martes, 8 de marzo de 2011

La pocilga

La noche se tornaba peligrosa mientras recorrían las turbias calles de ciudad del cabo, tenían un problema, necesitaban un refugio pero no tenían  suficiente dinero para algo digno.

Miguel caminaba en silencio confundido por la situación que hace pocas horas acababa de protagonizar con Diego. Su amigo se estaba enloqueciendo, o peor, estaba recibiendo en su no vida el castigo hacia sus pecados. Mientras anda  mira de reojo a Diego quien  se había lavado el rostro después del encuentro con la serpiente, debía limpiar sus lagrimas, había comenzado a demostrar su usual nerviosismo pero un poco magnificado por las circunstancias. Las calles de dicho sector apestaban, había suciedad, basura, ratas y olor a mierda.

Era una pesadilla.

Cada visión de ese horrible lugar era como un puñal que se clavaba en el estomago de Diego, quien luego del susto estaba realmente amedrantado.

Saca el papel que tenía en un pantalón y mira alrededor. Una tienda cuyo techo es de lata, sostenida por postes de madera albergaba gran cantidad  de hombres y mujeres, era la que estaban buscando.

El lugar estaba lleno de gente, pero ambos vampiros podían saber por la estampa cuales eran como ellos, y dicho grupo estaba al fondo en una mesa de madera sucia jugando domino. 

Diego trata de concentrarse para no parecer débil. No sabían a qué tipo de gente se enfrentaban, y para peor Miguel no sabía el idioma así qué no era muy útil. Le hace una señal para que le siga, y  se va adentrando a la tienda, específicamente a la mesa de aquellos desconocidos. Justo antes de llegar un par de hombres fuertes les prohíben seguir avanzando.

-          Buscamos a Climent. Dice casi en un murmullo. Dijeron que el estaba arrendando un espacio.

Uno de los hombres se acerca a un hombre negro que da la espalda. Le murmura algo al oído y este mira por encima de su hombro, y hace una señal para que se acerquen.

Miguel puede notar que este lugar es su dominio, posible cualquier error lo pagarían con la muerte de manera inmediata, además algo al fondo lo pone en alerta. Mira a Diego preocupado.

-          ¿Qué buscan?

Dice mientras ellos caminan hacia él, y cuando por fin lo ven de frente, tienen a un hombre de color, de unos 50 años, arrugado y sin un ojo. Si bien tiene un parche que oculta eso, si hay una fea cicatriz alrededor del pómulo, que indica que perdió este sentido de una manera muy violenta. Sus dedos tienen anillos de oro, y un diente brilla del mismo material. Viste de manera informal, aunque con ropa limpia y cuidada.

-          Nos hablaron de usted. Dice Diego en inglés. Mi nombre es  David   y el es Michael, somos sin clan y buscamos un lugar donde vivir, nos dijeron que usted podría ayudarnos.
-          No son de acá...tienen un acento raro. Dice el hombre mirándolos con desconfianza. ¿de donde son?
-          Somos suramericanos. Responde Diego sin decir mucho.

El hombre dice algo en un idioma que Diego no conoce, pero que parece, por la expresión de su rostro una burla. Muchos de las personas también hablaban una lengua nativa, Afrikaans, además del inglés.

-          ¿Cuánto dinero tienen?.
La pregunta era de por sí incomoda, y ridícula. Pero no podían mentir.
-          Muy poco, venimos de manera ilegal. Dice casi en un murmullo. Nos dijeron que usted tenía sitio, pagaremos puntual, trabajaremos, se lo aseguro.
-          ¿son sólo ustedes dos?
-         
-          ¿qué dice?, interrumpe Miguel preguntando, Diego le hace una señal de silencio, no es el momento para traducir, su amigo podía ser muy inoportuno.

-          Tienen suerte, acaban de abandonarme un sitio hace dos horas, el cuerpo del sujeto lo acaban de encontrar. Señala un baúl donde una mano inerte sobresale, Diego traga saliva sanguinolenta al ver la situación. Esperen unos minutos, estoy en un partido...

Diego se aleja haciéndole señas a Miguel quien muestra cara de no entender nada, y estar asustado, porque antes de que Diego se diera cuenta, el ya había visto la mano que cuelga del baul.

-          Dice que tiene un sitio, que dejo el  moraco que tienen en el baúl.
-          ¿El hogar de un muerto?. Manifiesta sorprendido y con asco.
-          Al parecer parce. Dice preocupado poniéndose las gafas. Vos y yo esperaremos a que el hombre se desocupe, y luego nos mostrará el sitio.

A Miguel no le gustaba nada la situación, y a Diego menos. Esos hombres se veían en extremo peligrosos, no sabían nada de donde se estaban metiendo, lo único que la persona con la que hablaron les dijo era que él era una especie de líder de los sin clan en ciudad del cabo. Pero al parecer, este también manejaba una especie de mafia.

Ambos trataban de evitar que fuera evidente el miedo que sentían. Estaban en una ciudad de un país lejano, viviendo en una cultura muy diferente a la propia, y nada de lo que veían les gustaban, y menos cuando hace unas tres horas habían tenido una pelea y Diego había tenido una crisis nerviosa. Miguel rogaba a los ángeles que les ayudaran.

El hombre ganó la partida de  dominó y se levantó seguido de uno de los gorilas, les hizo una señal para que lo siguieran, el hombre de seguridad armado acariciaba su arma con cierto tinte amenazador, a Miguel eso no le asustaba en realidad, sabía que muchos hacían eso para amedrentar, pero acariciar un arma era distinto que dispararla, eso era seguro.

Caminaron por un trecho algo pantanoso, a lo lejos se ve una casa de metal vieja que tiene al lado una chatarrería. Los hierros retorcidos y otros elementos de metal se acumulan como un cementerio de lo que alguna vez sirvió. 

Climent le hace una señal a un hombre quien  corre uno de los supuestos escombros, curiosamente, “eso” parecía ser una puerta que conducía a un lugar subterráneo, una escalera se veía desde ahí, un olor ha guardado sale de ahí. Miguel arruga la nariz pues no soporta los malos olores,  era curioso que  era bastante asquiento frente a algunas circunstancias, en realidad este guerrero no podía soportar algunos detalles. Diego le mira de reojo, el también habia sentido el olor, pero no podían hacer nada.
Siguen a Climent que va por delante, mientras el escolta espera que todos pasen para andar detrás de todos.

Entran dentro de un tubo gigante de alcantarillado que tienen varias conexiones secundarias,  se ven  especies de puertas de madera y metal que tapan los sectores, está oscuro, aunque algunos sectores tienen iluminación, pero no eléctrica... o por lo menos no parece.

Dan una vuelta a una esquina, una mujer desagradable sale de su escondite y los mira con amenaza mientras ellos siguen caminando. Después de poco, llegan a un sector que señala el hombre tuerto.

-Aquí es, Patea de manera literal un trozo de madera y este cae, ante ellos estaba el supuesto apartamento, un tubo de unos 2.5 de diámetro y  4 de largo. El piso estaba cubierto de basura, y polvo. 100 rangs  al mes, si lo quieren con electricidad 300 rands.

-          ¿el triple por electricidad?
-          Cuestan mucho los cables. Afirma el hombre, aunque Diego sabe que es una simple forma de explotar a la gente. Se paga de contado.

Diego y Miguel se miran unos a otros, se miraron el bolsillo, tenían unos 400 rands  pero no podían gastarse todo en un chiquero con un bombillo. Igual 100 rand era muy poco, pero para ellos era mucho. El hombre nota la expresión de desagrado de los hombres.

-          Pero si quieren pisos venecianos y  plata mejor busquen otro, este lugar se llena pronto.
-          No, lo tomamos.  

Dice Diego murmurándole a Miguel que sacara la plata y entregándole los billetes al hombre quien sonríe y les dice de manera ironica, "Bienvenidos a su hogar"  y da media vuelta.  Tras retirarse Diego y Miguel solo pueden ver un tubo lleno de basura cuya puerta se cae.

El hombre con el guardaespaldas se alejan mientras Diego  entra y con una expresión de “me vale” se sienta en un borde. Miguel dura un tiempo pensando sí entrar, le revolvía el estomago.

-          Es lo único que podemos pagar Tres-se, así que entra. Dice  de manera fría mientras lo ve en el pasillo.

Miguel entra y  se sienta al lado tratando de evitar que “la puerta” se le callera encima, debe agacharse para entrar, dado que el techo es irregular. Se sienta al frente de Diego en silencio. Mira a su lado y hay un cumulo de ropa sucia y basura.

-          Es una mierda. Murmura
-          Lo sé. Dice Diego tratando de contralarse, pues mentalmente estaba a punto de derrumbarse, así que se pone las manos en la cara.

Miguel  se pone de mal humor por lo que ve toma una bolsa que ve ahí y comienza a poner la basura dentro, lo hace con disgusto e ira y de repente siente que algo se mueve  y pega un grito de susto, mientas manotea rápidamente y salta golpeando su cabeza con el techo. Diego mira el terror de su amigo, y nota como de la basura sale una enorme rata que por el golpe tras unos pasos cae muerta. Mira el animal, y sus pensamientos racionales se nublan y se abalanza hacia ella para comer.... así estaría de hambriento.
Luego de vaciarla, nota que Miguel lo mira con asco.

-          Bueno agradezca que le traje el almuerzo. Hace un gesto de repulsión.
-          Tres-se  vos cállate, que vos te tragaste la culebra.
-          Pero sabía a pescado..
-          No me importa.

Manotea al ver la rata inerte al lado, en el interior deseaba que hubiera otra igual en el resto de la basura, pero no era así.

Miguel siguió recogiendo la basura con una expresión de repudio, todo lo había ahí apestaba. Lleno dos  bolsas y el resto lo saco a la superficie, al resto de la basura. El servicio de limpieza de la ciudad no era muy bueno.

Cuando llego Diego estaba también ayudando, estaba acumulando con un trapo el polvo en una esquina. Necesitaban de todo, un cepillo o escoba para el piso sería genial. Y básicamente en ese lugar no cabía gran cosa, había unas cajas de manera en buen estado del propietario anterior, el resto parecía haber sido saqueado. Iban a tener problemas de seguridad, y esa puerta necesitaba ser remplazada o mejorada. Ambos acordaron que no vivirían entre la mugre aunque el lugar fuera una pocilga... posible luego encontraría algo mejor.

En silencio cuando sintieron que llegaría el amanecer se recostaron en el piso casi uno al lado del otro, dado  que buscaba el lugar menos sucio para echarse. Mañana buscarían agua, una escoba o cepillo y limpiarían, tratarían de asegurar la puerta, para que las alimañas  ni los rateros pudieran entrar.   

Luego, cuando tuvieran cosas tendrían que acumularlas como pudieran, no había mucho espacio. Diego trataba de recordar algún ritual que los mantuviera seguros de los intrusos, pero estaba tan acongojado que su memoria poco le servía. Dormir en ese tuvo era muy incomodo, y en el silencio de la noche a punto de morir solo se escuchaban los sollozos  de ambos frente a la tristeza de su futuro incierto. Diego se dio el permiso nuevamente de derrumbarse emocionalmente y llorar hasta quedarse dormido.

1 comentario:

  1. auuuch... pobres >.< con razón lo llamaste pocilga!!! y encima hambrientos :/

    Besooos!"!!

    Pd: reléelo, hay algunas cosas que me sonaron raro, y no sé si es por acento o son fallas de tipeo :P

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