudo controlar.

Miguel se concentra en la puerta, el tubo que había robado le serviría para la bisagra  dañada. Solo pondría ese tubo de manera horizontal por los espacios   y así uniría otra vez la puerta a la estructura, luego para mantenerlo ajustado utilizaría por el momento una tela  la cual entrelazaría para unir los metales. Pero eso sería temporal, lo  más conveniente seria buscar alguna otra cosa más efectiva.

Mientras pone el tubo, mira de reojo y nota algo que no le gusta. Diego ha tocado una de las gotas de sangre que había en el suelo y se  ha llevado el dedo a la boca.

Miguel le mira con desconfianza, y Diego abre los ojos apenado. Por alguna razón se le dio por analizar la sangre de su amigo en ese preciso momento. Los tremere tienen la capacidad de buscar información sobre otro  vampiro con sólo probar una muestra muy pequeña  de  su vitae. Diego había recogido la información sobre Miguel con tanta rapidez que le había faltado tiempo para entender lo que ahora sabía.

Hay un silencio muy incomodo entre ellos mientras él sigue poniendo la puerta.  Diego lo miraba como suplicándole que le perdonara. 

-          ¿tu estas planeando matarme?. Pregunta Miguel de manera seria
-          ¡Claro que no! Responde Diego de manera rápida tratando de explicarse, pero antes de que pudiera continuar, su amigo le responde de manera cortante.
-          Iré por algo para comer, ya vuelvo.
       
Y tras decir eso sale de la pocilga directo hacia el exterior. Su mente se llenó de preguntas, y           sintió algo de temor frente a lo que acababa de suceder. ¿Cómo interpretarlo?. Diego había perdido humanidad, y podía entrar en frenesí sí estaba hambriento, y sí él estaba cerca, llevaría las de perder. Por otra parte, ese ejercicio ya se lo había visto hacer antes a Diego, sabía qué era una indagación de información. Estaba confundido.

No quería arriesgarse, sea cual sea su motivación  debía conseguir comida,  o alguien o algo  que le sirviera para alimentarse.

Se sintió realmente mal, no sabía inglés y eso lo limitaba para comunicarse con otros, pero debía cazar y asegurarse de no matar. 

Caminaba por dicho barrio mirando de un lugar a otro, cuando de repente alguién le toca el hombro y él se sobresalta. 

-          Soy yo, perdón, no quería asustarte.

Miguel lo mira sin hablar como respondiéndole como se siente

-           Lo sé. Contesta Diego, demasiado tarde. Dice triste mientras se arregla las gafas en actitud humilde.  Lo lamento, de veras. Cierra los ojos y trata de controlarse. Deje el cuarto asegurado, creo que mejor  vos y yo, hacemos esto entre los dos, no me aguanto a que vos regreses. Mira el suelo lleno de emociones.
-          Me parece, pero ya sabe la condición... contesta con disgusto
-          Ya la sé, ya la sé... repite como cuando un hijo responde al padre.

Caminaron hacia un sector concurrido del sector, había bares y gente cerca. La música se escuchaba dentro de los establecimientos pero al no tener dinero no podían entrar a los mismos. Diego estaba en silencio, se sentía terrible, ¿en realidad qué era lo que le estaba pasando?, fue un acto impulsivo aquel, motivado por su hambre. Lo bueno de eso, es que posiblemente Miguel se daría cuenta que era peligroso, y posiblemente optaría por abandonarlo.

Sin embargo su amigo era muy terco, ¿qué tendría que pasar para que él se alejara?
  
Se ubicaron en una esquina, miró al tres-se (como le decía) y el se mostraba tranquilo, parecía más interesado en evaluar el ambiente qué en otra cosa. No sabía inglés pero inspeccionaba todo. Le tocó el hombro y  andó delante de él indicándole que lo siguiera.

Caminaron hacía un parque tranquilo y oscuro, había sillas y mesas alrededor de una plaza. En unas mesas, iluminadas por un farol había un par de viejos jugando Ajedrez, uno de los ancianos se levanta y se despide del otro que se queda jugando en solitario.

Diego entonces ve su oportunidad, se acerca caminando hacia el anciano  que está en la mesa y dice:

-          ¿hay cupo para el juego? Dice en un buen inglés. Adoro el ajedrez
-          Oh claro joven, siéntese.

Mientras organizan las fichas para comenzar Diego mira a Miguel que no está lejos de él, parece vigilándolo, pero a su vez observando todo. Justo en ese momento unas jóvenes  negras se sientan en una silla y comienzan hablar con  complicidad. Y es en ese momento, Diego pone atención a lo que está ocurriendo.

Por primera vez desde que lo conoce  ve como su mejor amigo utilizaba su presencia  para atraer a los humanos.

Sentándose de manera casual había recogido un periódico pretendiendo leer, y mientras lo hacía miraba de reojo a las tres jóvenes. Al poco tiempo, aquellas comenzaron a murmurar cosas en relación al misterioso extraño.

Diego movió un peón de manera distraída mientras observaba a su amigo aplicar de manera diestra su don de atracción. No podía creer que  él  a quien sólo lo veía pelear y reír tuviera esa habilidad. Ya entendía porque se jactaba de ser un don Juan.

El anciano, no podía ver nada de lo que ocurrió pues le daba la espalda  a las jóvenes y juiciosamente movía las fichas.

Miguel hace entonces un movimiento curioso, se quita sus lentes. Y las tres mujeres en ese instante no pueden dejar de mirarlo. El sonríe y les hace una señal para que se acerquen con la mano. Las chicas se miran unas a las otras y sonriendo se levantan y se sientan a su lado, justo en ese instante Diego pone atención a la mesa.

-          Jaque mate.
-          ¿qué?

El viejo le había ganado y Diego se sentía algo humillado, pero comprendía que él en realidad no le estaba poniendo gran atención al juego. Tenía hambre, y sí bien el anciano pudo ser su cena parecía que Miguel había conseguido comida  para los dos. Miguel le hace una señal para que se acerque.

-          Oh disculpe,  fue un juego corto, pero debo irme.
-          Mi nombre es Keegan. Contesta el anciano. Suelo estar por acá si quiere jugar.
-          Oh muchas gracias señor, soy Die... David.
-          Mucho gusto, espero verlo.
-          Sin duda.

Ya a este nivel Diego se había levantado de la mesa y caminado a donde estaba Miguel. Las mujeres le hacían muchas preguntas, y él no contestaba. Diego le parecía gracioso, estaba en un lio terrible por no saber el idioma.

-          Hola, le dice a las mujeres en inglés, el es Michael. Les dice a las chicas que se muestran muy interesada. No habla muy bien inglés, pero sí quieren yo les puedo traducir. Dice de manera caballeresca y coqueta. Entre otras  soy David.

Diego comenzó hacer algo que sabía hacer muy bien, hablar de manera encantadora y caballeresca para  que las mujeres se sintieran interesadas. Miguel le decía algunas cosas para que le tradujera. Se levantaron y una de las mujeres estableció que podían ir a su casa, para tomar algo y conocerse. Y así lo hicieron.

La casa era pequeña y algo precaria, pero a diferencia de donde ellos estaban viviendo, era una mansión.

 Cazar, para un vampiro,  es un acto de paciencia, pero el nivel de hambre les hacia ir de manera más apresurada. Después de llegar a la residencia, y sentarse frente a la TV, aprovecharon el encantamiento de Miguel para ir un poco más rápido.  Dos de las mujeres se sentaron al lado de Miguel en el sofá y la tercera fue hacia la cocina, presa fácil para Diego quien se levanto detrás de ella y después de seducirla apropiadamente logró alimentarse apoyado en una esquina. El placer de la sangre se sintió en todo su ser. Curiosamente mientras la mordía sintió que Miguel lo llamaba, era claro que lo estaba controlando para que no hiciera una barbaridad. Paro de alimentarse,  y se sintió mucho mejor de ánimo. Sentía que podía pensar mejor, ya la bestia no estaba jugueteando como antes con sus acciones. Al regresar a la pequeña sala, Miguel acababa  de alimentarse de una de las chicas. Luego aprovechando la distracción de la TV se alimentaron de nuevo. Salieron apresuradamente de la casa porque el padre de la chica había llegado.

En el camino, la tensión que había entre ambos se desvaneció. Miguel hizo algunas bromas y Diego le dijo que le enseñaría algunas frases en inglés para esos momentos, lo que genero muchas bromas. Parecía ser que volvían a ser los de antes.

La bestia  estaba controlada  y podían hablar y curar raspones. Llegaron a la posilga,  y habia signos de que alguien intento abrir la puerta, pero sin mucho éxito.

-          Debí suponerlo, aquí los ladrones aprovechan la oportunidad como en todo.
-          Eh Ave María, se ríe Diego, que bueno que tengo mis truquitos debajo de la manga para los rateros.

Entraron a la pocilga y cerraron la puerta recientemente arreglada.

-          No sé como lo hiciste. Dice Miguel mientras entra y se da cuenta, que a su parecer, esa puerta se abría mas fácil de lo que cualquiera pensaba.
-          Hay parcero, yo sé hacer cosas que nos pueden ser muy útiles. Lo abraza de medio lado. Pero vos  eres el corazón de todo esto, yo solo soy las manos, yo estoy acá es por vos, si no  me dejaría morir. Lo mira. No quería asustarlo, en realidad, hice algo que solemos hacer los tremere de analizar la vitae de otro vampiro, pero en realidad no lo hice con ningún plan, sólo fue algo impulsivo.... perdóneme.

Miguel lo mira de manera tranquila, más relajado por tener sus suministros de sangre al día. En su mente sabía que él decía la verdad ... todo lo que les ocurria  eran pruebas.

-          ¿y qué averiguo?
-          Qué vos eres más poderoso de lo que aparentas.
-          Eso a mí no me sirve para nada. Sólo responde de manera neutra restándole importancia.

Diego sonríe con dolor, Miguel era muy humano, él sabía que dicha información podía ser utilizada en su contra, pero sin embargo parecía no importarle. Se sentía mal, al saber que estaba haciendo algo sin saberlo y motivado por su bestia que podía ser potencialmente peligroso. Ojala Miguel se hubiera alejado cuando se lo pidió.

-          Parce. Dice de manera seria. Te voy a decir a vos algo que es muy serio, vos debes pensarlo. Hace una pausa y lo dice de manera grave. Vos sabes que soy peligroso, yo no sé hasta donde pueda llegar, y ahora que tengo un momento de lucidez, te diré algo que creo que es  justo. Hace una pausa. sí yo llego a volverme  incontrolable,  y comienzo a hacer cosas terribles, parce. Lo mira a los ojos, vos debes matarme. Miguel lo mira sorprendido. Debes hacerlo, porque yo no quiero hacerle más daño a las personas.

Miguel hace un silencio y quitándole la gravedad a la sombría conversación le dice.
-          No te voy a matar, solo te daré una paliza, te sacare los dientes y te partiré todos los huesos. Se ríe en son de broma y dice de manera más seria. No te matare porque tú vas a comenzar hacer cosas buenas en vez de cosas terribles.

-          No entiendo como vos eso lo ves tan fácil.  Niega con la cabeza un poco disgustado de la reacción tan leve de su amigo frente a un tema tan serio.
-          Tu prometiste qué harías lo que te pidiera, ¿verdad?, pos vas hacer eso mismo parcero, y mañana hablaremos con alguien de la comunidad para ver cómo podemos comenzar ayudar a esta gente.
-          Ni que fuera sor Teresa de Calcuta.
-          No, tú no eres tan fea.  Se ríe como si fuera un gran chiste. Sólo te falta maquillaje.  

Y tras decir eso  una carcajada se escucha en el corredor mientras en el interior de la pocilga Diego mira a Miguel con complicidad.

-          Estás loco, pero lo intentaré.

Una sonrisa de satisfacción se dibuja en el rostro del brujah.

martes, 8 de marzo de 2011

La pocilga

La noche se tornaba peligrosa mientras recorrían las turbias calles de ciudad del cabo, tenían un problema, necesitaban un refugio pero no tenían  suficiente dinero para algo digno.

Miguel caminaba en silencio confundido por la situación que hace pocas horas acababa de protagonizar con Diego. Su amigo se estaba enloqueciendo, o peor, estaba recibiendo en su no vida el castigo hacia sus pecados. Mientras anda  mira de reojo a Diego quien  se había lavado el rostro después del encuentro con la serpiente, debía limpiar sus lagrimas, había comenzado a demostrar su usual nerviosismo pero un poco magnificado por las circunstancias. Las calles de dicho sector apestaban, había suciedad, basura, ratas y olor a mierda.

Era una pesadilla.

Cada visión de ese horrible lugar era como un puñal que se clavaba en el estomago de Diego, quien luego del susto estaba realmente amedrantado.

Saca el papel que tenía en un pantalón y mira alrededor. Una tienda cuyo techo es de lata, sostenida por postes de madera albergaba gran cantidad  de hombres y mujeres, era la que estaban buscando.

El lugar estaba lleno de gente, pero ambos vampiros podían saber por la estampa cuales eran como ellos, y dicho grupo estaba al fondo en una mesa de madera sucia jugando domino. 

Diego trata de concentrarse para no parecer débil. No sabían a qué tipo de gente se enfrentaban, y para peor Miguel no sabía el idioma así qué no era muy útil. Le hace una señal para que le siga, y  se va adentrando a la tienda, específicamente a la mesa de aquellos desconocidos. Justo antes de llegar un par de hombres fuertes les prohíben seguir avanzando.

-          Buscamos a Climent. Dice casi en un murmullo. Dijeron que el estaba arrendando un espacio.

Uno de los hombres se acerca a un hombre negro que da la espalda. Le murmura algo al oído y este mira por encima de su hombro, y hace una señal para que se acerquen.

Miguel puede notar que este lugar es su dominio, posible cualquier error lo pagarían con la muerte de manera inmediata, además algo al fondo lo pone en alerta. Mira a Diego preocupado.

-          ¿Qué buscan?

Dice mientras ellos caminan hacia él, y cuando por fin lo ven de frente, tienen a un hombre de color, de unos 50 años, arrugado y sin un ojo. Si bien tiene un parche que oculta eso, si hay una fea cicatriz alrededor del pómulo, que indica que perdió este sentido de una manera muy violenta. Sus dedos tienen anillos de oro, y un diente brilla del mismo material. Viste de manera informal, aunque con ropa limpia y cuidada.

-          Nos hablaron de usted. Dice Diego en inglés. Mi nombre es  David   y el es Michael, somos sin clan y buscamos un lugar donde vivir, nos dijeron que usted podría ayudarnos.
-          No son de acá...tienen un acento raro. Dice el hombre mirándolos con desconfianza. ¿de donde son?
-          Somos suramericanos. Responde Diego sin decir mucho.

El hombre dice algo en un idioma que Diego no conoce, pero que parece, por la expresión de su rostro una burla. Muchos de las personas también hablaban una lengua nativa, Afrikaans, además del inglés.

-          ¿Cuánto dinero tienen?.
La pregunta era de por sí incomoda, y ridícula. Pero no podían mentir.
-          Muy poco, venimos de manera ilegal. Dice casi en un murmullo. Nos dijeron que usted tenía sitio, pagaremos puntual, trabajaremos, se lo aseguro.
-          ¿son sólo ustedes dos?
-         
-          ¿qué dice?, interrumpe Miguel preguntando, Diego le hace una señal de silencio, no es el momento para traducir, su amigo podía ser muy inoportuno.

-          Tienen suerte, acaban de abandonarme un sitio hace dos horas, el cuerpo del sujeto lo acaban de encontrar. Señala un baúl donde una mano inerte sobresale, Diego traga saliva sanguinolenta al ver la situación. Esperen unos minutos, estoy en un partido...

Diego se aleja haciéndole señas a Miguel quien muestra cara de no entender nada, y estar asustado, porque antes de que Diego se diera cuenta, el ya había visto la mano que cuelga del baul.

-          Dice que tiene un sitio, que dejo el  moraco que tienen en el baúl.
-          ¿El hogar de un muerto?. Manifiesta sorprendido y con asco.
-          Al parecer parce. Dice preocupado poniéndose las gafas. Vos y yo esperaremos a que el hombre se desocupe, y luego nos mostrará el sitio.

A Miguel no le gustaba nada la situación, y a Diego menos. Esos hombres se veían en extremo peligrosos, no sabían nada de donde se estaban metiendo, lo único que la persona con la que hablaron les dijo era que él era una especie de líder de los sin clan en ciudad del cabo. Pero al parecer, este también manejaba una especie de mafia.

Ambos trataban de evitar que fuera evidente el miedo que sentían. Estaban en una ciudad de un país lejano, viviendo en una cultura muy diferente a la propia, y nada de lo que veían les gustaban, y menos cuando hace unas tres horas habían tenido una pelea y Diego había tenido una crisis nerviosa. Miguel rogaba a los ángeles que les ayudaran.

El hombre ganó la partida de  dominó y se levantó seguido de uno de los gorilas, les hizo una señal para que lo siguieran, el hombre de seguridad armado acariciaba su arma con cierto tinte amenazador, a Miguel eso no le asustaba en realidad, sabía que muchos hacían eso para amedrentar, pero acariciar un arma era distinto que dispararla, eso era seguro.

Caminaron por un trecho algo pantanoso, a lo lejos se ve una casa de metal vieja que tiene al lado una chatarrería. Los hierros retorcidos y otros elementos de metal se acumulan como un cementerio de lo que alguna vez sirvió. 

Climent le hace una señal a un hombre quien  corre uno de los supuestos escombros, curiosamente, “eso” parecía ser una puerta que conducía a un lugar subterráneo, una escalera se veía desde ahí, un olor ha guardado sale de ahí. Miguel arruga la nariz pues no soporta los malos olores,  era curioso que  era bastante asquiento frente a algunas circunstancias, en realidad este guerrero no podía soportar algunos detalles. Diego le mira de reojo, el también habia sentido el olor, pero no podían hacer nada.
Siguen a Climent que va por delante, mientras el escolta espera que todos pasen para andar detrás de todos.

Entran dentro de un tubo gigante de alcantarillado que tienen varias conexiones secundarias,  se ven  especies de puertas de madera y metal que tapan los sectores, está oscuro, aunque algunos sectores tienen iluminación, pero no eléctrica... o por lo menos no parece.

Dan una vuelta a una esquina, una mujer desagradable sale de su escondite y los mira con amenaza mientras ellos siguen caminando. Después de poco, llegan a un sector que señala el hombre tuerto.

-Aquí es, Patea de manera literal un trozo de madera y este cae, ante ellos estaba el supuesto apartamento, un tubo de unos 2.5 de diámetro y  4 de largo. El piso estaba cubierto de basura, y polvo. 100 rangs  al mes, si lo quieren con electricidad 300 rands.

-          ¿el triple por electricidad?
-          Cuestan mucho los cables. Afirma el hombre, aunque Diego sabe que es una simple forma de explotar a la gente. Se paga de contado.

Diego y Miguel se miran unos a otros, se miraron el bolsillo, tenían unos 400 rands  pero no podían gastarse todo en un chiquero con un bombillo. Igual 100 rand era muy poco, pero para ellos era mucho. El hombre nota la expresión de desagrado de los hombres.

-          Pero si quieren pisos venecianos y  plata mejor busquen otro, este lugar se llena pronto.
-          No, lo tomamos.  

Dice Diego murmurándole a Miguel que sacara la plata y entregándole los billetes al hombre quien sonríe y les dice de manera ironica, "Bienvenidos a su hogar"  y da media vuelta.  Tras retirarse Diego y Miguel solo pueden ver un tubo lleno de basura cuya puerta se cae.

El hombre con el guardaespaldas se alejan mientras Diego  entra y con una expresión de “me vale” se sienta en un borde. Miguel dura un tiempo pensando sí entrar, le revolvía el estomago.

-          Es lo único que podemos pagar Tres-se, así que entra. Dice  de manera fría mientras lo ve en el pasillo.

Miguel entra y  se sienta al lado tratando de evitar que “la puerta” se le callera encima, debe agacharse para entrar, dado que el techo es irregular. Se sienta al frente de Diego en silencio. Mira a su lado y hay un cumulo de ropa sucia y basura.

-          Es una mierda. Murmura
-          Lo sé. Dice Diego tratando de contralarse, pues mentalmente estaba a punto de derrumbarse, así que se pone las manos en la cara.

Miguel  se pone de mal humor por lo que ve toma una bolsa que ve ahí y comienza a poner la basura dentro, lo hace con disgusto e ira y de repente siente que algo se mueve  y pega un grito de susto, mientas manotea rápidamente y salta golpeando su cabeza con el techo. Diego mira el terror de su amigo, y nota como de la basura sale una enorme rata que por el golpe tras unos pasos cae muerta. Mira el animal, y sus pensamientos racionales se nublan y se abalanza hacia ella para comer.... así estaría de hambriento.
Luego de vaciarla, nota que Miguel lo mira con asco.

-          Bueno agradezca que le traje el almuerzo. Hace un gesto de repulsión.
-          Tres-se  vos cállate, que vos te tragaste la culebra.
-          Pero sabía a pescado..
-          No me importa.

Manotea al ver la rata inerte al lado, en el interior deseaba que hubiera otra igual en el resto de la basura, pero no era así.

Miguel siguió recogiendo la basura con una expresión de repudio, todo lo había ahí apestaba. Lleno dos  bolsas y el resto lo saco a la superficie, al resto de la basura. El servicio de limpieza de la ciudad no era muy bueno.

Cuando llego Diego estaba también ayudando, estaba acumulando con un trapo el polvo en una esquina. Necesitaban de todo, un cepillo o escoba para el piso sería genial. Y básicamente en ese lugar no cabía gran cosa, había unas cajas de manera en buen estado del propietario anterior, el resto parecía haber sido saqueado. Iban a tener problemas de seguridad, y esa puerta necesitaba ser remplazada o mejorada. Ambos acordaron que no vivirían entre la mugre aunque el lugar fuera una pocilga... posible luego encontraría algo mejor.

En silencio cuando sintieron que llegaría el amanecer se recostaron en el piso casi uno al lado del otro, dado  que buscaba el lugar menos sucio para echarse. Mañana buscarían agua, una escoba o cepillo y limpiarían, tratarían de asegurar la puerta, para que las alimañas  ni los rateros pudieran entrar.   

Luego, cuando tuvieran cosas tendrían que acumularlas como pudieran, no había mucho espacio. Diego trataba de recordar algún ritual que los mantuviera seguros de los intrusos, pero estaba tan acongojado que su memoria poco le servía. Dormir en ese tuvo era muy incomodo, y en el silencio de la noche a punto de morir solo se escuchaban los sollozos  de ambos frente a la tristeza de su futuro incierto. Diego se dio el permiso nuevamente de derrumbarse emocionalmente y llorar hasta quedarse dormido.

jueves, 10 de febrero de 2011

El comienzo de las pesadillas

Todo viaje tiene un comienzo, y este no es la excepción. Un contacto rico les ofreció transporte a cualquier lugar del mundo después de esa trágica historia en el Japón donde Diego por poco muere. Una piedra enorme le cayó encima y Miguel duro mucho tiempo tratando de liberarlo, mientras un cainita poderoso fuera de control los atacaba. Diego quería morir, descansar y terminar con todo. Pero Miguel no se rindió, sabía que en los demás no podría confiar, y que sí debían partir, no tendrían inconveniente de dejarlos solos. Un milagro hizo que  los extraños hombres rata lo ayudaran y lo sacaran de ese entierro.

Tras cumplir una misión un hombre poderoso les dio un pasaje a cualquier lugar del mundo, y luego de pensarlo, decidieron que dado de que se escondían de miles de personas  y clanes, era mejor ir a un lugar donde usualmente nadie, con mucho sentido común iría.

Volver a Colombia estaba vetado, y África se vio como una buena  alternativa.

No iban solos, en realidad viajaban con un tercer compañero, un alemán con fama de homosexual que los había ayudado de manera agradecida en los últimos sucesos. Miguel y Diego a pesar de la “mariconería”, habían aprendido a apreciar a este hombre.

Ciudad del Cabo parecía un buen lugar para comenzar, el alemán, llamado Alder no tenía mucho interés en quedarse en sur África, pero si quería  desviar un poco el viaje, y llegar a Alemania por otros rumbos. Esperaba, vengarse de su sire, quien al parecer le torturo. La suerte estaba de su lado,  una situación crítica tras una llamada inesperada, hicieron que el alemán viera la oportunidad única de viajar a Europa, en un medio  más efectivo.

Se despidieron un día después de llegar a Ciudad del Cabo y perdieron el contacto.

Fue en ese momento, que Diego y Miguel se quedaron solos, en una ciudad donde las personas de color eran mayoría y donde la pobreza era evidente.

Se cambiaron el nombre, y se presentaban ante los demás cainitas con alias. David y Michael,  se llamaban ahora ante el principado y los otros. Conservaban la primera letra del nombre original, y aunque Miguel odiaba el apelativo que Diego en su creatividad le había puesto, debió conformarse. Nadie hablaba español por esas tierras, y nadie tampoco tenía el interés de aprender ese idioma.
La única plata con la que contaban era el pago a Miguel  por quinientos dólares que se había  ganado por cuidar a un La sombra que encontró en Japón. Diego se había molestado por ese trabajo, pero agradeció que tuvieran  por lo menos eso, aunque era muy poco.

Y es así   como terminaron en las calles..

***

Tras caminar mucho decidieron parar en el camino para pensar que iban hacer. Había una roca grande, y se sentaron al lado de ella para hablar y mirar el cielo, el cual estaba algo nublado. Diego estaba de mal humor, porque se sentía frustrado frente a todos los cambios.

Cuando un vampiro esta de mal humor puede mostrar lo peor de él, y más cuando carece de  humanidad.

Hacía calor lo que era lo de menos, sus cuerpos muertos poco les afectaba eso, sin embargo sí había una peste que invadía todo.

Miguel mientras descansaban en silencio se notaba preocupado, no sabían dónde iban a vivir, y tenían muy poco efectivo.

Sin embargo también le preocupaba Diego quien estaba irritable y expresaba su malestar personal de distintas formas.
-          ¿Parce?, dice Miguel mirándolo de reojo, ¿ya se siente mejor?
-          No, pero no importa. Dice Diego mirando el cielo mientras se acomodaba en la roca. Este lugar es más precario de lo que pensé, pero es lo que vos y yo buscábamos ¿no es cierto?,  alejarnos de todo, por acá no nos encontraran... pues tendremos que vivir en la mierda.
-          Parce, yo soy pobre, y siempre he vivido en la pobreza, pero esto yo no sé cómo llamarlo, aquí están peor que en Colombia...  sonríe de manera triste, cómo extraño la tierrita.

Diego mira a Miguel quien parece a punto de llorar.
-          El hogar esta donde uno este parce. Lo dice con cierta frialdad. Así que no penses en eso que no te hace bien a vos, a mi ya no me importa donde estar.

"Ya no me importa nada", piensa.

Tengo hambre, ¿sabe?, podríamos  cazar, por aquí la gente es tan negra que se confunde con la oscuridad, posible podremos sacar a uno de estos negros de la miseria en la que viven.

Miguel quien estaba al lado nota la expresión de “no me importa” de Diego, y la actitud fría frente a la vida de un ser humano. Lo mira serio y niega con la cabeza. Diego no era así,  antes no hubiera dicho ese comentario, pero las cosas habían cambiado.

La mayor parte del tiempo Diego mostraba “su parte buena”, pero había momentos, como en este, en que Diego sacaba a relucir el corazón duro  que adquirió por la falta de humanidad. Su mal humor, había dejado a relucir lo que realmente era.

-          ¿Y a vos ahora que te pasa? Reclama Diego, al ver el cambio de actitud de Miguel
-          Tú sabes qué me pasa. Dice Miguel con tono serio. Una muerte más no te ayudará.
-          Uno más, uno menos, ¿qué más dá?, ya la he cagado mucho... ¡qué carajo!
Miguel lo mira a los ojos, y casi como una cachetada le dice lo siguiente.
-          ¿tu quieres terminar de podrirte no es cierto?. Le dice en un tono muy duro. ¿vos quieres joderte por completo?. Se levanta de un salto.  Te joderás sólo entonces,  yo no juego a esa pendejada y lo sabes...

Diego  reclina la cabeza  hacia atrás en señal de disgusto y de frustración, y al ver que Miguel se ha levantado y se levanta furioso detrás de él.

-          Vos deja la huevonada que vos sabes que no lo digo en serio.
Miguel lo mira como sí leyera su mente.
-          Parce, yo nací por la noche pero no anoche. Miguel lo mira de frente. Yo sé cuando buste habla en serio, así que no me venga a cambiar la película, y decir que buste estaba bromeando. Le dice en tono de regaño. Sí va a quebrarse un negrito,  y se quiere terminar de cagar el alma, pos de paso únase al Sabbat parce, que eso lo ayuda resto. Le señala con la mano.  Sí tú te quieres convertir en una porquería, con migo no cuentes... yo soy tu amigo pa las buenas, pa las malas no.
-          ¡Ah parcero deje la maricada pues! Le grita enojado. ¿Vos ahora me juzgas  a mi también?, ahh no que bonito, pues pa esos amigos ni pa que enemigos, ¿sabes qué?, Abrite si eso es lo que querés,! y no me jodás!

Miguel se le cuarteó el corazón cuando ve que se voltea y se va. Esa había sido la primera discusión que habían tenido desde que se conocieron, y podía ser la última.

Diego manoteo y miro a Miguel con rabia pura. Su bestia lo hacía de repente aborrecer a ese que es su amigo, estaba teniendo una rabieta por lo que le había dicho. Hizo un gesto de desprecio mientras caminaba en dirección contraria, dejando a Miguel con una sensación de desagrado.

Poco a poco Diego comenzó a caminar más rápido y él lo perdió de vista, lentamente comenzó a caminar detrás de él, aunque en su interior habían un conjunto diverso de emociones.

Antes, sí otra persona le hubiera hablado así, lo hubiera golpeado inmediatamente, pero Miguel había cambiado, a punta de golpes y malas experiencias.

Diego caminó rápidamente bordeando la calle, estaba furioso, y sus ojos mostraban ira. Apretó los puños y  pateo una piedra en el camino. Lo que él no vio fue lo que estaba detrás de la piedra.
Una serpiente café  reacciono inmediatamente clavándole sus colmillos en la pantorrilla. Diego grito al mismo tiempo que perdía el equilibrio y caía sin saber que lo había mordido, hasta que vio con horror a la serpiente en el camino que se mostraba muy agresiva.

Un instinto primario se activo, y trato de evadir la serpiente, sintió algo de miedo, pero lo que vendría después lo paralizaría más. Encima de la serpiente se formo una bruma con una  figura que él ya había visto, pero sólo en ese momento pudo reconocer.

La niña que el había matado estaba al lado de la serpiente con una expresión de odio, señalo a Diego con dolor.

“Tú me mataste, tú me quitaste todo”.

El rostro de Diego se transformo en total terror, mientras se arrastraba  alejándose del espíritu quien junto a la serpiente se veía totalmente amenazante.
-     
     De..dejame en paz, yo yo..lo siento... yo...

La visión se hacía más vivida, y Diego comenzó a llorar mientras la niña lo señalaba. Se arrastraba  sin ver a donde iba, y  sin poderlo controlar, solo sintió que su cuerpo se precipitaba de espaldas hacia algún sitio.

Había caído a una especie de zanja. Podía ver todavía a la serpiente acercándose.  Se tapo la cara con los puños aterrorizados y grito.

En ese momento, una mancha rápida se interpuso y un brillo metálico corto en dos la serpiente.
Miguel  empuñando su espada, estaba ahora frente a él. Se acerco inmediatamente y Diego se tapo con las manos sus ojos para llorar. Miguel le miro la pantorrilla, y pudo ver como un liquido amarillento salía de la herida. Era el veneno.

El ataque de la serpiente no lo mataría, pero la impresión de ese encuentro con la muchacha  marcaría para siempre a Diego.

Ese simple hecho le había recordado el dolor que también el sufrió al matar, y se dio cuenta de que por mucho que tuviera su humanidad afectada, nunca dejaría de sentirse culpable por lo que hizo.
Miguel se acerco y consoló a su mejor amigo olvidando inmediatamente la pelea. Diego llorando, y casi en un estado histérico le dijo entre sollozos que lo perdonara, qué trataría de volver a ser el de antes.