domingo, 5 de enero de 2014

Lo que apesta no es solo lo que hiede.



En ese espacio reducido nuevamente estos dos amigos se encuentran uno al lado del otro. Con el sol del nuevo día ambos se acomodan dentro de ese pequeño y justo espacio. Miguel se quejaba cada vez que Diego medio dormido rosaba su pie quemado. Es impresionante las quemaduras que un cainita se puede hacer en unos pocos segundos de contacto al fuego.
Diego no estaba muy cómodo apoyando torpemente  su cabeza en  Miguel que de manera casi literal era un cabeza dura. En su incomodidad escucho a los residentes hablar, y aunque adormilado abrió los ojos preocupado. Dejo que los sonidos se fueran lejos de donde estaba él.

Miguel quien tampoco había dormido nada pregunto tímidamente que ocurría.

-              Necesitamos salir de aquí pronto.
-              ¿Qué pasa?
-              Que vos y yo apestamos a los mil demonios. Están diciendo que alguna rata se murió aquí arriba y que deben investigar que hiede.

La situación que en otros momentos se pudo ver graciosa, en esos momentos era crítica. Miguel arruga la nariz de manera exagerada como si la mención  del Paisa le resonara que no se ha bañado en meses.  Diego recordó la tendencia “delicada” de su amigo asquiento, mientras rogaba que la limpieza no la hicieran hoy, ninguno de los dos olía a rosas y menos luego de vivir tres meses en un barco pesquero y seis meses más en una cloaca.

-              Yo soy pobre pero no cochino… y ahora soy un pobre cochino…

Murmuro Miguel con desanimo, aunque parecía una burla realmente se estaba quejando. Diego cerró los ojos esperando que su falta de humanidad le permitiera dormir, mientras  Miguel aterrorizado contaba los minutos sin tener reloj. Quería que se hiciera de noche. Sintió que la gente trato de abrir la escotilla sin mucho éxito (pues claro ambos estaban encima de ella), y pidió a Dios que se fueran para que mañana pudieran escapar.

Mientras esperaba que el sol se ocultara miro las bolsas apiladas en el sector, y para su gusto encontró unos pantalones. Ya era humillante apestar como tener que robar ropa.  El espacio era tan pequeño que no podía acomodarse para ponerse los pantalones.

Diego abrió los ojos cuando volvió escuchar las voces de los residentes buscando una escalera. Dado que se sentía bien y no adormilado, supuso que la noche ya había caído, ¿pero cómo salir?
Mientras nerviosos por los constantes movimientos  de abajo comenzaron a sentir otros sonidos provenientes del techo. 

Diego señalo el techo en silencio y reconocieron que ocurría al instante: Llovía fuertemente. Miguel que sentía que los movimientos de abajo se le acercaban más al trasero aprovecho el ruido de un trueno para golpear el techo de la vivienda,  un hueco mediano se abrió a su paso , y el agua entró inmediatamente. La luna creciente los recibió. De un salto ambos salieron al techo y comenzaron a caminar entre las losas . Eran torrentes y torrentes de agua. Caminaron torpemente y completamente mojados hasta llegar a un sector plano. Miraron atrás y la casa de donde salieron ya no se veía. 

Miguel miro hacia el cielo, mientras el agua caía por su rostro.  Se quito la camisa y el pantalón roto  bañandose su cuerpo, pasando la mano y quitando la tierra y el mal olor.  No había jabón pero si agua.  Diego guardando sus gafas hizo lo mismo. Apestaban, y aunque el agua estaba helada debían quitarse  la peste. La tormenta era tal que el cielo no se veía, y las calles eran grises y opacas. Pero eras distracción no eran suficiente para los cainitas que les perseguían, debían escapar.

Posiblemente ponerse ropa mojada, “mojados”  no fue la mejor idea del mundo. El nuevo pantalón de Miguel  era más pequeño que su talla lo que le costó ponérselo. El mismo asunto ocurrió con Diego, quien afortunadamente tenía unos pantalones de tela  de algodón y no fue tan difícil vestirse.

 Trataban de caminar por los techos más altos  por donde no pudieran verles por las ventanas, pero ciertamente llegaría un momento que pasarían al lado de un edificio más grande y los verían los ocupantes de los apartamentos. Desde la altura, establecieron que debían cruzar todo ese territorio y llegar al límite con España.

No sabían que tanto territorio tenían los malditos que trataron de secuestrarlos, pero no querían pasar por tontos. El reto más importante para ambos era cruzar Europa engañando Camarillas, Sabbat e independientes, para luego poder establecerse en un sitio donde nadie les conociera.

Saltaron del tejado a la calle. Completamente mojados mientas la lluvia se calmaba. La luna creciente no era grande, y la luz nocturna era poca.

Se terminó la lluvia a los quince minutos. Caminaron por calles y plazas cuando por fin salía la gente de sus casas luego de la lluvia. Diego no podía contener su expresión de burla para con Miguel, veía como los otros lo miraban y se reía.

-              ¿qué se comió un payaso?
-              Parce, no sea ñero
-              Tons cuál es la sonrisita pendeja que tiene- dice de mal humor
-              Vos caminas raro con ese pantalón, y te ves algo… - no pudo contener la risa mientras Miguel se puso colorado de la furia

La palabra exacta era “maricón”, el pantalón era tan pegado a las piernas y tan incomodo que Miguel no caminaba normalmente. 

-              Pues camine más adelante si tanto se burla
-              Parce no es para tanto, vos exageras- en ese momento pasan al lado de unos sujetos miran a Miguel y se ríen. 

La sangre brujah se alboroto en su interior. Dio media vuelta, miro los rostros sonrientes, alzó su puño y le dio un golpe en el rostro a uno de los sujetos. El sonido fue seco. El fulano  que cayó al piso inconsciente. Miro a los demás de manera amenazante lo que provocó que salieran corriendo.

Se volteo y lleno de furia le dijo a Diego.

-              Si no quieres que te pase lo mismo cierras la jeta gran pendejo

Furioso caminó delante de él apretando el puño, y dejándolo detrás.

Diego estaba sorprendido  y a la vez ofendido. Nunca Miguel se había mostrado tan grosero con él.
En silencio caminó detrás de él. Podía sentir en su aura la furia que tenía, ¿pero no estaría exagerando? No era raro que los hombres entre ellos se desafiaran, pero … bueno realmente no comprendía.

Miguel no solo caminaba raro también cojeaba. Su velocidad aumentaba de a poco, hasta que desapareció de repente. Diego no supo a donde fue,  en ese momento que él también se molesto.

-              Ah granito de oro.. ahora sí me buscas me encuentras, pendejo que no sabe hablar inglés y te vas solito.. No pues, tan machito..- murmuraba entre dientes

 No estaban en posibilidad de ponerse a pelear en medio de una huida, pero ¿adivinen?, estaban peleando en medio de una huida, y por un tema totalmente estúpido.

Diego camino furioso por las calles, buscándolo con la mirada. Pero no estaba.  Con cada metro que caminaba se indisponía más. Hasta que encontró los famosos pantalones en el suelo, atravesando la calle, pero sin rastro del que los llevaba. Estaban hechos girones.

El sentimiento de rabia pasó a estar preocupado. Algo en su interior le decía que algo olvidaba, pero su mente la bloqueaba. Estaba confundido.

Caminó y a las dos calles había un hombre inconsciente y sin pantalones, era evidente que Miguel se había alimentado de él.

 Diego notó  que solo debía seguir el rastro. Caminaba pero guardándose la rabia que tenia.  Ando por un buen tramo, el tiempo hizo que se calmara, la intuición de decía por donde ir hasta que le encontró sentado debajo de un árbol mirando un punto fijo.

-              Aquí estas. Dice en tono de reto. ¿vos qué?, ¿te vas solo supongo?
-              ¿podrías dejarme solo?
-              Pues si quieres te dejo a vos solo toda la vida. Estuvo tentado en insultarlo pero se contuvo.

Diego nota un dejo de olor a vitae. ¿Miguel estaba llorando?. No respondió a su frase. Se metió las manos al bolsillo de su “nuevo pantalón” y le lanzó un rollo de billetes: 500 euros.

-              ¿Los robaste?- se calmó de repente
-              Estarás feliz
-              No lo estoy- baja la voz- vos no lo estas
-              ¿Quién lo está?- niega con la cabeza con cierto desespero- tres meses en un puto barco para que el maldito negro nos engañara, ¿tres meses para qué?
-              Para llegar aquí parcero, trese..- le pone la mano en el hombro- llegamos, solo debemos pasar por los países, y no confiar en nadie, somos vos y yo, ¿recodas? (dice sin acentos), lo mira a los ojos. Vos dijiste que saldríamos de esta juntos.
-              Y lo haremos. Murmura. Sólo que odio todo esto, ni en nuestro país nos quieren y ahora no somos de ninguna parte del mundo. Diego recordó como le dolía ese tema. Somos un pedazo de caca que todos quieren pisar. 

Diego se levanto y le dijo.

-              Vamos, debemos seguir- lo mira mientras se levanta- parcerito, vos no me pelees, luego busco como curarlo, de pelear nosotros dos no sale nada bueno, así que tranquilizate sólo seguime. (dice sin acentos),

Y sin decir más continúan caminando. Miguel no alzo la cabeza en todo el trayecto.