viernes, 23 de septiembre de 2011

!Corra!, Parce !Corra!

 Diego estaba en total silencio en la pocilga. Estaba furioso con Miguel, muy furioso, prácticamente llevaba  cinco noches en la que no le dirigía la palabra, pero aún así permitía que estuviera a su lado cuando lloraba en silencio y se desesperaba. 

 Era curioso, sentía que no estaba dentro de sus cabales,  le costaba pensar  en oportunidades cuando olas de negativismo lo invadían. Pero el asunto del e-mail del sire se estaba convirtiendo en algo serio. Era impresionante como una persona que es ignorada por alguien que le importa sufre. La no respuesta de su sire lo había llenado de  temor, y de dolor. Ni siquiera una carta  insultándolo o negándole la ayuda, nada. Igual, para Diego era claro, que su sire lo hacía apropósito. La ayuda por parte de él no llegaría. Podía tener un sire millonario, pero, aún así, al parecer no les mandaría ni un solo dólar para estar mejor.

Para Miguel, Diego se había convertido en alguien a quien cuidar y mimar, como un niño malcriado que no tiene su dulce. Qué Diego no le hablara poco le afectaba, igual, aunque no lo quisieran dependían el uno del otro. El no se había equivocado, sólo trataba de salvarle el alma, cosa que era difícil.

-          ¿Parce vamos?
Diego ignora completamente a Miguel, no sabía  que quería, pero no estaba de buen humor. Nuevamente repite la pregunta, sin respuesta.
-          Bue... tons voy solo. Dice Miguel

Diego entonces reacciona tarde.

-          ¿ Vos a donde ...? 

Musita esas palabras cuando su amigo acababa de salir del lugar. De repente sintió algo en el pecho, eso no le gustaba. Se levanta del tubo, cierra la puerta y sale a buscar a Miguel. Mira a lado y lado, y no está. “!cómo es posible que se haya perdido en menos de un minuto!”. Algo no le gustaba, así que camino buscando la salida más lógica. Caminó por un largo trecho. Sentía que estaba cerca, pero no lo veía. Recorrió  un callejón y de repente siente que lo halan hacia una pared.

-          No sea bandera, agáchese Le dice Miguel de manera algo prevenida. Bandera es un término ordinario, para señalar que una persona “se muestra mucho”. ¿no era que no iba a venir?
-          Me dio una mala sensación esto, por eso te seguí. Le replica. ¿Vos qué pretendes hacer?
-          Psss  baje la voz. Se asoma. Qué si nos oyen nos metemos en líos.

Diego alza  una ceja, y en ese instante realmente se preocupa. Su cuello se tensiona, y mira a Miguel con una expresión alarmista.

-          Tres-se, explícame qué hacemos aquí. Mira  a su amigo preocupado.
-          Pos vamos a conseguirle las medicinas.
-          ¿QUE??
-          Carajo, baje la voz. Le dice en tono de regaño. Sí se pone bandera, nos agarran.

Diego palidece. ¿Acaso estaban haciendo, lo que él cree que estaban haciendo?. Abre los ojos alarmado y cuando está a punto de decirle  “parce vámonos de aquí”, Miguel le da un golpecillo en el hombro y sale corriendo  hacia otro recoveco esperando que él lo siguiera. Diego quien nunca en su vida había robado, y a pesar de su falta de humanidad, el asunto le parecía, muy incomodo. Era como sí sus valores gritaran por dentro, “eso no se hace”.  Abrió los ojos asustado, y vio que Miguel le hacía señas para que caminara rápido. Casi petrificado,  duda,  y lo mira haciéndole señas con el dedo índice de que no iría, pero Miguel manotea, y le señala, con un poco más de autoridad que le siga. Diego mira de un lugar al otro y por fin pasa rápido a la otra esquina.

-          Vos estás loco. Lo mira. Devolvámonos Miguel.... por favor. Dice casi en suplica.
-          Calla. Dice Miguel concentrado. Mira.

En ese momento un sujeto  sale de un almacén, le pone seguro y sale caminando en dirección de ellos. Diego puede sentir como una gota de sudor sanguinolenta se le escurre por la frente. El empleado pasa a pocos centímetros de ellos y para a unos 10 cm de donde están. Diego no sabe que pensar, ¿qué ocurriría si se da cuenta?. El empleado prende un cigarrillo, y se va caminando, mientras Diego se siente aliviado.

Miguel le  da una tela que identifico inmediatamente.

-          ¿y esa media de mujer?
-          Pa la cabeza. Dice Miguel  quitándose los lentes, y poniéndose esa tela de gorrito.
-          Parce yo... le iba a decir que no se sentía muy cómodo con eso, pero él no lo dejo terminar.
-          Rápido hermano.. dice Miguel mirando la puerta, pueden haber cámaras, es mejor, créame.

Diego hace una cara  de tragedia cuando se pone la media en la cabeza, mientras piensa, qué esa faceta de Miguel no la conocía. Se pone la media, y mira a Miguel,  el rostro de ambos esta deformado por la tela. Se veían algo graciosos. 

Miguel, le da un golpecillo en la espalda a Diego para que lo siga, y Diego lo hace asustado. Llegan a la puerta del local,  y Miguel pone la mano en el candado, se concentra y lo arranca. Diego mira atrás de su hombro asustado,  Se abre la puerta de la bodega e ingresan.

-          No toques nada parce, apure.

Diego lo sigue, nuevamente preguntándose, “¿qué demonios hago ahí?”, está muy nervioso. Nuevamente Miguel lo  llama. Hay un armario lleno de medicinas.

-          ¿Cuáles?
-          ¿Cuáles qué? Replica Diego.
-          ¿Cuáles medicinas?... Dice Miguel con cara de “este man es mucha hueva”
-          Ehhhhh... pues... le costaba pensar rápido, estas, y estas... y...

Miguel comenzó a recoger todo rápidamente, lo ponía en una tula. En menos de nada tenían muchas medicinas en el saco.

Mientras Miguel seguía recogiéndolas, Diego da un paso para atrás, y suena que algo se rompe. La sorpresa es peor cuando una alarma retumba en el lugar. El tremere abre los ojos asustado.

-          Le dije que no tocara nada. Dice Miguel tocándose la cabeza. Larguémonos de aquí.

 Diego  se sentía asustado y mucho. Camina agitadamente siguiendo a Miguel quien en vez de salir por la puerta principal, se asoman por el cristal que hay en la puerta que hay al jardín y  ven  muro a unos cuantos metros, con suerte podrían saltarlo.

-          Parce debemos apurarnos, la policía no demora. Lo mira. Yo voy primero con las medicinas, salto la vaina esa y lo espero para darle la mano, soy más ágil, podemos hacerlo.

Esa frase no fue pronunciada para discutirla sino para ejecutarla. Diego no tuvo tiempo de decir que no le parecía justo. Miguel como un rayo utilizando celeridad cruza el jardín y salta,  Diego lo sigue corriendo,  pero ha sorpresa  un ladrido de un perro lo sigue.

-          Hay Jueputa lo que faltaba.

Corre sintiendo al perro detrás de él, corre con todas sus fuerzas,  parando justo en el borde del muro. Trata de  utilizar sus pocas destrezas para huir del pastor alemán, pero resbala.  “juepu...”. Mira la cara de canino por un segundo, antes de que este se abalance a morderlo, y es ahí cuando siente que lo agarran de los hombros y lo suben.

-          ¿estás bien?

Diego esta aterrorizado, mira su pantalón, esta rasgado.  No puede creerlo

-          Vámonos. Añade Miguel

El camino hacia la pocilga duro muy pocos minutos pero a Diego le parecieron eternos, nunca había tenido que correr huyendo de la policía, y cuando por fin llegaron a la pocilga no podía evitar mirar la puerta esperando que fueran arrestados.

-          Fresqueese parce, que todo salió bien.
-          ¡¿Cómo vos podés decirme que me fresquee?!,  dice quitándose la media de la cabeza, acabábamos de robar una droguería, casi me muerde un perro, y la policía nos esta buscándo!
-          No exagere. Miguel se ríe. A lo bien que no nos vieron, Diosito nos ayudo.
-          ¡Parce eso no se hace!. Dice Diego de manera moral.
-          Es cierto parce, no se hace. Añade Miguel arrepentido, pero en parte contento por esa expresión de moralidad.  Venga parce... debemos hacer algo.

El brujah mira el techo del tubo como si Dios estuviera ahí. Miguel se arrodilla  y se da la bendición y mientras  le pone la mano en el hombro de su amigo dice. “Diosito, perdone por haber robado el día de hoy, pero era la única forma que personas que no tienen medico, tengan salud, por favor, súmele este pecado a mi alma, el parcero no tiene responsabilidad en esto” Mira con una sonrisa a  Miguel, “Dale fuerza a mi parce pa superar el dolor que tiene en su alma, y ayúdame a ayudarlo, el se merece una segunda oportunidad”. Cierra los ojos y comienza a orar, “Padre Nuestro...”

La oración fue respondida por Diego, quien también le pidió a Dios que lo ayudara.

Al terminar las oraciones Miguel lo mira y le dice.

-          “¿tons cuento con buste para la próxima?

La mirada de Diego lo dice todo. La pobre madre de Miguel recibió una ofensa sin merecerlo.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Derrota

El reflejo azul se veía en sus lentes, mientras con total concentración escribía, un mail en español con un estilo muy personal, cómo el que se escribe a una persona que es importante y también cercana.

“Apreciado Alex :

Supongo que  vos estas molesto conmigo para no responder mi primer correo. Sé que soy  ahora tu vergüenza y la de todos los del clan. Cómo te manifesté en mi primer misiva, estoy en una situación muy delicada, no tengo dinero, y estoy viviendo de  manera muy precaria. Vos sabes que siempre hice lo que  vos me aconsejaste, y ahora, en este momento, necesito de ti, cómo mi sire y mi guía. Nunca pensé caer tan bajo...

(Al escribir a Diego se le escurre una lágrima de sangre por el rostro)

Vos sabes qué lo que hice fue por un engaño, vos me conoces. Ayúdame por favor.

Atentamente y esperando tu respuesta,

Diego”

Mientras él daba “enviar” a su segundo e-mail no podía dejar de sentirse despreciable. El silencio de alguien que se estima, es a veces peor que mil cachetadas. 

Hace una semana mandó un primer correo, pidiendo ayuda  sin ninguna respuesta, pero este segundo, era más una súplica, estaba desesperado.

La no respuesta de su sire lo tenía sumamente deprimido. El había sido su guía, su padre, y su apoyo durante toda su no vida vampirica. La relación era muy cercana, a tal punto que en un tiempo vivió con él en Bogotá, aprendió de él, y en parte, aunque no era fácil aceptarlo, dependió de él en muchos aspectos. Y Ahora que  en realidad lo necesitaba él no le respondía los correos.

Sintió por primera vez como, las consecuencias de sus actos, se derrumbaban encima de él. Había engañado a su clan, era una deshonra y merecía la muerte, no era digno de pertenecer a la pirámide, ya no era un tremere, era... cualquier cosa.  Ya no era digno de la estima y cariño de su sire.

No soy nada. Se repetía mentalmente. No soy humano, no lo volveré hacer, perdí mi vida, perdí mis cosas, y perdí mi alma, no tengo salida y tampoco me importa.

Salió  de ese local de internet pagando lo mínimo. No demoró mucho haciendo el e-mail. Camino de manera aletargada por las calles llenas de gente, sintiéndose un pedazo de excremento andante a punto de estallar. ¿qué más da?, ya nada valía la pena, y todo era un fraude. Tratar de ayudar a otros era un fraude, él mismo era una mentira con piernas,  caminaba pensando sí el infierno era peor que esto que vivía, sí moría, entraría a un estado ya conocido. No se merecía la felicidad, no se merecía el perdón, no se merecía un e-mail de apoyo de su sire.

Caminaba como zombie por las calles, saliendo por terrenos menos transitados, por esa vía polvorienta y sin pavimentar que iba al tugurio donde vivía.

De repente no pudo más y se derrumbo a la orilla de una carretera.

Le dolía su alma  y comenzó a llorar a mares, se tocaba el pecho sintiendo que, este, se le iba a salir de su negro corazón. 

Pedía que el cielo se abriera y un rayo lo fulminara, que un lupino lo destrozara en pedazos, que por fin alguien le diera esa paz que necesitaba. Por lo menos en el infierno a nadie  dañaria.

Se arrastró hacía el fondo de ese prado, mirando  la tierra seca debajo de su cuerpo y se apoyó contra una ladera mugrosa, donde se acurruco  como un perro mirando el cielo y las estrellas.

Era mejor esconderse de todo, era mejor ocultarse... era mejor el fin.

Se quedo quieto, son moverse, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y miraban al cielo. Se quedaría ahí, no volvería a esa pocilga, sólo esperaría que el sol lo quemase, y le ayudaría al mundo a qué un peligro, como era él, siguiera existiendo. Se tocaba el pecho  mientras cerraba los ojos y lloraba.

Mientras la oscuridad que lo embargaba  lo dominaba. Los ojos cerrados simplemente le permitían no ver la realidad, se dejo entonces llevar por la misma. Ya nada importaba. Un olor se hizo presente, le parecía conocido, pero no abrió los ojos.  Sólo se dio cuenta de quien se trataba cuando  sintió que una mano pasaba por encima de su cabeza.

-          Parce vámonos.
-          Dejame morir Miguel. Dice Diego sin abrir los ojos.
Un silencio los embarga, pero Diego sigue hablando.
-          Dejame ir, murmura, ya no lo soporto, le haré un bien a todos cuando no este, vos estarás bien, dejame.

Otro silencio los embarga. Ese “dejame” era doloroso. Diego lo pronunciaba sin acentos, como era común en el sintió donde nació.

-          Cuando el sol venga, dejaré de existir, y vos podrás dejar de tener esta carga en la que me he convertido. Murmura mirando las estrellas. Ya no soy nada, y vos estarás mejor, no soy digno ni para que mi propio sire me conteste una carta, soy invisible..
-          Está bien. Responde Miguel de manera tranquila.

Diego por primera vez mira a Miguel que cómo el mira el cielo. Ese “está bien” no se lo esperaba del todo, pero en parte lo aliviaba. ¿Quiere decir que el tres-se aceptaba su suicidio?

No tenía ganas de moverse,  así que se quedo donde estaba, paralizado viendo al cielo. Pensando con cierto alivio que por fin descansaría, y sintiendo algo de paz frente a esa solución. Su cuerpo muerto se sentía adormilado, y sólo miraba el cielo.

Diego vuelve a ver a su izquierda, y se da cuenta que Miguel tampoco se mueve.

-          Creo que es hora de que te vayas
-          No quiero
-          ¿cómo?, murmura sin entender nada.

Una línea roja de sangre se escurre lateral a sus lentes oscuros.

-          No te voy a dejar sólo. Dice con voz entrecortada. Sí te vas, nos vámos los dos.
-          Vos deja la maricada Miguel, eso  es estúpido, vos te vas y yo me quedo, ¿acaso sí yo me tiro por un puente vos también?
-          Pos veo como me obligas a irme.
-          Ehh Ave María, ¡Qué maricada es esta!, no jodás, ni que fueramos novios, nooo ¿qué es esto?,   manotea, esto no es Shakespeare, vaya maricada tan hijueputa, no jodas... vos te vas ahora mismo, y me dejas morir qué yo me quiero ir solito, no necesito compañía, no compre perro faldero pa tenerte a ti, no jodas. Agrega muy molesto. lárgate y dejame solo...entendés, S-O-L-O, no necesito compañía pa suicidarme.
-          Pos no sé quién es  Chespere, o lo que sea, pero le repito de nuevo, veo como buste me obliga a irme.

Diego mira amenazante a Miguel, él sí tiene motivos para vivir, él no.

-          ¿vos cómo te vas a suicidar sí vos todavía tienes vainas por las cuales luchar?
-          Dígame a ver cuales, pues. Dice el tres-se algo molesto. A ver lo oigo hablar.

Diego le parecía injusto que él lo acompañara, su vida y su alma no se habían estropeado tanto, además, no podía permitir, que por su culpa, su amigo también muriera. Mira a su amigo tratándolo de convencerlo.

-          ¡Pues claro que me oirás!. Lo mira de frente. Vos tienes tus ideales, eres un hombre bueno, tienes tus ganas de cambiar al marica país,  de luchar por lo que crees, agrega de manera frenética, podés viajar, no sé, acostarte con muchas viejas,  disfrutar algo..

Miguel niega con la cabeza y dice

-          Primero, ya no vivo en el marica país  por el cual luchaba,  señala con dos dedos, segundo, perdí al amor de mi vida, y las otras hembras no me interesan, tercero, agrega un dedo más, los ideales no sirven de nada aquí en las Africas y ya no tengo ganas de luchar, cuarto, sigue señalando con la mano,  ya no tengo a donde ir, quinto, muestra la mano completa,  también estoy deprimido, y sexto,  agrega un dedo de su segunda mano, también me quiero suicidar.... entons, me quedo.
-          ¡Vaya mierda, vos estás loco!... . Diego se levanta, y comienza a caminar hacia la pocilga, “Entonces te suicidarás solo pues...”
 
Comienza a caminar furioso, mientras lentamente Miguel lo sigue con una sonrisilla que Diego nunca noto.

 “Esa joda de la psicología inversa existe”, pensaba para sí mientras veía a Diego bajar por las escalerillas  que llevaban a los aparta-tubos subterráneos.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Cartas a ninguna parte

“Ah porquería”, pensaba Diego, cuando vio frente a él un hombre con la espalda llena de moretones infectados por la aparente picadura de una mosca que había depositado sus larvas en su huésped.
Los insectos en áfrica son comunes, y establecen heridas que son de cuidado. La espalda del hombre negro estaba llena de folículos llenos de pus. Se mostraba muy adolorido. Diego de manera algo fría  comenzó con un largo proceso de limpiar heridas. Con una cuchilla  y unas pinzas (a falta de un instrumento quirúrgico mejor) comenzó a extraer las larvas que estaban causando estragos.

Hace unos años, él hubiera hecho este trabajo con gusto, pero ahora lo hacía con algo de tedio, el recuerdo de su práctica médica altruista era sólo un reflejo muerto de lo que fue su humanidad.
Estaba frente a la espalda de este hombre por pura obligación. Pero que lo hiciera por compromiso no indicaba que lo hiciera mal,  se tomaba la labor seriamente. La diferencia era que se fijaba en la biología y no en la persona detrás de ese cuerpo enfermo.

Era médico al fin y al cabo, y era una forma de ver las cosas, algo fría sin lugar a dudas, pero útil para lo que se requeria.

Acerca la cuchilla lentamente hacia el acceso de pus cortando levemente la piel, el hombre pega un quejido, pues es  muy doloroso. Diego ignora el dolor, y agradece que naturaleza vampira le haya quitado las nauseas y el reflejo del vomito pues la infección apesta. Toma las pinzas y saca el pequeño gusano bajo la piel, mientras limpia con un algodón la zona, liberándolo de los fluidos sanguinolentos. Cubre la herida con una sustancia desinfectante, y le pone una protección con gaza. 

“Va uno de cinco”. Dice en inglés de manera serena al hombre que está en la camilla. Procede entonces ha atacar al siguiente gusano. 

Afuera del salón Miguel mira a Diego trabajar a través de una ventana. Estaba a unos ocho metros de ahí sentado en una roca.

Hacer trabajar a Diego gratis, había sido parte del compromiso de reparación de su humanidad. Las personas de la población estaban agradecidas que un médico los atendiera, aunque no estaban muy conformes de que sólo  diera citas en las noches y  en las madrugadas. Pero aún así, dada la necesidad de servicio,  Diego tenía citas.

Miguel escucho al hombre quejarse, y miro el rostro impasible de su amigo. Lamentó que haya perdido eso que lo hacía especial. 

El olor pútrido de la infección llegaba a donde estaba él, lo cual le desagradaba. Era un hombre muy asquiento. 

Se le acerca un hombre, y le habla en inglés, Miguel no entiende nada. Le hace señales para que hable con Diego.

Pasa media hora, y Diego se libera del hombre sin los parásitos en la espalda. Le da indicaciones  de limpieza a la familia, e inmediatamente habla con aquel que lo esperaba.

Camina hacia Miguel desanimado, No pudo encontrar lo que necesito para la atención, le cobran mucho por los medicamentos, y al parecer trataron de estafarlo. Le explica a Miguel. Espero que  vos estés contento, acabo de atender a ese hombre que tenía toda una familia de gusanos  viviendo dentro de él. Hace un gesto frio.

Miguel lo mira. Claro que estoy contento, estas haciéndolo bien parce...muy bien. Dice de manera calmada y con una sonrisa, animándolo. Deme una lista de lo que necesita, y yo tratare de buscarlo.

Diego lo observa, ni sabía exactamente porque estaba haciendo eso, sí claro, para recobrar humanidad, pero en realidad sí era honesto, estaba haciendo eso, porque el Tres-se se lo había pedido, no porque en su corazón pensara que estaba haciendo lo adecuado. Se sentó al lado de Miguel con algo de disgusto.

De repente de su boca comienzan a salir algunas frases de desconsuelo.Conversaron brevemente de todo, y  llegaron  a la misma conclusión: necesitaban salir de ahí.  

Diego detestaba ese país africano y quería irse, a un lugar donde la pobreza no fuera sinónimo de miseria. Miguel, tampoco le gustaba, pero no veía otra solución, “por lo menos estaban haciendo algo bueno”, pensaba. 

El tremere desterrado quería marcharse de este lugar. Se deprimía más en el tubo que llamaba vivienda, y sentía que estaba empeorando con cada noche que pasaba. Las pesadillas comenzaron aparecer de manera continua. Se sentía nervioso y abandonado.

Miguel callaba, observaba y se comía sus sentimientos. Poco importaban para él sus propias necesidades, ahora tenía que preocuparse por Diego. Sabía que podía morir al cuidarle, pero... las razones del corazón eran más fuertes. Por lo menos ahora no sufrían de  hambre, el problema, en sí,  era pagar la renta.

Diego estaba preocupado, poco a poco habían conseguido algo de dinero, pero siempre estaban hasta el cuello de necesidades, y todo era muy costoso.

Caminaron hacía el lugar que llamaban hogar, y entraron al tubo subterráneo donde dormían.
Diego se acomoda en su esquina mirando hacia la pared, su rostro mostraba  preocupación. Pensaba que hacer para salir de ahí, sí sólo tuvieran más dinero.

Miguel se acomoda a su lado y se voltea dándole la espalda, después de un silencio repentino se puede sentir como el sol cubre la superficie y Diego queda dormido casi de manera inmediata.
Miguel entonces se acuesta boca arriba y se queda pensativo, mientras reza en silencio, pues a diferencia de Diego, el tarda en dormir. Decide cerrar los ojos, acostarse mirando la pared, e intentar quedarse dormido.

Por fin, el sueño lo vence, hasta que de repente algo lo despierta. Siente un golpeteo en su espalda.
Sorprendido abre los ojos, y mira por encima del hombro sin moverse, pues la sensación es extraña.
¡No puede creerlo!, se da cuenta que el causante de esa sensación es Diego quien le está tocando la espalda alta con ambas manos de manera sincronizada utilizando sus dedos.

-          ¿y este marica?.. piensa asustado y algo molesto. Parce, ¿qué hace?, pregunta sin hacer ningún movimiento agresivo, aunque pensando pegarle un codazo en el rostro.

Diego sin parar de toquetearlo con las yemas de ambas manos le dice molesto.

-          Vos no me interrumpas Miguel, qué no ves que estoy escribiendo una carta.
-          ¿una carta?,  abre los ojos sorprendido mientras siente que Diego no para frente al llamado de atención.
-          Sí, dice muy molesto, este maldito computador es muy lento, ¿vos no le habrás metido un virus al aparato entrando a ver porno?, ¿verdad?

Miguel se queda callado haciendo cara de, “¿este de qué está hablando?”  (o.O)

-          Ehh... Responde sin saber que contestar.
-          Ehh Ave María, vos no cuidas nada. Sigue moviendo los dedos, en el aparente techado del computador. Miguel se queda quieto.
-          ¿y a quien le escribe?
-          A Etrius. Más extrañado Miguel responde.
-          ¿a quién?. No sabía quién era ese.
-          Al jefe de todos, vos sabes, él nos ayudará.

Miguel hace un gesto lastimero. Pobre Diego, esta tan preocupado, qué se sueña escribiendo cartas al líder de su clan  y peor, él es el computador. Era triste, a pesar de que su clan le había dado la espalda, y era el causante de todos sus males, Diego aún soñaba con volver a pertenecer a ellos.
De repente siente un golpe fuerte en su espalda.

-          Auch, ¿qué pasó?. Se queja.
-          Este aparato se trabó.
-          Parce cuidado con el computador que costó plata, y entre otras, suba un poco más el techado,  este, más a la derecha, ahí...eso... dice al sentir que el lugar donde le incomodaba recibía un masaje.
-          Porquería de aparato, más lento no puede ser. Murmura con rabia Diego.
-          Oiga... respete.

Al caer la noche nuevamente Diego despierta ignorando todo lo que había ocurrido mientras dormía, no recordaba nada. Miguel no quiso molestarlo, a pesar de que le parecía gracioso el detalle. La noche transcurrió con regularidad con el aspecto positivo de que consiguieron el dinero para pagar el arriendo.  Nuevamente cansados cierran los ojos al caer la noche y al sentir el sol en la superficie, y nuevamente Miguel despierta con la singular sensación en la espalda.

-          ¿otra carta?, pregunta sorprendido
-          Sí,  ehh Ave María, van a saber quién soy yo, se metieron con el tremere equivocado, vida malparida...haré que me devuelvan mi casa, trabaje mucho para comprarla, dice mientras sigue techeando la espalda alta, vos no te preocupes, cuando recupere la casa, vos te vienes a vivir con migo, tengo un cuarto que solía arrendar a un costeño...
-          Eh.. bueno. Responde confundido, mientras mira por encima del hombro, la cara de Diego es de total concentración.
-          Ahh porquería de internet, murmura molesto, esto me pasa por contratar la ETB pa esta vaina, recuérdame contratar a la EPM...

Miguel se sonreía burlón, sí tuviera una cámara grabaría todo lo que el paisa le decía, pero como no lo tenía sólo se podía burlar en silencio de él, aunque en realidad lo que ocurría era triste, Diego debía estar muy estresado para soñar con eso.

A la noche siguiente ambos se despiertan, y Diego se muestra pensativo y preocupado mientras se acomoda los lentes. Mira a su amigo serio y le dice.

-          Tres-se, debo conseguir internet, debo escribirle un mail a mi sire a ver si nos ayuda.

Una carcajada retumba los “aparta-tubos subterráneos”. Diego no comprende nada.