martes, 20 de marzo de 2012

Un monologo escuchado

Diego estaba ¿nervioso por el último acontecimiento. Había pasado de sentir el placer de la venganza a la preocupación por Miguel quien por cosas del destino había quedado enterrado en  montones de cajas de madera. Sí antes  estaba herido ahora estaba hecho papilla. “Pobre el tres-se” pensaba Diego con mucha angustia, “no lo mato un hombre lobo pero sí casi lo matan unas cajas de madera... vaya sarcasmo”

Se quedo al lado de Miguel todo el tiempo hasta que el barco terminó de guardar su carga. Georgino  desapareció momentáneamente y cuando volvió solo  le informo a Diego que el lugar donde dormirían estaba listo. 

Eran vampiros y por lógica no podían dormir con el resto de los tripulantes, necesitaban un lugar lejos de la luz y lejos de los demás para que estuvieran tranquilos.

Con el pecho desnudo, Diego cargo con ayuda del criado a su letárgico amigo pasando por unas escaleras de metal que los conducían al interior del almacén de este gran barco.

Su habitación ya no era una pocilga como la alcantarilla donde dormían, era algo “ligeramente mejor”, un contenedor de metal sin ventanas, totalmente vacio y adaptado para sus necesidades. Había dos colchonetas en el piso con precarias almohadas. El espacio era austero, pero estaba limpio.

Acostaron a Miguel  en una de las colchonetas y una vez el criado se hubiera ido, el paisa se sentó en el suelo y miró pensativo a su mejor amigo.

“Parce, te recupere tu sable. Hace un sonido lastimero. Venía contento a contarte, y a vos te pasa esto.. Lo vuelve  a mirar, parce yo...lo siento,  se toca el tabique de su nariz, no sé porque te estoy pidiendo disculpas, se quita la mano de la cara y lo mira, pasemos de tema, te voy a  revisar para ver que vos estés bien cuando despiertes, debo cortar el pantalón y la camisa, no me atrevo a moverte mucho, creo que vos te lastimaste  mucho más, así que toca cortar la tela..”

Se pone una camiseta de las que habían comprado en áfrica de segunda mano y saca unas tijeras del botiquín medico que precariamente había armado.

Tenía ante él  a su amigo en total estado de indefensión. Con total respeto le quito los zapatos y fue cortando  la tela del pantalón, y  a medida que lo hacía podía ver las heridas, su amigo había perdido mucha vitae. Fue necesario quitarle toda la ropa porque el estado físico era alarmante. Todo lo que hacía, se lo conversaba avisándole paso a paso lo que iba hacer. En realidad Miguel además de fracturas tenía  en todo el cuerpo múltiples cortaduras  resultantes de la batalla y del accidente.

Diego le hablaba mientras le limpiaba y trataba de analizar cómo hacer para que, cuando Miguel despertara,  las heridas curaran más rápido. 

Limpio el cuerpo  y aunque no era totalmente necesario, suturó las heridas profundas e inmovilizó los miembros  fracturados. Revisó su espalda, cuello y cabeza,  y una vez hubo terminado  cubrió el cuerpo con una cobija  mientras pensaba que sí Miguel fuera humano estaría muerto por las hemorragias y las heridas internas.

“Parce, vos descansa... yo te cuidare, yo se que vos me escuchas, sólo quiero que duermas pa que te repongas y yo estaré pendiente de vos”

Miguel sentía que estaba en el limbo y evidentemente estaba descansando, aunque no podía evitar sentirse triste. A veces sentía que estaba en una especie de hamaca que lo abrazaba, y otras  solo sentía la nada, hasta que claro escuchaba la voz de Diego.

“Ehhh parcero, jeje” dice feliz, “te tengo un regalo, desde ya te voy a dar sangrecita pa cuando abra los ojos pueda curarse más rápido, bueno yo nunca he hecho esto, pero debe funcionar, eh ave maría... una rata gorda, eh... esta limpia por si acaso,” se ríe como burlándose de él, “vos debes tener algo de toreador parcero, porque sos re jodido pa unas vainas..”

Miguel se molesta mientras percibe impotente que le abren la boca,

“Sí sentís algo raro es un embudo hermano, quiero que la sangre vaya pa dentro de una, aquí va..”

El hombre inmóvil solo siente que ingresa a su organismo un líquido caliente, mientras se imaginaba, no con mucho agrado como tenía en su boca un embudo... “cuando me despierte le dire  a Diego un par de cosas por comparme con los maricas esos”

Diego, tras alimentarle, se sentó a su lado sintiéndose algo infeliz.

“¿Sabés tres-se?, este barco es feo,   bueno, el de japon era más feo, pero este parce, es puro metal, y  aquí solo trabajan negritos...

Le describió el barco, y le comento sobre Georgino y otras cosas. Básicamente le hablaba cómo sí pudiera responderle o porque el simple silencio le diera miedo.

Luego volvió el silencio a los oídos de Miguel, pero de repente las explosiones lo envolvieron en un sueño particular, el sonido de un helicóptero, y un grito “Miguee Nooo, no vayas... ya está muerto, el profe ya está muerto, no vayas”.  El pasto mojado tras sus pies, las personas muertas en el suelo y miguel corría y corría yendo hacia aquel hombre que le había enseñado a leer.  Lo encontró herido, “debes dejarme”... el se negó,  lo tomó como pudo y lo arrastró a un lugar seguro y de repente, un dolor punzante lo atraviesa, se miro el pecho ensangrentado, y todo se puso realmente negro.
Diego se acerco al cuerpo de Miguel  y le seco las lágrimas de su rostro. “¿Vos estas llorando?, es la primera vez que escucho que alguien en letargo llore. Dice preocupado, vos no llores Miguel, vos estas bien, estás conmigo...”

La oscuridad vuelve y se apodera de Miguel.  Sentía pasos cerca de él y el olor de Diego.  Comenzaron a pasar los días, y su amigo siempre le hablaba. Pero esa vez, Miguel sintió que el se desvanecía. Nota su voz temblar.. “la niña volvió parce, me asusto en el pasillo y tengo miedo de volver a salir... no sé qué hacer” Diego se toca el rostro y comienza a llorar. Todo es mi culpa, sí hubiera dicho que no la mataba parce, sí sólo hubiera seguido mi corazón ahora no estaría jodido y  vos no tendrías que cargar conmigo, yo había prometido no matar parce, pero caí muy bajo...”

Diego mira el cuerpo de Miguel  y dice.

Vos no sabes cuál es mi peor miedo, niega con la cabeza, vos no entendes que yo ahora soy un peligro para vos, vos no comprendes que te puedo joder..

La voz de Diego se vuelve como una queja.

Yo no quiero hacerte daño... vos sos mi amigo, sí te hiciera daño me mataría sin dudarlo.

Los lamentos y lloriqueos se terminan al ocultarse la noche, y  al dormirse Diego, el tres-se volvió al mismo limbo.

“No puedes dejarme, no ahora, no te vayas a Bogotá, vámonos de aquí... vámonos”. La voz de Miguel con un acento mas campesino le dice “Sumerce no entiende que es pa mejor, que la lucha vale la pena,  yo vuelvo y nos vamos pa vivir, y hablare con su pae pa que se case conmigo, pero la orden es que me vaya pa Bogotá..”

Miguel estaba tan ciego, era tan idealista que pensaba que hacía algo al viajar, no sabía que lo perdería todo.

“Miguel Rivera” grita el comandante “vaya al pueblo, y sí no hacen caso mate a esos hijueputas”

Un silencio se profundiza en el alma del tres-se, quien a pesar del letargo aprieta los ojos, como sí quisiera no ver, luego... nada...

Una gran oscuridad, y un gran dolor. No hay más imágenes, sólo oscuridad... “esa es tu alma” escucha.

El silencio invade todo, ya no está Diego, ya no hay nadie, ya no hay nada... posible haya muerto y eso es todo lo que tiene.

El tiempo pasa y todo se olvida. De repente se escucha un portazo.

“Parrrrcerooooooooo. Siente que alguien le cae encima. Ups... perdón, eh Ave María... Yooo,  eh... olvídalo”. Diego pone la espalda en la pared más cercana y comienza a hablarle como si estuviera despierto. “hoy me tome mis tragos... estos hijuep.. marineros sí saben tomar... pararon en un pueblo o algo así, y vos sabes, jaja me baje y  pues.. Georgino me consiguió unos tres que estaban  bien mariados  y pues..” lo mira como sí le aclarara. “ No... no los mate... ni se te ocurra, me acorde de vos, además que no soy tan pendejo..”

“Sabes de qué me acorde...¿vos sabes de quien me acordee?.  Se acerca a Miguel y le da dos golpes en el hombro, olvidando en su borrachera que él está herido..  de ESPERANZA!

Mi Esperanza.... mi linda, hermosa Esperanza, ella era un ángel, vos no te imaginas tres-se ella era una mujer linda, y yo la amo....

LAAAAAAAAAA  AMOOO..  grita....

Miguel  mentalmente le responde, “sí parce, pero no grite, que ya se enteraron en Colombia y me duele el oido”

“Sabes parce, yo no le he contado algunas cosas... yooo...¿qué iba a decir?.. yoo... yo extraño a mi papá”

El tres-se que está pendiente de la conversación en parte se burla de lo que él dice “Paso de la hembra a su pae... este paisa se la pego profunda...”

Mi papa era un hombre bueno parcero, yooo lo quería, él...¿sabes? es difícil decir esto, pero te diré un seeecreto... yo, yoo era el preferido de mi papá....

Cualquiera pensaría que pues, que mi hermano mayor sería el consentido, pe pero nooo, mi hermano  no era lo que mi papá hubiera deseado... yo lo sé, él era muy ...vago y... y... no se... él se le enfrentaba a veces y mi papá no le gustaba que él fuera facilista.... pero siempre, a mi me tenía más cariño... yo lo sentía así... peleaba con los curas cuando lo mandaban a llamar, y luego cuando me regañaba, me decía,  “vos  Diego Andrés, vos sos un chico inteligente, voss llegaras lejos, y sabrás más que esos curas...”

Jejeej. Vuelve a tocarle el hombro a Miguel. Mi papá creía en mi parce.... se le ponen llorosos los ojos.

Mi mamá era. Lentifica su voz. Una buena mujer, era tannn, pero tannn jodida parce, era toda una matronaaa antioqueñaa... cocinaba delicioso parce, pero lo que mi mamá decía era la ley... y yo la quería, la quería mucho... ¿vos no sabes? ,  me hace falta porque era muy cariñosa, y ella siempre me mandaba  dinero extra cuando vivía en Bogotá, y sufría algo de hambre... ella, hacía muchas cosas...

Quiero a mi mamá parce....yo... tengo mamitis.  Llora.

Mis hermanos todos, todos eran distintos, mi hermana menor Rosa, se volvió monja... lo mira sospechando que Miguel se hubiera reído, y se carcajea... sí lo se... mis otras hermanas se casaron, hicieron su vida, una de ella era tan jodida como mi mamá, jaja... mi hermano mayor no estudio nada, pero hizo un negocio, y ganó mucho dinero, y mi otro hermano, bueno... creo que estudio algo, pero no se, no me acuerdo que...

Y yo... yo.... ya sabes.”

“¿sabes parcero?... se rie,  vos adivina porque a las pereiranas tienen fama de putass?
Jajajjajj... mi primera vez fue con una puta pereirana, jajajaja ¿sabes por qué?, porque había muchos prostíbulos en Pereira.”

 Miguel mientras  él hablaba se reía por dentro.  “esto se está poniendo interesante, carajo y yo no poder hablar, y comentarle la aventurilla con la china de la parcela de al lado”

“Me llevaron los perdidos de mis amigos.. y sí... era lo normal en esa época,  no es como ahora, que los novios se acostaban a los dos meses,  antes tocaba así, porque las señoritas respetables no se tocaban parce... llegaban vírgenes al matrimonio ...”

Hace una pausa..

“A veces sueño con quitarle la virginidad a Esperanza, eso me enciendee”..

Miguel, que no se podía mover de repente piensa ... “ Eso, ya  es mucha información, a lo bien que  sí..”
Pero luego de esa  frase Diego, se pone lloroso...

“yooo quería casarme con ella.... yo creo, parce que nunca, Nunca podre olvidarla...” Diego se siente derrotado. “la amaba tanto...”

Lo mira totalmente ebrio y dice...

“Parce, le tengo que decir una vaina,  yo ... yooo a vos te mentí, yo...... yo sí me acoste con la novia del costeño...”

El tres-se mentalmente se sonríe... “jajajaja  eso yo ya lo sabía,  tu eres el único que se da por santurrón, yo te dije que no te creía eso de ser un caballero... vea pues, jjaja este paisa hay que emborracharlo más seguido, de esa forma comienza a confesar todas las jodas...”

¡Yooo Odio ODIO,  el vallenato... lo odio.... lo ODIO... sí vos quieres verme bravo ponme un vallenato... ODIO EL VALLENATO... ¿sabe que otra cosa odio?, yo..”

Y así siguió toda la noche, hablando del pasado, de sus miedos, de  las cosas más triviales de su vida. Diego le comentó tantas cosas a Miguel que aunque el no podía responderle y comentarle su parte, se sintió aliviado de tener alguien con quien descargar, todo eso que guardaba en las maletas imaginarias del pasado, la culpa y las trivialidades.

domingo, 11 de marzo de 2012

Heridas, venganza y mala suerte

Pasos apresurados y polvorosos se apartaban del lugar. Miguel estaba siendo arrastrado (literalmente) mientras Diego y Georgino lo sostenían por sus brazos, expresaba dolor en ciertos momentos. Tras salir de ahí rápidamente, pararon tras caminar un largo trecho. Diego quien se preocupaba por Miguel y también por los que pudieran estar siguiéndolo le dice a su criado temporal. 

-          Tenemos el dinero, y trato es un trato.  Lo mira. Te daré mi sangre y mañana recibirás más. Toma el dinero, y aparta el pasaje, saldremos de acá apenas se oculte el sol, te espero acá para que me ayudes con él. Señala a Miguel.

Diego procedió hacer algo que hubiera preferido hacer con una cuchilla, pero a falta de ella y con sus propios Dientes se mordió la muñeca, alimentó al criado y lo soltó. Georgino evidentemente era adicto a la sangre de cainita, y prometió estar mañana temprano, a primera hora luego de que se ocultara el sol.
Diego siente un tic en su nariz como expresión nerviosa, ve como  el sujeto se aleja, “al fin y al cabo fue de ayuda el negrito” pensó.

Tenía sus sentidos agudizados por sí los perseguían, pero al parecer no. Tendría que hacer gala de fuerza para levantar a Miguel y ayudarlo a caminar hacia la pocilga. Habló con él y puso su brazo encima de su cuello.

-          Nos vamos... trata de dar pasos pequeños

Miguel trataba de moverse, pero era muy lento y doloroso. Algo le pasaba, además del dolor físico no tenía un buen semblante, no mostraba su usual entereza, parecía que sufría. Diego recordó mientras andaban algo que hace poco les había ocurrido.

-          Hace unos meses, el que me llevaba a cuestas eras tú. Digo en tono cariñoso. ¿ Tres-se recuerdas la roca enorme que cayó en mis piernas?... pa que veas parcero, que tú me das la mano y yo te la devuelvo... eh ave María sí que eres pesado, y entre otras, dice con una sonrisa, vos peleaste como todo un héroe hoy... pasito que ya vamos llegando.
-          No lo hice tan bien como otras veces. Murmura Miguel tratando de no hablar mucho, era evidente que sufría de mucho dolor.

Caminaron  muy lentamente hacia la pocilga. Miguel tuvo una dificultad enorme en bajar las escalerillas, lo que le hizo pensar a Diego que sus lesiones eran más serias de lo que él pensaba. Ya  adentró Diego obligo a Miguel ha acostarse en el concreto tomo una bolsa con ropa sucia y se la puso de almohada.

-          Ahora vamos a verte. Dice en tono profesional.
-          Creo que me partí todo.. murmura Miguel pero sus palabras fueron interrumpidas por un golpe en la puerta de la pocilga.
-          Soy Climent. Dice un hombre en inglés. Habrán ahora mismo la puerta.

Diego siente un hilo frio recorrer su cuerpo. Ese hombre les había arrendado el chiquero y era uno de los grandes líderes (por no decir también asesino) del barrio. Diego abrió asustado y el hombre negro entró, el olor de la vitae de Miguel inundaba el lugar.

-          Por ahí hay un rumor de que ustedes se van a ir de aquí, y curiosamente sin pagar el arriendo. Dice en tono de mando. Quiero mi dinero ahora.

Diego  trato de evitar la sorpresa, en cierta forma,  no habían ahorrado para pagar la pocilga, todo el dinero se había ido en pagar los pasajes.

-          Señor Climent, claro que nosotros no pensábamos irnos sin pagar, claro que no. Diego trato de mentir. Mañana por la tarde tendrá su dinero.
-          No quiero mañana el dinero. Dice el hombre mostrando una pistola. Lo quiero ahora, o mandare a mis criados a quemar este lugar mientras duermen.

Miguel que no se podía mover, no entendía que decía el hombre negro, pero sabía detectar el mal modo.

-          ¿qué pasa parce?
-          Quiere ya el dinero de la renta.

Miguel palidece al ver que el sujeto se torna muy violento y  les apunta con el arma. Diego cierra el puño y se concentra,  estaba pensando quemarlo  con una llamarada de fuego, pero Miguel le dice  tratando de solucionar el problema.

-          Dígale que sí acepta un intercambio parce.
-          ¿un intercambio?.  Diego lo mira preocupado, no tenían nada de valor.
-          Ofrézcale la espada. Dice señalando la esquina. La japonesa. Diego lo mira alarmado y le responde rápidamente.
-          Tres-se, pero es tú espada.
-          Digale que sí la acepta, esa espada vale más que lo que él pide..

Diego habla con el hombre quien   luego de la propuesta de intercambio guarda el  arma, y mira con codicia la espada. Diego, con su usual labia propia de las personas que nacieron en su región convence al hombre  de aceptar la espada.

-          Es una katana japonesa original que tiene unos seiscientos años, lo puede ver por sus detalles, es muy valiosa, mire el mango. A usted le podrían dar suficiente dinero por ella para dos años de arriendo...o más. 

El hombre negro no era estúpido, sabía aceptar un intercambio  aunque este fuera injusto. La espada del tres-se había sido un regalo y era un arma muy fina, fácilmente podría ganar unos cincuenta mil dólares por ella, sin embargo el valor efectivo era poco comparado con el valor emocional y el uso que Miguel hacía de ella. 

A Miguel Le gustaba esa Katana, le recordaba a una mujer que conoció, le gustaba sentir como el sable  cortaba el aire. Era especial, el tenía entendido que todas las espadas tenían un espíritu guía y  esta por lo antigua, era valiosa. Se había encariñado con ella.

El violento arrendatario tomó la espada y se fue riendo. Diego pudo escuchar cuando en el pasillo los insultaba llamándolos estúpidos y vanagloriándose de haber hecho un buen negocio.

-          No debiste ofrecerle la espada, pudimos sacarle más provecho después, ya sea vendiéndola o haciendo alguna otra joda.
-          No importa. Dice Miguel cerrando los ojos, prefiero perder la espadita y no que me lo maten. Dijo algo triste.

El brujah recostó la cabeza en la improvisada almohada hecha de ropa sucia y cerró los ojos. No quería que su amigo lo notara, pero le había dolido perder ese objeto y no solo eso, estaba mal emocionalmente.

Para Diego la perdida de la espada resultaba penoso. Curiosamente bajo esas circunstancias mientras curaba a su amigo,  recobró momentáneamente la empatía que en oportunidades le fallaba, y comprendió que Miguel estaba triste, pero asumió su pena a lo más inmediato. Mientras le revisaba el cuerpo recordó como el tres-se al finalizar la noche limpiaba el sable de manera detallada. Parecía un ritual de  todos los días, y en oportunidades, y aunque era raro le hablaba a la katana como si fuera una mujer. Mientras limpiaba el objeto, él le contaba sobre las espadas. Miguel sabía mucho  tanto de armas de fuego  y de filo dado que había dedicado parte de su no vida a vender  ese tipo de objetos. Lo hizo hasta que lo secuestraron y terminó trabajando de esclavo con Diego y el resto de desdichados víctimas de la princesa de Bogotá. 

Diego le atendió sus heridas. Evidentemente Miguel tenía fracturas en sus piernas, y en sus costillas, lastimado un brazo y su cuello. La sensación de que se había roto todo no estaba muy lejos de la realidad. Le sorprendía que hubiera podido caminar hasta la pocilga, aunque eso se podía explicar por su naturaleza vampira, era más resistente, aunque no completamente, ese hombre lobo lo había lastimado bastante.

Miguel se quejaba y lloraba en silencio. No se quejaba solo por sus heridas, había algo más, un dolor que él guardaba en su corazón, y que nadie, ni siquiera Diego conocía.

Diego tomó de las vendas que guardaba y por encima de la ropa  le hizo varios torniquetes. Miguel se quejaba de manera alarmante.

-          Tres-se, mañana cuando llegue al barco se alimenta, y vera que ahí sí se cura rápido, el problema es que vos casi no tienes sangre, pero eso se soluciona bebiendo, además te he inmovilizado, mañana estarás mejor, ya verás.

Diego lo trataba amablemente, estaba muy preocupado por él, no sólo al pensar cómo haría para llevarlo mañana al barco, sino también por el asunto de la espada.  No dejaba de pensar en eso. Como un niño le dijo que durmiera, luego él se acomodó y cerró sus ojos conciliando el sueño.

Un sonido hizo que Diego abriera los ojos durante el día. Qué lo hubiera hecho era raro. Pero esta vez abrió los ojos.

-          Tres-se, ¿vos estas llorando?, ¿te duele mucho?, ¿es por la Katana cierto?

Con una voz de profundo dolor Miguel le responde muy adolorido.

-          Yo debo estar pagando todo el mal que le hice a la gente.

Lloraba de forma profunda como sí le doliera no solo el cuerpo sino el alma. Diego no comprendía, a esa hora y lleno de sueño no era capaz de pensar bien, igual sus palabras no tenían sentido “ Él era el monstruo no Miguel.

Como si el tres-se fuera un niño  le paso la mano por la frente y le dijo que no llorara, que mañana cuando se alimentara se sentiría mejor, sentía que el llanto de  Miguel tenía que ver con el pedazo de hierro que intercambiaron por un arriendo. Durmió de nuevo pensando que ese era el motivo.
Miguel siguió llorando, el dolor físico era fuerte, pero lo que más le dolía era el corazón.  Sentía que toda su vida había sido un error y que él estaba pagando el triple de todo lo que había hecho mal en su vida.

Imágenes secuenciales y confusas se repiten en su mente. Se sentía como “un maldito desgraciado” , y que  “todo lo malo que le ocurría era un castigo a sus acciones”. El abrazo que impidió que él se callera en el cuadrilátero, ese sostén  que le ayudo a ganar provenía del hombre que le había propuesto la golconda, pero esa ayuda, había tenido un raro efecto en el tres-se.

Era como sí ese abrazo le hubiera  quitado  eso interno que le protegía del dolor emocional que experimentó en su pasado. De todas las cosas que hizo y que estuvieron mal, de toda la culpa que carcomía su interior, de lo podrido que tenía por dentro.

 Miguel revivió todo aquello que había tratado de ocultar bajo esa coraza de hombre rudo. Era como sí ese hombre le hubiera despertado el dolor humano que él tenía sobre sus acciones, cómo sí lo hubiera castigado por no aceptar la propuesta  de buscar la iluminación.

Por fin llorando se quedo dormido, siendo despertado esta vez por Diego quien se encontraba  arreglando lo poco que tenían.  Ya se había ocultado el sol en apariencia.

-          Nos vamos parce, nos vamos de este país de porquería. Dice con un tono muy cariñoso. Georgino viene para ayudarte a salir, y nos vamos...

Diego sentía que  el tres-se sufría  pero no entendía el motivo. Verlo mal hacía que se cargara de rabia frente al arrendatario. La forma como los amenazó por la noche y como tuvo que entregar lo único que tenían de valor le hacía arder la sangre en rabia. 

Se mostraba tranquilo pero interiormente estaba que explotaba.

 La tarea de sacar a Miguel de la pocilga fue ardua, y cuando por fin lo sacaron lo colocaron en una carretilla que Georgino había conseguido.

El tres-se se encontraba desmoralizado, y en la carretilla se rindió mientras el criado y Diego lo llevaban por las vías polvorientas.  Una música  se escuchaba de una caseta a unos doscientos metros acompañadas de unas risas.

Diego se freno y volteo a mirar. Sintió en su interior una rabia enorme. Miro a Miguel demacrado, acostado como un muñeco en la carretilla y una ola de rabia lo invadió.

-          Georgino, adelántate con él. Lo mira muy serio. Olvide algo, yo los alcanzo.
-          Parce. Dice el tres-se muy débil. ¿pá donde va?
-          Necesito hacer una vuelta antes de irnos,  Vos  esperame (dice sin acentos), ya vengo... adelantate con Georgino...  ya voy

Miguel no podía hacer otra cosa que aceptar pues  no podía moverse. Siguió su camino arrastrado por Georgino.

Diego hizo un gesto extraño  cuando volvió a ver la caseta. Sus ojos mostraban rabia acumulada.

 “te metiste con el hombre equivocado,   ¿sólo te interesa el dinero?, Vos hoy vas a perder mucho dinero. Hijueputa negro, te enterarás que un paisa enfadado es peor que  quince toros desbocados, voy a recuperar la espada y te dejare un regalito”

Caminó por la vereda rodeando el local lleno de música.  Cuando estuvo justo atrás del edificio se acerco a la pared hecha de trozos de tabla.  Estaba en un sector aparentemente ciego. Las tablas que  hacían parte de la pared tenían un espacio pequeño pero suficiente para ver que había adentro.   Diego sabía que el negro  desgraciado guardaba todo lo que ganaba en esa parte  y la Katana,  como pensó, estaba colgada en la pared como un trofeo.

Esta especie de bodega pequeña, tenía  estantes con cajas,  había gran cantidad  tvs robadas,  otros electrodomésticos y armas,  drogas, potes con gasolina, pintura y otros químicos.

 El paisa escuchaba a  los sujetos jugando cartas y riendo. Sabía que el desgraciado de Climent estaba dentro de ese grupo. La cantidad de ruido lo favorecía.

Diego calculó que con su  movimiento mental podía zafar la  espada de la pared  pero ¿cómo haría para traerla hacia él?, su poder no le alcanzaba para tanto.

 Debía pensar... ¿Qué  podía hacer para que su acción no fuera evidente?, miro de lado a lado y encontró en el potrero una escoba estropeada. Sin hacer mucho sonido tomó el palo y  saco la parte superior dejando solamente la puntilla que sostenía la barredora. Ya tenía su gancho, ahora tenía que asegurarse que  el objeto no sonara cuando callera. Rápidamente se quito la camiseta.

Aprovechando el espacio que había entre las tablas, paso su camiseta por la ranura y la empujo con el palo de escoba justo debajo de la espada.

Lleno de rabia se concentró  y logró que el sable  se zafara de la pared, trato de concentrarse más para evitar una caída traumática.  Gracias al forro tradicional  del arma, esta no hizo mucho escándalo al caer encima de la camiseta. Con el palo de escoba, y utilizando la puntilla-gancho arrastro el arma hacia sí, y cuando tuvo la Katana en sus manos se sintió totalmente aliviado.

Pero antes de irse tenía algo pendiente

 Metió su mano por la tabla rota y apuntando a su camiseta lanzo una llamarada enorme la cual extendió hacia los tarros con gasolina. Una vez se hubo prendido el depósito, corrió en dirección al muelle,  no sin antes escuchar una explosión y unos gritos.

Corria con su pecho desnudo por las calles polvorientas mientas las personas que caminaban por el lugar notaban su actitud de huida. El fuego se observaba salir de esa caseta, mientras muchos pobladores  observaban desde lejos. Diego sentía su bestia cabalgar de placer, se había vengado, y le había quitado lo que ese negro más valoraba, sus cosas.

Esa noche ningún humano o vampiro murió, el incendio carcomió todo el local, Los hijos de Cain huyeron del fuego  de manera impecable, no tuvieron tiempo de seguir al incendiario, sin embargo Diego se había ganado otro enemigo que no dudaría en cobrarle el daño que le hizo a su negocio.

Con el pecho desnudo y llevando una Katana en las manos Diego se sentía libre mientras corría sin cansarse por las calles de esa ciudad africana, le devolvería la espada a Miguel, y él se sentiría mejor, era lo mínimo que podía hacer por su amigo, su espada volvería donde su dueño.

Pronto vio las embarcaciones en el muelle. El olor a pescado podrido y  la suciedad le indicaban que había llegado. Observaba   mucho movimiento humano a esa hora, vehículos de carga que llevaban materiales de un lugar a otro, hombres hablando y trabajando.

Vio desde  lejos a dos personas que conocía. Georgino y Miguel  acostado en la carretilla estaban al lado de varias cajas de carga y contenedores.

Una grúa mecánica   cargaba el interior del gran barco que los llevaría a Europa.

 ¡Por fin saldrían de ese espantoso continente y podrían vivir más cómodamente en otro lugar!.

Diego se sentía feliz... hasta qué...

Ocurrió en cámara lenta, uno de los vehículos cargueros  estaba dando reversa y golpeo el montículo de cajas lateral a donde estaba el tres-se  y Georgino.  Las cajas se estremecieron y la fuerza de gravedad las envió al lado de ellos dos. Georgino que tenía piernas logro evadir el golpe, pero a Miguel quien estaba sentado en la carretilla  no pudo evitar  que  esa amplia cantidad de cajas de madera le cayeran encima. 

Diego ve todo desde lejos.

NOOOOOOOOOOOOOO... Grita  enloquecido mientras va  hacia Miguel 

Lleno de angustia le quita las cajas pesadas  de encima,  cuando por fin llegan a él,  Miguel  no responde, está muy lastimado. Un poco más y se muere. Había entrado en letargo.

martes, 6 de marzo de 2012

El poder de la plata y el corazón

Paso un tiempo. El basurero se había convertido en un foco de energía negativa, ese tubo estaba hundiendo a ambos en una confusión espiral que los deprimía a ambos.  Miguel  estaba en una terrible tristeza que trataba de ocultar de Diego.  






Curiosamente, aunque ambos habían creado una conexión psíquica, la falta de humanidad del paisa, hacia que no se diera cuenta del sufrimiento de su amigo, en parte  por esa carente sensibilidad humana. Diego podía herir, sin darse cuenta  y siendo en oportunidades altamente sarcástico.

Pero Miguel no podía abandonarlo...  tenía fe en que podría ayudarle, quería creer que podía hacerlo,  no en vano había negado otorgarse  la única oportunidad de encontrar la golconda, y Diego, nunca se enteraría de este sacrificio.

Posiblemente se había equivocado, pero no podía buscar tranquilidad a su alma sabiendo que abandonó a la persona que lo requería.

Ahora miraba a Diego consultar un mapa. Se notaba preocupado.

-¿Quién dijo que era ese amigo suyo?
- Un amigo que conocí hace años.

A Miguel esa respuesta no le satisfacía, porque era evidente que no le estaba contestando su pregunta. Diego algo le ocultaba. 

El paisa tachonaba un mapa que tenia a la mano se rascaba la cabeza como sí tratara de encontrar sentido a su viaje, ¿cómo llegar a Francia sin despertar sospechas? y ¿cómo lograrlo con  una paupérrima suma de dinero?

Tras ocultarse el sol ambos amigos salen de la madriguera- basurero  directo a un punto de la ciudad. Miguel guarda silencio en todo el trayecto, mientras Diego evita pensar en que le puede estar pasando. Había temor por la situación tan precaria que estaban viviendo, y el viaje que tenían que emprender, aunque ambos querían salir de la vida tan espantosa que vivian.

Llegan a un sector comercial.  Diego entra a un local de viajes y  sale refunfuñando.

-          Odio no tener un puto peso.
-          ¿qué pasa?
-          Vos no te imaginas el costo  tan elevado de esos pasajes, no creo que alcancemos a ahorrar lo de los pasajes antes de dos años... eh porquería, pero lo que soy yo, hago lo que sea por salir de este chiquero.
-           Saldremos de aquí...   pere que ya encontraremos como..

Caminaron por tres horas hacia los muelles de ciudad del cabo pasando por los mejores barrios y sectores de ese lugar. No todo era pobreza, existían lujos y casas muy bonitas y dinero, mucho dinero. Diego consideró seriamente quitarle algo de esos lujos a los ricos, pero Miguel seguramente se lo impediría.

Pasaron por un lugar de yates hermosos que estaban  fielmente custodiados. Evidentemente no era lo que buscaban, caminaron un poco más y un olor a pescado en descomposición se coló por sus fosas nasales de manera agresiva. Grandes barcos pesqueros y cargueros se acumulaban uno al lado del otro mientras en el muelle algunos hombres sucios dormitaban.

Diego tenía un dato que le dio uno de los vampiros del sector. Así que caminó y busco a un hombre que se llamaba Georgino  Thompson.

El ambiente era intimidante.  Miguel tuvo que hacer cara de malo para que ambos se sintieran seguros.
Pasaron por un area de carga, y luego de mucho dieron con Georgino, un hombre negro de unos 23 años bajo  y desnutrido, quien inmediatamente reconoció la naturaleza de los dos hombres. Era un hombre astuto que sabía lo que quería. Diego se sento en una sucia caja y habló con él. “Nos dijeron que usted nos podía ayudar”.

Miguel miraba todo como sí no entendiera, estaba de guardaespaldas, esperando que de la nada no los atacaran.

Como Diego hablaba perfecto inglés el notaba que estaba tratando de negociar algo pero no entendía qué.

De repente se dan la mano y Diego se levanta.

-          ¿qué pasó?
-          Vos espera que salgamos de acá para hablar.

Caminaron por un rato y cuando hubo salido del embarcadero le dice.

-          El sujeto es un Ghoul independiente, vende sus servicios al mejor postor, trabaja en un barco que nos puede acercar al mediterraneo y de ahí  estaremos más cerca a París. Diego añade con preocupación. Lo malo es que hasta el maldito pasaje pal carguero es costoso, no tanto, pero  la situación es delicada, ese barco zarpa en una semana, y no sé cómo nos vamos a conseguir 1500 monedas.
-          ¿tanto?
-          Sí, vos no sabes, es un viaje re largo en barco, pero es lo único directo que medianamente nos puede acercar. Estaba tratando de negociar con Georgino.
-          Pero ¿qué pitos quiere ese man?, no entiendo...
-          Parce, dice Diego de manera simple, pues que el man lo que quiere es sangre, el quiere eso... y dinero,  quiere ser nuestro criado en el viaje y vigilar donde estemos mientras el día,  y quiere aprender poderes... el man es fiel porque se acostumbro a ser un ghoul a sueldo, hace cualquier cosa por vitae vampírica. Lo mira.  Justo quería un adelanto, pero le dije que sí me ayudaba a encontrar la forma de ganar ese dinero y yo le daría de mi sangre... espero que funcione, ni pendejo que fuera le daría un adelanto ..

Sin embargo el problema era que el dinero no se pagaba con sangre. Necesitaban encontrar la forma de ganar  1500 rands. Miguel se negó a robar algo distinto a medicinas, y Diego estaba tan desesperado que no sabía  qué hacer.

Miguel entonces planeo trabajar para conseguir plata, le pidió a Diego que le escribiera un papel en el que dijera “busco trabajo”, y así que con nota en mano  se fue a buscar empleo. Se acercaba a varias personas con el papelito y nadie le contrataba. Un señor que lo veía se le acercó, le quito el papel y le anotó otro. Esa noche Miguel llego muy contento a la pocilga, había ganado  145 billetes.  Diego tomó el dinero  y lo guardo sorprendido.

-          ¿cómo vos hiciste pa ganar tanto?

Miguel le comentó lo sucedido y le mostro el papelito que le habían dado, duro varias horas riéndose  tras darse cuenta que el papel decía.

I'm retarded and dumb, I need a job to support my family. Help me please.”

Miguel se molestó  mucho cuando entre risas el paisa le había dicho que decía el papel, pero dado que había sido efectivo, y la situación era desesperada utilizó ese rentable argumento para conseguir dinero. Diego  recibió donaciones de sus pacientes, y pronto entre ambos habían logrado 500 rands, pero aún así necesitaban mil  billetes para pagar el carguero.

“No creo que pueda esperar  dos meses en este lugar”, decía Diego mientras se acomodaba en el estrecho espacio de la pocilga.

Miguel esa noche, mientras su amigo dormía, rogo a Dios le demostrara que no se había equivocado al no abandonar a Diego, fue así que el destino le mostró una solución.

Fue con su aviso de “yo soy un retardado” a buscar empleo, y de repente un hombre negro que el reconoce como Georgino se le acerca. ¿Parece burlarse de él frente al letrerito?

-          ¿are you stronger?
-           No, yo  soy Miguel. Hace señalándose a sí mismo

Georgino hace una cara de “que hombre más idiota” y lo hala  como diciéndole que lo siga. Caminan por unos metros y el hombre negro le muestra  un cartel donde había dos personas luchando, y el número de 1000 Rands de premio.

Miguel entendió inmediatamente el porqué el hombre lo había llevado hacia el cartel. No sabía el idioma pero los muñequitos eran muy didácticos.

Arrancó el cartel de la pared y se fue corriendo a donde Diego

-          Lo tengo parce!!!, lo tengo!!!

Cuando Diego  escucho sus gritos se alarmo. Miguel le mostró  el cartel lo miró a los ojos.

-          Vos estás loco no dejare qua hagas eso!, además la competencia es en dos horas... no alcanzaremos.  Se toca la cabeza. No me perdonare si te pasa algo.
-          Parce, el barco sale mañana... es hoy o nunca, se pelear, lo haré bien!, más bien mueva esas piernas, que llegamos tarde.

Corrieron por las calles polvorientas y a la puerta del lugar estaba Georgino esperándolos, el hombre ya había pre-inscrito a Miguel para el encuentro. El lugar era  parecido a un corral circular enorme, con acabados rústicos, gente olorosa y muchos gritos.

La política del evento era básica,  el ganador anterior sería el primero en combatir, sería retado por distintos hombres. Sí uno de los retadores ganaba, se quedaba en la pista peleando con los demás hasta que fuera derrotado. El hombre que quedara de pie en el último asalto sería el ganador. Los retadores podrían entrar al cuadrilátero cuantas veces quisieran.

El  ganador anterior era un hombre blanco musculoso y vulgar que gritaba de manera salvaje diciendo vulgaridades en inglés. Diego se sentó en el público rogando que Miguel saliera avante de este reto. El no era humano, tenía una ventaja, pero que no fuera humano no significaba que no le pudieran hacer daño. Mientras tanto Miguel recordaba  que participo en una competencia muy parecida  donde casi pierde su vida, pero él era bueno peleando, era un brujah, era bueno en eso.

Sin embargo esta vez se sentía confiado. Le había pedido a Dios una oportunidad y esa era la que él le había dado.

El hombre comenzó a pelear con varios, y todos los derribaba de dos a tres golpes. Los hombres terminaban con la nariz rota y el olor a vitae inundo el lugar. El humano realmente era un rompe huesos.
Fue entonces que le correspondió el turno a Miguel entro al cuadrilatero y fue golpeado por el hombre en el vientre, pero Miguel no se cayó como hizo el resto, le pego   un puño en el estomago y en la quijada,  que hicieron que el contrincante perdiera el equilibrio y cayera al suelo. El hombre estaba furioso y se levantó con rostro asesino, pero Miguel era mas fuerte y sabía como pelear, la perseverancia del contrincante no fue retribuida ya  que a los pocos minutos estaba derrotado.

Miguel era el nuevo a vencer. Diego se emocionó ante el hecho, pero a su vez cada vez que golpeaban a su amigo él sentía dolor.

Pasaban uno a uno los contrincantes al cuadrilátero. El peleador desbancado  entró mas de una vez a golpearlo pero ya estaba muy débil, y Miguel ni siquiera se notaba magullado.

Todo parecía a su favor hasta que entró al  rin un hombre negro enorme, que a diferencia de los demás golpeo a Miguel mandandolo directo a las cuerdas.

“ese sí había sido un  gran golpe”

Por primera vez en la noche a Miguel le temblaban las piernas. La pelea era salvaje,  el sujeto le pateo el estomago mientras Miguel sentía que  se le rompían sus costillas, sintió  el golpe en sus testículos y en sus piernas, y aún así,  trataba de golpearlo como diera lugar. No podía utilizar celeridad, pero sí utilizaba su potencia para darle al grandote, y por más que golpeaba al negro este  no parecía sentir dolor.
Diego comenzó a preocuparse y se dio cuenta  que esa fuerza no era normal. Se concentró en el sujeto que golpeaba sin piedad a su amigo y de repente aprieta el puño asustado.

“Un lupino... maldita sea... ese tipo es un lupus”.

Se puso pálido. Estaban en un gran problema, fuera de no comprender que hacía un sujeto de esos en una ciudad,  no había algo tan problemático como hacerse de enemigo  a uno de esos perros. Los tremere habían hecho algunos acuerdos con los hombres lobo en el pasado, pero esta situación era anormal. Ese sujeto necesitaba también el dinero, y  sabiendo el olfato que tenían, era seguro que ya habían notado que Miguel no era humano.

Mientras tanto, Miguel recibía y esquivaba golpes. Había golpeado al sujeto muchas veces y aunque se mostraba algo afectado, no sabía cuanto tiempo iba a durar. Fue en ese momento que Miguel fue sacado de un golpe del cuadrilátero. Diego vio cómo su amigo voló por los aires y cayó en las gradas.

Corrió donde estaba Miguel tendido en el suelo. Tenía el rostro lleno de moretones y  sospechaba que  le habían roto más de un hueso. 

-          Parce, tranquilo yo estoy aquí , vos quedate quieto.
-          Tengo que regresar. Musitaba Miguel  adolorido.
-          No permitiré que te maten.
-          Necesitamos el dinero parce.
-           ¿vos no te das cuenta?, ese hombre no es humano..
-          No importa,  voy a regresar.

Diego se extrémese. Miguel no podía sobrevivir por mucho tiempo.

-          Por favor, dame dos minutos... sólo dos minutos, esperame (dice sin acentos) deja que se  pelee con el resto de los contrincantes, esperame, vos  trata de curar... ya vengo.

El paisa decía en tono de suplica mientras se aleja mirando alrededor, observaba a todas las personas que gritaban mientras este gigante golpeaba sin piedad al resto de los humanos, y mientras  miraba, vió lo que buscaba. Una mujer  que estaba cerca tenía un femenino anillo de plata con la figura de Hello kitty.
Se concentró en el dedo de la mujer, tenía que sacarle con movimiento mental ese anillo de su dedo. Se concentró y cuando esta se levanto a gritar sintió que el mismo se desprendía de su dedo.

Se lanzó en plancha en el piso y recogió el anillo mientras recibía uno que otro pisotón y golpe. Se levantó y fue corriendo hacía Miguel.

-          Listo...  vos ponte esto en el puño  y dale con fuerza a ese hijueputa
-           ¿Buste cree que soy marica o qué?.. yo no voy a usar ese anillo. Dice Miguel al observar el anillo femenino.
-           Créame parce!,  le ayudará.

Miguel se puso el anillo y  salto nuevamente al cuadrilátero. En el borde había varios humanos muy heridos, él era el último contrincante .

Lo primero que hizo fue golpearlo con el puño  y el anillo en el estomago. Por primera vez Miguel sintió que el gigante gritaba.

Sin embargo lo que vino después fue cruento. El hombre lobo se enfureció, y aunque no podía transformarse, decidió aniquilar a golpes a Miguel, quien ahora le era peligroso. Miguel ya se encontraba herido, le golpeo el rostro y  evito algunos de sus golpes, sin embargo era dificil. La bestia estaba enfurecida, y Miguel notó que sus fuerzas se estaban agotando. Cada golpe que le daban le quitaba energía, y prontamente sus reservas de sangre se estaban agotando.

Diego sentía que debía sacar a Miguel del cuadrilátero, pero a este nivel no podía hacer mucho. Ya no esperaba que ganara, esperaba que no lo mataran.

Miguel demostró que él sabía pelear, y   golpeaba cada tanto al gigante con el anillo de hello kitty en el pecho, los golpes que recibía eran cada vez peores, y comenzó a sentirse mareado, como cuando el demonio lo venció.

Y en ese momento sintió algo raro,  por encima del hombro del contrincante vió a alguién  a quien pensó nunca volver a ver.  Solomon Kinyanjui el hombre que le ofrecía la golconda lo miraba. Una conversación a nivel mental se dio en ese instante.

-          ¿Estas seguro de continuar?, podrías perderlo todo.
-          Por lo menos moriré peleando, es una buena causa.
-          ¿buena causa?
-          Abandonarlo no me dará la paz que busted me ofrece.

En ese instante un golpe  en el cuello deja a Miguel inestable,  sus piernas están a punto de caer, el suelo es la próxima parada. Con su último aliento y de manera torpe, da su ultimo puño, esta vez, impacta en la frente del sujeto quien grita de manera animal y cae al suelo como un bulto. No se puede levantar de nuevo.

Las piernas de Miguel ya no le funcionan, pero su cuerpo no se cae al suelo, siente que alguien lo carga, pero ese alguien no se ve.

Un grito enorme se escucha, mientras que el árbitro le alza la mano a Miguel declarándolo vencedor.  Diego Salta al cuadrilátero y de manera instintiva lo recibe, lo que sea que lo estaba manteniendo lo suelta y el cae sobre el cuerpo de su amigo quien lo recibe asustado. Le rapa el dinero al  árbitro y lo guarda.

Miguel se siento muy adolorido y se deja caer en la lona mientras muchos desconocidos lo felicitan. El anillo de plata de hello kitty esta deformado.

-          ¡Georgino, ayudame a sacarlo de aquí!. Grita Diego  rogando que los amigos del fulano no estén cerca.

Casi a rastras es sacado de la competencia, mientras la luna llena se ve en el horizonte. Un hijo de Cain ha vencido a un hijo de Gaia mientras Selene la luna ha sido testigo de la contienda.