jueves, 10 de febrero de 2011

El comienzo de las pesadillas

Todo viaje tiene un comienzo, y este no es la excepción. Un contacto rico les ofreció transporte a cualquier lugar del mundo después de esa trágica historia en el Japón donde Diego por poco muere. Una piedra enorme le cayó encima y Miguel duro mucho tiempo tratando de liberarlo, mientras un cainita poderoso fuera de control los atacaba. Diego quería morir, descansar y terminar con todo. Pero Miguel no se rindió, sabía que en los demás no podría confiar, y que sí debían partir, no tendrían inconveniente de dejarlos solos. Un milagro hizo que  los extraños hombres rata lo ayudaran y lo sacaran de ese entierro.

Tras cumplir una misión un hombre poderoso les dio un pasaje a cualquier lugar del mundo, y luego de pensarlo, decidieron que dado de que se escondían de miles de personas  y clanes, era mejor ir a un lugar donde usualmente nadie, con mucho sentido común iría.

Volver a Colombia estaba vetado, y África se vio como una buena  alternativa.

No iban solos, en realidad viajaban con un tercer compañero, un alemán con fama de homosexual que los había ayudado de manera agradecida en los últimos sucesos. Miguel y Diego a pesar de la “mariconería”, habían aprendido a apreciar a este hombre.

Ciudad del Cabo parecía un buen lugar para comenzar, el alemán, llamado Alder no tenía mucho interés en quedarse en sur África, pero si quería  desviar un poco el viaje, y llegar a Alemania por otros rumbos. Esperaba, vengarse de su sire, quien al parecer le torturo. La suerte estaba de su lado,  una situación crítica tras una llamada inesperada, hicieron que el alemán viera la oportunidad única de viajar a Europa, en un medio  más efectivo.

Se despidieron un día después de llegar a Ciudad del Cabo y perdieron el contacto.

Fue en ese momento, que Diego y Miguel se quedaron solos, en una ciudad donde las personas de color eran mayoría y donde la pobreza era evidente.

Se cambiaron el nombre, y se presentaban ante los demás cainitas con alias. David y Michael,  se llamaban ahora ante el principado y los otros. Conservaban la primera letra del nombre original, y aunque Miguel odiaba el apelativo que Diego en su creatividad le había puesto, debió conformarse. Nadie hablaba español por esas tierras, y nadie tampoco tenía el interés de aprender ese idioma.
La única plata con la que contaban era el pago a Miguel  por quinientos dólares que se había  ganado por cuidar a un La sombra que encontró en Japón. Diego se había molestado por ese trabajo, pero agradeció que tuvieran  por lo menos eso, aunque era muy poco.

Y es así   como terminaron en las calles..

***

Tras caminar mucho decidieron parar en el camino para pensar que iban hacer. Había una roca grande, y se sentaron al lado de ella para hablar y mirar el cielo, el cual estaba algo nublado. Diego estaba de mal humor, porque se sentía frustrado frente a todos los cambios.

Cuando un vampiro esta de mal humor puede mostrar lo peor de él, y más cuando carece de  humanidad.

Hacía calor lo que era lo de menos, sus cuerpos muertos poco les afectaba eso, sin embargo sí había una peste que invadía todo.

Miguel mientras descansaban en silencio se notaba preocupado, no sabían dónde iban a vivir, y tenían muy poco efectivo.

Sin embargo también le preocupaba Diego quien estaba irritable y expresaba su malestar personal de distintas formas.
-          ¿Parce?, dice Miguel mirándolo de reojo, ¿ya se siente mejor?
-          No, pero no importa. Dice Diego mirando el cielo mientras se acomodaba en la roca. Este lugar es más precario de lo que pensé, pero es lo que vos y yo buscábamos ¿no es cierto?,  alejarnos de todo, por acá no nos encontraran... pues tendremos que vivir en la mierda.
-          Parce, yo soy pobre, y siempre he vivido en la pobreza, pero esto yo no sé cómo llamarlo, aquí están peor que en Colombia...  sonríe de manera triste, cómo extraño la tierrita.

Diego mira a Miguel quien parece a punto de llorar.
-          El hogar esta donde uno este parce. Lo dice con cierta frialdad. Así que no penses en eso que no te hace bien a vos, a mi ya no me importa donde estar.

"Ya no me importa nada", piensa.

Tengo hambre, ¿sabe?, podríamos  cazar, por aquí la gente es tan negra que se confunde con la oscuridad, posible podremos sacar a uno de estos negros de la miseria en la que viven.

Miguel quien estaba al lado nota la expresión de “no me importa” de Diego, y la actitud fría frente a la vida de un ser humano. Lo mira serio y niega con la cabeza. Diego no era así,  antes no hubiera dicho ese comentario, pero las cosas habían cambiado.

La mayor parte del tiempo Diego mostraba “su parte buena”, pero había momentos, como en este, en que Diego sacaba a relucir el corazón duro  que adquirió por la falta de humanidad. Su mal humor, había dejado a relucir lo que realmente era.

-          ¿Y a vos ahora que te pasa? Reclama Diego, al ver el cambio de actitud de Miguel
-          Tú sabes qué me pasa. Dice Miguel con tono serio. Una muerte más no te ayudará.
-          Uno más, uno menos, ¿qué más dá?, ya la he cagado mucho... ¡qué carajo!
Miguel lo mira a los ojos, y casi como una cachetada le dice lo siguiente.
-          ¿tu quieres terminar de podrirte no es cierto?. Le dice en un tono muy duro. ¿vos quieres joderte por completo?. Se levanta de un salto.  Te joderás sólo entonces,  yo no juego a esa pendejada y lo sabes...

Diego  reclina la cabeza  hacia atrás en señal de disgusto y de frustración, y al ver que Miguel se ha levantado y se levanta furioso detrás de él.

-          Vos deja la huevonada que vos sabes que no lo digo en serio.
Miguel lo mira como sí leyera su mente.
-          Parce, yo nací por la noche pero no anoche. Miguel lo mira de frente. Yo sé cuando buste habla en serio, así que no me venga a cambiar la película, y decir que buste estaba bromeando. Le dice en tono de regaño. Sí va a quebrarse un negrito,  y se quiere terminar de cagar el alma, pos de paso únase al Sabbat parce, que eso lo ayuda resto. Le señala con la mano.  Sí tú te quieres convertir en una porquería, con migo no cuentes... yo soy tu amigo pa las buenas, pa las malas no.
-          ¡Ah parcero deje la maricada pues! Le grita enojado. ¿Vos ahora me juzgas  a mi también?, ahh no que bonito, pues pa esos amigos ni pa que enemigos, ¿sabes qué?, Abrite si eso es lo que querés,! y no me jodás!

Miguel se le cuarteó el corazón cuando ve que se voltea y se va. Esa había sido la primera discusión que habían tenido desde que se conocieron, y podía ser la última.

Diego manoteo y miro a Miguel con rabia pura. Su bestia lo hacía de repente aborrecer a ese que es su amigo, estaba teniendo una rabieta por lo que le había dicho. Hizo un gesto de desprecio mientras caminaba en dirección contraria, dejando a Miguel con una sensación de desagrado.

Poco a poco Diego comenzó a caminar más rápido y él lo perdió de vista, lentamente comenzó a caminar detrás de él, aunque en su interior habían un conjunto diverso de emociones.

Antes, sí otra persona le hubiera hablado así, lo hubiera golpeado inmediatamente, pero Miguel había cambiado, a punta de golpes y malas experiencias.

Diego caminó rápidamente bordeando la calle, estaba furioso, y sus ojos mostraban ira. Apretó los puños y  pateo una piedra en el camino. Lo que él no vio fue lo que estaba detrás de la piedra.
Una serpiente café  reacciono inmediatamente clavándole sus colmillos en la pantorrilla. Diego grito al mismo tiempo que perdía el equilibrio y caía sin saber que lo había mordido, hasta que vio con horror a la serpiente en el camino que se mostraba muy agresiva.

Un instinto primario se activo, y trato de evadir la serpiente, sintió algo de miedo, pero lo que vendría después lo paralizaría más. Encima de la serpiente se formo una bruma con una  figura que él ya había visto, pero sólo en ese momento pudo reconocer.

La niña que el había matado estaba al lado de la serpiente con una expresión de odio, señalo a Diego con dolor.

“Tú me mataste, tú me quitaste todo”.

El rostro de Diego se transformo en total terror, mientras se arrastraba  alejándose del espíritu quien junto a la serpiente se veía totalmente amenazante.
-     
     De..dejame en paz, yo yo..lo siento... yo...

La visión se hacía más vivida, y Diego comenzó a llorar mientras la niña lo señalaba. Se arrastraba  sin ver a donde iba, y  sin poderlo controlar, solo sintió que su cuerpo se precipitaba de espaldas hacia algún sitio.

Había caído a una especie de zanja. Podía ver todavía a la serpiente acercándose.  Se tapo la cara con los puños aterrorizados y grito.

En ese momento, una mancha rápida se interpuso y un brillo metálico corto en dos la serpiente.
Miguel  empuñando su espada, estaba ahora frente a él. Se acerco inmediatamente y Diego se tapo con las manos sus ojos para llorar. Miguel le miro la pantorrilla, y pudo ver como un liquido amarillento salía de la herida. Era el veneno.

El ataque de la serpiente no lo mataría, pero la impresión de ese encuentro con la muchacha  marcaría para siempre a Diego.

Ese simple hecho le había recordado el dolor que también el sufrió al matar, y se dio cuenta de que por mucho que tuviera su humanidad afectada, nunca dejaría de sentirse culpable por lo que hizo.
Miguel se acerco y consoló a su mejor amigo olvidando inmediatamente la pelea. Diego llorando, y casi en un estado histérico le dijo entre sollozos que lo perdonara, qué trataría de volver a ser el de antes.

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